“Cualquier Estado tiene un rol de control”

En medio de los debates sobre el rol de los barrios, la gente y su autonomía, entrevistamos a Raúl Zibechi, periodista uruguayo de calificada palabra. “El Puntero” en el 13, los piqueteros en Argentina y el Estado como organismo de control.

Los pobres no deciden: necesitan de un delegado, un supervisor que los arrastre. O así lo entiende el Estado (con cualquiera de sus representaciones o representantes) que se encarga siempre de “combatir la pobreza” pero nunca la riqueza. Así lo entienden también los punteros de la desinformación que arrean las clases medias, los formadores de la opinión deformada. El Grupo Clarín nuevamente toca a las clases populares pero, como siempre, es una ficción. Este año, Canal 13, tentáculo del monopolio mediático, sacó una nueva serie, “El Puntero”, que trata justamente de estos individuos que son la portada de algo más grande: el manejo de la pobreza por las clases dominantes. Con este disparador, llamamos a Raúl Zibechi, escritor tan uruguayo como latinoamericano, autor de libros como Territorios en Resistencia y Política & Miseria.

-¿Qué mensaje ofrece la serie de Canal 13 a su público, mayoritariamente de clase media, sobre los manejos de punteros en la política barrial?

-Los de abajo no son sujetos. Este es un punto compartido entre el Grupo Clarín y el gobierno nacional. Pero más allá de eso, es una suerte de “sentido común” de los de arriba que sólo pueden ser sujetos los que forman parte del sistema. O sea los integrados, los que hablan, visten y se comportan de modo similar a los de arriba.
Lo peor, es que son ellos los que dicen quienes tienen legitimidad para ser representantes y quienes no la tienen. Por eso aparece la figura del puntero, como intermediario, porque el pobre no puede actuar en política como tal sin alguien que le diga o le indique lo que debe hacer. Las derechas pueden hablar de punteros, y los progresistas suelen hacerlo a través de las políticas sociales que de alguna manera reproducen ese lugar de inferioridad del pobre. Y en ese sentido es que ambas lógicas comparten la misma mirada sobre los de abajo.

-En Territorios en resistencia está presente que “El control de los pobres urbanos es el objetivo más importante que se han trazado tanto los gobiernos como los organismos financieros globales y las fuerzas armadas de los países más importantes”. Así que las cuestiones que desde allí se irradien, como planes sociales, tendrán la limitación insalvable de ser una de las nuevas formas de dominación estatal ¿Qué puede esperarse del Estado, por fuera de ser una herramienta de control y dominación?

-En teoría, podría esperarse algo diferente. Durante el período de sustitución de importaciones, cuando funcionaba un cierto Estado benefactor, las cosas eran diferentes y además de control había integración. Quiero decir que cualquier Estado tiene que jugar un rol de control, si no sería destruido o desbordado por la población. Pero en cierto momentos jugó además otro papel, digamos positivo porque auspiciaba la organización de los de abajo en un sentido de reclamar derechos. Ahora no. El modo de producción extractivo ha modificado a fondo las cosas al punto que las personas son ahora superfluas en la producción porque la acumulación de capital se ha trasladado con fuerza al ámbito financiero, lo que llamamos acumulación por desposesión. Me parece que no depende ya de tal o cual gobierno, porque el modelo los atraviesa a todos. Lo que sí cambia es la vocación represiva, pero no la sustancia del modelo. Y el modelo le reserva al Estado un papel de dominación muy clara y, en paralelo, de compensar los efectos sociales del extractivismo.

– ¿Qué opina sobre el desarrollo y actualidad del movimiento piquetero argentino?

– Como todo movimiento ha vivido un período de auge, de estabilización y luego de declive. Veo que la mayor parte del movimiento se ha disgregado o ha sido neutralizado o si se prefiere cooptado por el Estado. No lo digo en un sentido crítico, aunque no estoy de acuerdo con ese camino, es evidente que los gobiernos han ofrecido políticas que los movimientos difícilmente puedan rechazar. Creo que las derivas más interesantes hoy se encuentran en los bachilleratos populares, que son un desarrollo en el que algunos grupos del movimiento piquetero han encontrado modos de darle continuidad a su trabajo en un momento en el cual ya no tiene ningún sentido seguir haciendo lo mismo que hicieron entre 1997 y 2002.

– Los gobiernos progresistas en América Latina ¿son una realidad o son una pantalla?

-Son una realidad que ha venido para quedarse un buen tiempo. Creo que debemos entender que hay un cambio de fondo en el modo como funciona el sistema, y que se cambio ha hecho que las viejas políticas y las derechas tradicionales ya no sea funcionales a los nuevos tiempos. Hasta en Colombia hubo cambios, como lo demuestra el hecho de que el vicepresidente de Santos es un ex dirigente de la Unión Patriótica. Me niego a verlos como pantalla porque además en sus políticas hay una buena parte de lo que trajeron los movimientos. O sea, lo que llamamos progresismo son construcciones conjuntas entre partidos, estados y movimientos.

-¿Cómo es que Brasil es una potencia continental y a su vez- en Política y Miseria–  lo denominas el país más desigual?

-No veo contradicción. Estados Unidos es un país muy desigual y ha sido la potencia mundial durante un siglo. Los elementos a tener en cuenta son otros, su potencial como país continental, la existencia de una elite dirigente con un proyecto hegemónico, la debilidad de los conflictos o la ausencia de los mismos, que facilitan la hegemonía de la nueva elite en la cual el PT tiene un papel significativo así como una parte de los sindicatos.

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