“El futbolista es una mercancía”

Con Diego Latorre se puede hablar de fútbol. Ex delantero de Boca y la Selección, entre otros, ahora comenta para la cadena de deportes más vista en Latinoamérica. Igual, pese a estar en el centro de la escena, Gambetita se las ingenia para eludir todas las basuras del fútbol y analizarlas: “El futbolista es el último eslabón de la cadena: es una mercancía. Hay un aparto alrededor que te trata así: empresarios, padres, representantes. Es duro de aceptar, pero es así.”

En la cancha o en un estudio, con la pelota o con el micrófono, Diego Latorre nunca pasó desapercibido. Será por las gambetas sensacionales con las que alegraba al fútbol y será, también, porque desde los medios no gambetea nada, ni a nadie: habla de fútbol. Del juego, de sus características más intrínsecas, como la pelota, el deporte mismo, y también de su contexto social ineludible. Es por eso que “Gambetita” representa al sector del periodismo deportivo que  todavía resiste a las mediocridades generales y, desde allí, responde todas las preguntas.

-¿El fútbol te prepara para jugar en la vida, es decir, fuera de las canchas?

-Depende de la formación que cada uno tenga. El fútbol puede actuar como una escuela de vida. Evidentemente, el deporte posee algunas herramientas para poder pensar, además de jugar. El fútbol es un resumen de la sociedad en sus características competitivas, en la falta de compromiso de dirigentes. El fútbol, también, tiene aspectos que aportar a la vida como la sociabilización. Es una plataforma para pensar mejor muchos aspectos, siempre y cuando haya una inquietud porque el fútbol puede pasar y no dejarte o nada o, a partir del fútbol, podés pensar un poco mejor la realidad. En mi caso tuve la suerte de contar con mis padres que me dieron un gran interés por lo social, que se fue desarrollando con los años al poder capitalizar todas mis experiencias.

¿El sistema futbolístico habla del sistema social?

-Sí, el sistema es muy perverso. Generalmente los intereses particulares por los que se mueve el fútbol siempre enriquecen a los mismos. También destruyen a los mismos. Es un círculo muy vicioso en el que uno se encuentra atrapado y es muy difícil salir. Pero el futbolista es el último eslabón de esa cadena. El futbolista es una mercancía, que piensa como mercadería y que ve que las posibilidades de sobrevivir, en un país en donde nada está garantizado, como una cuestión individual. El hombre está sólo con sus recursos y su habilidad, sobrevive solo. Eso hace que uno tenga que escaparse de este contexto, armarse la valija y estar en Ezeiza lo más pronto que se pueda y, así, escapar de un sistema perverso donde hay gente muy enfurecida que canaliza las frustraciones en el fútbol. La sonrisa ya no existe, la credibilidad se ha perdido y la incertidumbre se ha adueñado del escenario. El resultado es que uno quiera apretar un botón e irse a otro lado, en donde además de jugar al fútbol y ganar dinero, uno la pase bien.

-¿Pensás que el sistema logró que el futbolista se piense como una mercancía?

-Obvio, claro, es así. Primero porque te tratan así y, luego, porque al tener habilidad y condiciones uno lo que busca es tratar de explotarlas. Es el único medio que tiene el futbolista para subsistir. Hay un aparto alrededor que te trata así: empresarios, padres, representantes. Es muy duro de aceptar. En el jugador hay daño psicológico a largo plazo que, dentro de su inconciente, no lo termina de aceptar o de darle forma. Hay un daño psicológico: te usan, y te dejás usar con fines económicos, porque te conviene. Pero queda una lastimadura en la cabeza cuando vas pensando la idea de “hoy soy útil, mañana soy un desperdicio”. Porque es un concepto humanamente trágico. El concepto “gano o pierdo”, “víctima o victimario”, “héroe villano”, es difícil de sostener mentalmente. Ahí uno tiene que tener una armadura social para tratar de jugar al fútbol, que es una tarea netamente lúdica. Independientemente del lugar que uno ocupe, uno tiene que estar despejado, con la cabeza libre, sino interfieren los intereses y sale un mal producto, como esta pasando ahora.

-¿Cómo puede escapar el futbolista, desde adentro, a ese concepto?

-No puede. El deporte, desde los primeros bocetos, se ha deshumanizado. Es irreversible. Nadie puede equivocarse ni patear mal la pelota. Perder esta penalizado, el que pierde no tiene ningún derecho y todas las obligaciones. Uno como unidad, desde adentro, no puede con todo eso. Entonces uno se entrega, dentro de sus posibilidades hace lo que puede, trata de acumular la mayor cantidad de dinero. No está mal, pero hay consecuencias. La moral, los sueños que uno tiene de chico, la pasión, terminar un partido y que no rompan nada, salir de la cancha libremente. Como si se hubiera perdido o ganado un juego, simplemente. Pero parece ser una época remota. No se si tiene vuelta atrás. Si no hay un mensaje profundo y claro, voluntad desde todos los lugares, vamos a ser empleados tristes, espectadores tristes, jugadores tristes, fútbol triste. Nada tiene mucho sentido de esa manera.

-¿Cuándo te diste cuenta de que el fútbol era así?

-Me hizo el click cuando me retiré de la escena. Cuando uno se aleja del lugar del hecho puede percibir mucho mejor lo que pasa, en cambio, cuando estás en el medio de la discusión también estás confundido. Cuando te retirás ves las cosas desde arriba, desde el costado, o desde abajo, pero no desde el mismo nivel. Y cuando lo entendés te provocan cosas, sensaciones, malestares, decepciones. En este futbol, en otros no, donde incluso uno puede disfrutar de lo que hace y lo que hizo. Estoy convencido de que muchos de los jugadores que se retiraron, lo he charlado con algunos, si tuviesen que rebobinar su carrera y apretar el play en este entorno y, así, entrar en la sistematización existente, no entrarían.

