Colonias en julio de 2011

La Internacional

En este año de elecciones al por mayor, será positivo repensar y conocer aquellos casos ajenos de garantías y derechos políticos, aún hoy dominados por potencias coloniales. Para los que la ONU posee un comité especial, con resultados poco tangibles. Los casos de Tokelau, Nueva Caledonia y Malvinas.

Dentro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sigue existiendo un comité, que luego de la profusión de los movimientos independentistas africanos de la década del 60 y 70 del siglo pasado, uno creería haber desaparecido; este es el Comité Especial para la Descolonización.  Creado en 1961 con objetivo de monitorear todos aquellos territorios gobernados por una fuerza extranjera y proponer las vías para su plena autodeterminación.

En la primera década del siglo XXI aún la lista de países colonizados se mantiene llena, donde 16 naciones siguen atadas, principalmente, a uno u a otro poder de los viejos imperios colonialistas: Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. El caso más resonante a nivel mundial es el de Sahara Occidental; ubicado al noroeste de África, que desde hace ya casi cuatro décadas está luchando día a día por liberarse del tremendo ahogo que le impone su colonizador vecino, Marruecos (para leer más sobre este tema: links de las notas). Entonces, aquellas naciones que están bajo la lupa del Comité son: Anguila, Bermudas, Gibraltar, Guam, Islas Caimán, Islas Malvinas, Islas Turcas y Caicos, Islas Vírgenes Británicas, Islas Vírgenes de los Estados Unidos, Montserrat,  Samoa Americana, Santa Helena, Tokelau y Nueva Caledonia. Será de estos dos últimos en los que se enfocará este artículo, para finalmente hacer una comparación con el caso que aún se mantiene candente en el presente argentino: la situación de las Islas Malvinas y cuán legítima es la presencia inglesa en ellas.

Nueva Caledonia es una isla ubicada aproximadamente a dos mil kilómetros de Australia, con una superficie comparada al territorio de Israel y con una población de poco más de doscientos cincuenta mil habitantes, es la fuente de un cuarto de las reservas mundiales de níquel. Esta fue anexada por los franceses en 1853, convertida en una prisión flotante y su población originaria, los kanakas, subsumidos a una condición de ciudadanos de segunda categoría.

El contacto con los europeos fue devastador en todo sentido: primero, el número de kanakas disminuyó de 60 mil a 27 mil en medio siglo de dominación, debido tanto a las epidemias, como a los trabajos forzados y a las represiones. Del mismo modo, los colonialistas se hicieron de las tierras locales y las redistribuyeron entre colonos que venían de la metrópolis y, en especial, de una elite urbana de terratenientes ausentes que acumularon decenas de miles de hectáreas a un precio mínimo. Claro, todo esto, en perjuicio de los lugareños, que no solo veían caer su número, sino también su medio de subsistencia, la tierra.

Para 1900, 241 mil hectáreas fueron apropiadas de manera privada por los colonos, 53 mil fueron a parar a manos de un centenar de hacendados. Todo esto repartido entre los 9 mil franceses asentados –sin contar los 3 mil presos, que eran mano de obra para los ranchos-. Sin embargo, para los 27 mil aborígenes, solo les correspondieron 127 mil hectáreas. Resumiendo, la tierra constituyó el marco principal para la acumulación de riqueza, y incentivación de la desigualdad que se empezaba a engendrar por este territorio.

Con el correr de las décadas, las diferencias entre colonos y lugareños se fue extremando, originando así la conformación del Frente Independentista a principios de 1970, cuyo objetivo era el reconocimiento de la cultura Kanaka, vinculado a la redistribución del suelo de forma más equilibrada, dado que con el paso de los años, los franceses habían acumulado más de 300mil hectáreas, mientras que los locales solo 40 mil más que a principios de siglo.

Sería en la década del 80 donde las tensiones llegarían a su climax. Con la conformación del Frente de Liberación Nacional Kanaka y Socialista (FLNKS) la opción armada sería tomada en consideración, dándose en 1984 los enfrentamientos más violentas entre los grupos pro y anti independencia, obligando a Francia a acudir con sus fuerzas armadas, declarando el estado de sitio. Sin embargo, pese a que la permanencia del poder extranjero calmó las aguas, las acciones del FNLK siguieron dándose a conocer y la capital, Noumea, vivía continuamente convulsionada. La consigna de la autodeterminación era clara y total. Frente a esto, se firmaron los Acuerdos de Motignon, que confiaba para 1998 hacer un plebiscito para que se votase por la independencia o no, a la vez que otorgaba mayor autonomía a la isla de la potencia Europea.

Al llegar la fecha designada, se firmó un nuevo acuerdo, el Acuerdo de Noumea, el cual dejó esta decisión entre 2014 y 2019, y establecía la nacionalidad de Nueva Caledonia.

Tokelau es un minúsculo país compuesto por tres islas en el pacífico, cuya población, distribuida en las solamente tres aldeas, apenas supera las 1400 personas.

El contacto con los europeos fue terrible desde un principio. “Descubierto” por marinos anglosajones en 1850, una década más tarde la pequeña comunidad polinesia que vivía a lo largo del territorio sería víctima del secuestro y muerte provocado por un barco negrero peruano, que esclavizó a todos los hombres jóvenes y adultos en condición de trabajar.

Para 1889 los ingleses lo convertirían en parte de su imperio y para 1925 pasaría a manos de Nueva Zelanda, que mantiene su dominio hasta hoy en día.

A mitad del nuevo milenio, Tokelau y Nueva Zelanda comenzaron a negociar la posibilidad de que el primero logre su autodeterminación, convirtiéndose en Estado asociado del segundo. Para esto se dieron ya dos plebiscitos, formulados por la ONU, en el cual los habitantes tuvieron la opción, tanto en el 2006 como en el 2007, de elegir si mantenerse colonia o lograr la independencia. Los resultados de las elecciones, cuyos sufragantes no sumaron 800, dieron como resultado el “no” a la independencia por poco más del 60% en ambas oportunidades.

Pese a esto, las conversaciones continúan para llegar a una situación que contente a todos los habitantes de Tokelau.

Similitudes y diferencias. ¿Malvinas Argentinas o Falklands?

En los dos casos vistos se pueden observar procesos diferentes: en uno, la mayoría de la población desea la independencia del territorio, en el otro, en cambio, casi 3/4 prefieren seguir siendo colonia.

En relación con las islas Malvinas, éstas pertenecen territorialmente a la Argentina, pero desde 1833 que no tienen población nacional, ya que las pocas decenas de personas que la habitaban fueron devueltas a Buenos Aires una vez ocupados los territorios por Gran Bretaña. Así, desde hace más de un siglo y medio, población con ligazones inglesas ha vivido generación tras generación en esos suelos.

Entonces, cómo solucionar este conflicto que tuvo una guerra de por medio es la pregunta. ¿Respetar la decisión de los malvinenses que se sienten más cercanos a los británicos que a los argentinos, o en su defecto, defender los derechos de la Argentina sobre sus recursos naturales, que en el caso de las islas, son ricas para la pesca y aún más, se estima que contienen petróleo y gas natural? ¿Cuánto debe pesar la afinidad de una nación con la metrópoli colonialista por sobre el derecho de un país a controlar su territorio?

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