Desborde planificado

Como en departamento deshabitado, sin gas y con cortes de luz, viven cerca de 700 pacientes en el Borda. El frío del invierno destapó otra otra vez ese plan implícito de desaparición del Hospital de Salud Mental que ya solo aloja a la mitad de personas que hace 10 años.

El hospital Borda no tiene gas desde el 20 de abril y sufre eventuales cortes de electricidad de hasta 5 horas. Sí, así como lo leés: el Hospital de Salud Mental José  Tiburcio Borda, fundado en 1865, alberga alrededor de 700 pacientes que no cuentan con un servicio tan básico como el gas hace 90 días, y también son víctimas de interrupciones en el suministro de energía debido a la sobrecarga de elementos eléctricos compensatorios que se han conectado en el último tiempo.

Con frío y a oscuras no es necesario decir más para deducir que la institución está en un momento de completo abandono por parte del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

“Si la situación fue siempre complicada, ahora es crítica. Hace dos años que vienen pasando cosas que dan a entender que el hospital está en un proceso de cierre”, explica Leonardo Paniagua, coordinador general de Cooperanza. Este organismo sin fines de lucro trabaja hace 25 años en el lugar dictando talleres de plástica, juegos, literatura, música y expresión teatral para incentivar la inclusión.

El invierno llegó y con él, los grados bajo cero. Para atenuar el frío las autoridades de la ciudad instalaron calefones y anafes eléctricos que, si no salta la térmica y se corta la luz, permiten que se puedan bañar dos personas por hora en cada servicio y tener un lugar donde calentar agua para los mates, aunque a cada pava haya que esperarla media hora.

El Hospital Borda no cuenta con suministro de gas hace 90 días y la cotidianeidad se torna insoportable para personas que viven una situación de vulnerabilidad extrema.

Ayer fue un incendio y la muerte de dos personas, hoy es el gas y la luz, mañana será… La incertidumbre es lo que reina en el hospital y con ella todos los sentimientos que ésta acarrea y provoca: “ni siquiera sabemos por qué no hay gas, nos tenemos que guiar por el rumor de que hubo una rotura de caños y que Metrogas tiene que hacer un relevamiento muy grande de 12 kms. de cañerías, y recién ahí volvería. Lo concreto es que vamos a pasar todo el invierno sin el servicio”, expresa con angustia Leonardo y se pregunta: “Si el gobierno de Macri tiene tanto presupuesto para publicidad, ¿cómo no va a poder resolver esto en una semana?”

Los cinco gremios que conviven se unieron para trabajar en conjunto ante esta situación que perjudica a todos. Cada semana la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), el Sindicato Único de Trabajadores de la Ciudad de Buenos Aires (SUTECBA), Médicos Municipales, la Unión de Personal Civil de la Nación (UPCN), y la Asociación de Profesionales se reúnen para determinar las medidas de fuerza a tomar. Una de ellas comenzó a realizarse a fines de mayo y consiste en salir a las calles céntricas de la ciudad a repartir panfletos para que la gente se entere de la realidad del Borda.

En una reunión realizada el 6 de julio por integrantes de estas organizaciones se observaron dos videos que se encuentran en la página web de la Ciudad de Buenos Aires. En el primero el Subsecretario de Salud, Néstor Pérez Baliño, asegura que “está garantizado para todos los pacientes el agua caliente y la calefacción”  y además “se inició una obra que dejará a nuevo el estado de las instalaciones de gas”. El otro material audiovisual es un gráfico con una voz en off explicando que “todos los pabellones, menos el central, cuentan con el servicio y mientras se trabaja a velocidad récord en las reparaciones, el Gobierno dispuso un  plan de contingencia que asegura la comida, calefacción y agua caliente para todos”.

Luego de los videos, el delegado de ATE, Daniel Blanco, cuestionó duramente al funcionario y dijo que “es lamentable que una persona con carrera en el servicio público mienta de esa manera. Nosotros calculamos que sólo alrededor del 20% del hospital tiene calefacción y todos saben que tuvimos que reubicar a los pacientes que tienen complicaciones respiratorias para que el frío no agrave su cuadro”. Por su parte la Secretaria en finanzas de Asociación de Profesionales, Marcela Guzmán, agregó: “durante todo este tiempo hubo nada más que cuatro gasistas trabajando en la reparación y sólo uno es matriculado. ¿De qué velocidad récord me están hablando?”.

El incendio que dejó como saldo a dos internos muertos ocurrió el 31 de mayo en la penitenciaría número 20 que está en el predio de 16 hectáreas del hospital. Aunque las máximas autoridades se empeñan en negar la relación que une a las dos entidades, es de público conocimiento que los presos detenidos allí tienen diagnósticos psiquiátricos que son tratados por personal de la institución.