-Retirarse del fútbol es mucho más que eso. ¿Qué  otras cosas implica?

-Retirarme de fútbol no fue una meta voluntaria, sino, una fisiológica que viene desde afuera. Es un destino obligatorio. No se puede jugar para toda la vida. Desde mi lugar trato de pensar el fútbol. Porque hay un prejuicio que dice que no puede estar ligado un jugador, que procede generalmente de orígenes humildes y pobres, con el pensamiento. El tipo que jugó no tiene derecho a pensar, enseguida es señalado como filósofo, versero. Ese prejuicio es lamentable. El futbolista tiene orígenes humildes, generalmente, pero desde su lugar puede pensarlo y expresarlo. Hay una discriminación tapada en el medio en que me muevo, y en muchas sociedades que han escuchado muchas voces del discurso de que el ganador puede hablar y el perderor no. Me parece patético y en algún punto lo he sufrido.

-¿Por qué se desprecia razonar al fútbol? ¿Por qué se pierde eso?

-El periodismo deportivo tiene intereses económicos. Hay un costado comercial que evidentemente no se puede soslayar. Es muy demagógico y habla para muchos, entonces, hay una parte elemental que se pierde, como si estuviese implícito en el mensaje que hay que hacer un producto para que lo consuman, porque las leyes y el rating es así, y eso va a darme mucho prestigio, y así me verán muchos. Y como se lo que lo que digo tiene mucha presentación en la psiquis de la gente, mientras mas gente me escuche mas reputación voy a tener. Eso tiene consecuencias graves, ir atrás de eso no hace perder el foco de la cuestión, porque es muy parcial eso, aunque esa parcialidad sea el 20%. Entonces, el periodista ejecuta, entrevista, escribe, gestiona, conversa, piensa en base a lo que la gente quiere escuchar y si me escucha mucha gente mejor. Eso va a tomar un efecto boomergang, porque no se puede subestimar a la gente.  Todavía hay gente que cree que la credibilidad es un bien, un valor muy importante, para el que produce un mensaje, para el periodista. El periodismo es una carrera a largo plazo, y si bien la mayoría de los espacios están ocupados por el lobbyismos y el amiguismo, la gente no es estúpida. Hay un intento de crearla, pero no lo es. La gente sabe quién esta hablando, no hay que subestimarlo. No tiene nada que ver con el oficio ni con la vocación.

-¿Por qué hablar de fútbol o pensarlo no prende, no es marketinero?

-Hay que ver cuál es el concepto de éxito antes. Si significa aparentar o tener credibilidad y respeto. Respeto es un valor muy profundo, no está ligado con la cantidad de gente que me escucha, tiene que ver con la cantidad de gente que me cree, que me valora. Ahí cada uno saca sus conclusiones y hay que ver cuál es el objetivo del periodista. Si a mí hay dos tipos de cien que me creen es un logro, no que me escuchen cien. Porque a mí me pueden escuchar muchos porque trabajo en un medio masivo. Pero trabajar ahí no tiene nada que ver por como te juzgan lo que te escuchan.

-¿El periodismo es un resumen de la sociedad también?

-Yo estoy involucrado sin ser periodista, hablo en general. Conozco el medio, se cómo se manejan. Hoy se borra con el codo lo que ayer se escribió. Las convicciones las dicta la realidad mentirosa, la del momento, aquella que empaña la realidad general. Un caso puntual: cuando estaba Cappa en River, u otro, la culpa era del entrenador exclusivamente, por ser romántico, aventurero, soñador, por invitar a jugar un futbol que no coincidía con las urgencias de River, como si el descenso estuviera emparentado con una determinada forma de jugar. Entonces se dijo que Jota Jota era el salvador por ser del riñón del club, por entender la situación, por ser más conservador, que River necesitaba puntos, como si se fabricaran de alguna manera. Pero, cuando pierde Jota Jota se incluyó en el análisis la patética gestión empresarial, directiva y financiera de los últimos 20 años de la institución. Cappa no podía por incapaz, incompetente. En cambio, Jota Jota fue una víctima de la circunstancia de River, con sus errores bien marcados, pero el análisis involucró una herencia de hace 20 años, pero con el anterior no. Es todo muy oportunista, acomodadista, poner y sacar cosas según coincida o no con una forma de ver el fútbol. Eso me parece mugroso.

-¿Como periodista te viste obligado a tranzar con grandes medios que predican este mensaje miserable pero lo tuviste que aceptar como ley de juego?

-No, porque yo trato de elegir donde trabajo. Cuando arranqué no me fijaba tanto en esas cosas, hacía mis primeros pasos, y fue llenar un vacío después de dejar de jugar al fútbol. Trataba de ocupar mi tiempo en aire, opinando, debatiendo, concluyendo. Pero cuando me fui abriendo paso traté de ir eligiendo a mi grupo de trabajo, que sea compatible conmigo, que haya un respeto, una coherencia y un método de trabajo. Entonces, comento partidos y trato de no participar en programas que no me hacen bien. El tiempo libre, ahora, lo quiero ocupar en cosas que me hacen bien, sentirme pleno. No siento que haya traicionado mis convicciones, al contrario, pienso que las defiendo y las afirmo, sin tratar de imponerlas, pero buscando la manera de trabajar con gente que no solo es capaz sino que tenga una línea de conducta prolija.

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