Los trabajadores del Borda tienen un sin fin de interrogantes que nadie responde de manera clara y se vive el día a día en un clima de incertidumbre absoluta: “Nosotros nos enteramos por los medios. Trabajar acá no significa saber más que una persona en su hogar y si la institución no ratifica el vínculo con la penitenciaria es porque no se quieren responsabilizar de las dos muertes”, dice el coordinador de Cooperanza.

En abril una persona murió quemada en uno de los servicios del hospital y nunca se supieron motivos del suceso. Como de costumbre, las autoridades miraron para otro lado y no aclararon la situación. Tiempo después se supo que el enfermero  a cargo del sector al momento del accidente no pertenecía al mismo y se encontraba realizando horas extras cubriendo a un colega.

“El vaciamiento de personal es preocupante, el establecimiento cuenta con un servicio de cirugía, pero no con anestesistas, y a veces hay un enfermero cada 50 personas”, cuenta Diego Nacarado, psicólogo social y director de Cooperanza. También asegura que la situación higiénica es “preocupante” y que la cocina no pasaría ninguna inspección bromatológica ya que “las cucarachas caminan por los cucharones y ollas que después se usan para servirle la comida a los muchachos”.

El centro cultural del hospital es un espacio en el que los pacientes pueden expresarse a través del arte, la música y la cultura. Muchas de las obras allí realizadas son presentadas en exposiciones de la ciudad y del interior del país, como también en el mismo centro. Una buena noticia llegó a fines de julio: la lluvia y las palomas no serán más bienvenidas porque el techo será reparado para que no se sigan lavando y manchando las huellas de los que alguna vez pasaron por allí. Lejos está esto de ser una obra del Gobierno de la Ciudad, sino una donación de una empresa constructora. Con regalos y donaciones, lo mismo sucede en el pabellón central, donde algunas salas están siendo pintadas.

Distintas fuentes afirman que la cantidad de pacientes a principios del 2000  oscilaba entre los 1200 y 1500, y que en la actualidad rondan los 700. Los psicólogos sociales de Cooperanza aseguran que este fenómeno se debe a las dadas de alta compulsivas que se realizan y a la intensificación de las mismas en los últimos 2 años.

Los servicios cada vez más a la deriva, sin puertas, con ventanas rotas y podridas, se van cerrando uno a uno. Oficialmente el hospital no se encuentra en proceso de cierre pero lo cierto es que el abandono da a entender que el Gobierno de la Ciudad pretende concretar el proyecto que propuso en 2008 en el que se proponía la demolición del Borda y la construcción de un centro cívico. Allí se planteaba la sustitución del servicio público que el hospital brinda por una serie de clínicas privadas que cumplirían “la misma función” y un subsidio de 700 pesos para los pacientes dados de alta.

Lo curioso es que estos 700 pesos no serían entregados a los ex pacientes, sino a sus familiares. Aquí surge una contradicción porque, como explica Marcela Guzmán, “si un paciente es dado de alta para reinsertarse a la sociedad debería estar en condiciones de manejar sus ingresos”.

“No existe comunicación alguna con los funcionarios y se vive una situación de mucha angustia porque los muchachos no saben cuál va a ser su futuro y eso es grave”, dice Leonardo y agrega: “le dan de alta a una persona que al día siguiente está en situación de calle mendigando en Constitución, entonces uno se pregunta ¿cuál es el proceso terapéutico de ese paciente?”.

“En el hospital hay personas que llevan muchos años internados porque no tienen nada ni nadie que los espere afuera. A esto se le suma que el Gobierno no tiene políticas de contención para que los ex pacientes puedan conseguir un trabajo y una vivienda digna. En esta situación son nulas las posibilidades que tienen de reinsertarse socialmente y por eso muchos de ellos vuelven por sus propios medios”, cuenta Daniel Blanco.

“Este lugar ha sido siempre un depósito de personas donde las familias abandonaban por años a sus parientes locos”, dice Fernando Aguinaga, secretario de prensa de la agencia Noticias Argentinas, quien ha trabajado y colaborado en la institución. “Curiosamente coincidimos en algo con Mauricio Macri, y es en el concepto de desmanicomialización, pero nuestra diferencia es que nosotros no queremos pasar la topadora para hacer un negocio inmobiliario en las tierras del Borda,  sino transformarlo en un lugar de paso, donde la gente se recupere y siga con su vida”, agregó el periodista.

“Silencio stampa”

Las autoridades del Borda no hablan, son mudas. Tanto el Dr. Alfonso Carófile, director suplente de Ricardo Picasso, como el administrador Luis Romero, pusieron excusas para no dar la cara y hacer declaraciones.

“Los directivos no van a decir nada y si lo hacen no va a ser la verdad, mejor andá a hablar con los gremios que ellos te van a informar mejor”, fue el informal consejo de una secretaria del hospital que desde su solicitado anonimato dejó clara la bronca e indignación que sienten los trabajadores del Borda con sólo una frase: “mientras Macri sale a decir que acá está todo solucionado, las enfermeras y camilleros venden empanadas y churros, y hasta ponen plata de su bolsillo para comprar garrafas y que los pacientes no pasen tanto frío”.

El Subsecretario Administrativo del Sistema de Salud, Rodolfo Kirby, visitó el Borda el 30 de junio y fue repudiado por trabajadores e internos que lo catalogaron de “persona no grata”. Quién en 2010, ante la entrega de insumos vencidos en hospitales públicos porteños dijo que “no es tan grave dejar vencer los medicamentos”, es un poderoso empresario ligado a la industria tabacalera y al Hospital Británico. Según los delegados gremiales Kirby es quien maneja el presupuesto y los hilos en Salud pero no ocupa el cargo de Director porque su actividad privada se lo impide. Por su parte, El Dr. Juan Garralda, quién fue ascendido de su cargo de Director del hospital a Director General de Salud Mental durante la gestión de Macri, apareció por el predio ubicado en Ramón Carrillo 375 algunos días después pero más de 200 personas lo estaban esperando para echarlo a insultos. “Está con Macri”, simplifica las razones de esa larga ausencia la misma secretaria.

Las autoridades derivan a los periodistas con el Secretario General de la Asociación de Profesionales del Borda, el Licenciado Gabriel Cabia quien se transformó en una especie de “vocero oficial”: “El doctor Piccasso es el director titular pero está de licencia por enfermedad. Los reemplazantes fueron nombrados a dedo y ahora ninguno quiere quedar pegado, es una vergüenza, pero nadie va a salir a hablar”, declaró.

Esta situación de “silencio stampa” se justificó al encontrar un documento emitido el 3 de junio de 2011 por la Dirección General de Asuntos Legislativos y Organismos de Control en el que se solicitaba que toda la información que refiriera al Borda y fuese elevada a los medios debía ser “canalizada” a través de este ente del Gobierno de la Ciudad.

Cooperanza

La historia nace con el psicólogo social Alfredo Moffat, quien a fines de  los años 60 fundó la Peña Carlos Gardel, con la música como pretexto de reunión, acercamientos y charlas en el hospital. Este movimiento era resistido por las autoridades y fue finalmente interrumpido por la dictadura militar en 1976, cuando Moffat debió exiliarse en Brasil. Una vez devuelta la democracia, el psicólogo retornó al país y fundó en 1985 la asociación civil sin fines de lucro Cooperanza.

Todos los sábados del año de 14 a 18 horas se realizan talleres de literatura, teatro, música, plástica y juegos en el patio del hospital en los que se busca generar un espacio de intercambio y convivencia que permita eliminar la barrera de la soledad. A las 17 hs. se lleva a cabo una ronda general de la que participan los integrantes de todas las actividades con el propósito de compartir y exponer el trabajo de cada grupo. La jornada cierra con una merienda para todos.

“El sistema institucional psiquíatrico cosifica a los muchachos y seguimos notando la existencia de una estigmatización de la locura desde una perspectiva de loco peligroso o una mirada más romántica o naìf de loco lindo. Nosotros intentamos recuperar la subjetividad para destruir ese mounstrito que se genera hegemónicamente y que la gente se pueda acercar de otra manera”, asegura Leonardo Paniagua, uno de los coordinadores.

Cooperanza, junto a radio La Colifata y el Frente de Artistas son los grupos independientes más grandes que trabajan en el Borda de manera autogestora. Estas organizaciones buscan integrar las diferencias desde una mirada contrahegemónica apoyada en el convencimiento de que las políticas manicomiales de encierro no generan salud.

Estos colectivos sociales trabajan en conjunto para enfrentar el difícil momento que atraviesa el hospital, y organizaron, entre otras actividades, un festival de música y arte del que participaron Javier Calamaro y Goy Karamelo con el propósito de recolectar ropa de abrigo para pasar el crudo invierno sin gas y con cortes en la electricidad. “Le agradezco a todos los que donaron ropa aunque se podrían haber jugado y traer gas y caños, pero bueno, la ropa suma”, cerró Hugo, un interno que con su alegría y sentido del humor se transforma cada sábado en protagonista de La Colifata.

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