Chapuzón de ahogado

En esas piletas que se forman en las abandonadas perforaciones mineras de tosca, los chicos y la gente de Berazategui se refrescan cada verano. El peligro es indiscutible, y la prevención jamás concurrió. Los ahogados ya son parte del barrio donde el frío de este invierno hace más que el Estado por cuidarlos.

Parecen lagos de agua cristalina, pero no lo son. Cada verano al menos una de las personas que se zambulle en las tosqueras no vuelve más. El apacible espejo de agua es en realidad una excavación minera, en busca de tosca, que luego de ser abandonada por sus creadores, se llena de agua de lluvia y napas. Además, son rellenadas con basura, lo que provoca la contaminación de ese agua, y luego, la de las napas próximas a la cava.
En la villa La Cantera, en el partido bonaerense de Berazategui, llegan los veranos y los techos de chapa empiezan a calentar. Los chicos y jóvenes quieren refrescarse de alguna manera. La tosquera que está a solo 300 metros de sus casas, sin nada que impida su acceso, parece una opción más que viable. Hay veintisiete dispersas sólo por Berazategui. Cada verano se llevan varias vidas, por lo general, las de jóvenes que buscan un chapuzón y se encuentran con una trampa mortal.
En enero del verano pasado un chico de 12 años se ahogó en la tosquera que está cerca de su casa en La Cantera. El chico y sus amigos se zambulleron como lo hacían ocasionalmente, pero de repente empezó a mover los brazos con desesperación, y cuando fueron a su rescate no ya no estaba.
Manuel, Ramiro y Tiago, con su perro negro, entran, salen, saltan, vuelven a salir y juegan felices en la cava donde hace un año se ahogó el niño. Ellos lo conocían y saben lo que le pasó, pero hay una fuerza mayor: “tengo calor, ¿vos conocés alguna pileta por acá?”.
Por qué son tan peligrosas
Las tosqueras, cavas, canteras o lagunas, como las llaman los vecinos que viven cerca, son cavadas para sacar la tosca que se usa en la construcción de caminos y edificios. Cuando se completa la extracción, sus creadores las abandonan y al poco tiempo se llenan de agua de lluvia y de napas, y también de basura.
Parecen de  aguas tranquilas, pero tienen remolinos que se generan por las zanjas que quedan de la explotación minera. Se produce una diferencia de temperatura importante entre una zanja que está a cuatro o cinco metros de profundidad y la superficie que se calienta con el sol, entonces, entre las partes cálidas y las partes frías, se produce una corriente interna. Cuando alguien se mete y empieza a moverse, provoca movimientos ascendentes y descendentes del agua, que generan fuertes corrientes y remolinos, mortales hasta para un excelente nadador.
En el fondo crecen plantas que enredan a los que se sumergen y no los dejan salir a respirar, muchas veces cuando quedan atrapados en los remolinos la vegetación los envuelve y se ahogan. Los lechos de las cavas son arcillosos y fangosos y hacen un efecto sopapa, que absorbe a quienes pisen el suelo. Además las paredes son casi verticales, por eso son muy susceptibles a derrumbes cuando alguien se agarra del borde e intenta salir.
Como si fuera poco, también contaminan
Las cavas presentan un problema adicional, aunque no mortal a simple vista: una vez que fueron abandonadas se llenan de agua y basura que convierten al espejo de agua en un foco infeccioso, ya que los residuos que se arrojan generan, cuando se descomponen, unos jugos llamados líquidos lixiviados, que son altamente contaminantes. Es común ver a los niños y jóvenes que deambulan o se bañan en esas aguas, con excoriaciones o granos en la piel.
Una vez que la basura llegó a la cava, se generan esos líquidos que se escurren libremente, filtrándose en la tierra, hasta la primera napa, ubicada entre los doce y los veinte metros de profundidad.
Aunque las comunas no extraen agua del primer acuífero, sino de otros más profundos, el peligro de contaminación de la napa de extracción de agua es un hecho, según la geóloga Mirta Cabral, miembro del Instituto de Geomorfología y Suelos (IGS): “Las napas pueden ponerse en contacto, porque están separadas por estratos arenosos con poca agua, pero que permiten el filtrado de líquido. Esto sucede, sobretodo, en los lugares donde se realiza una extracción intensiva de agua”. Así sucede en Berazategui, donde electrobombas de extracción sacan agua de las napas freáticas para ser distribuida en el distrito.
Justicia escueta, empresas liberadas
Para construir una tosquera se necesita cumplir con los requisitos legales que impone la Dirección de Minería de la provincia de Buenos Aires, que legislan para una vez hecha la cava. La única condición a priori que pone, es que la zona en la que se quiere excavar sea rural y no urbana, además de un estudio de impacto ambiental (realizado por la misma empresa). Luego, el municipio queda a cargo de la fiscalización, es decir, hacer cumplir a la compañía con los requisitos más específicos: que la profundidad de la cantera no supere los doce metros, que se haga un vallado para que la gente no tenga acceso y que se pongan carteles indicadores de la actividad y sus peligros.
Con una legislación de por sí pobre, la Municipalidad queda a cargo de hacer cumplir la ley, y ahí comienzan los problemas en Berazategui. En Ranelagh, localidad del municipio, se está construyendo una tosquera en plena zona urbana. Lo que hizo la autoridad municipal fue rezonificar el área, cambiarle el nombre, y convertirla en rural, o sea: apta para las excavaciones mineras,
“Cualquier remoción de tierra tiene que estar habilitada por un proyecto que haya sido aprobado y chequeado a través de un impacto ambiental. Como ese impacto lo evalúa la empresa, siempre va a estar acorde a la ley, a un emprendimiento beneficioso para todos, y no hay ningún tipo de control después de que se aprueba el impacto”, reflexiona la concejal de Berazategui por el bloque Igualdad y Justicia Social Mónica Colman, de la Comisión de Medio Ambiente.
“Desde la gestión Mussi, padre e hijo, se incrementó la no regulación de las tosqueras. Se está utilizando a Berazategui para la construcción de barrios cerrados. Para eso se usa la tosca, para rellenar los terrenos, y es lo que ha provocado que haya más cavas en el municipio”, asegura Ana María Sioch, concejal del bloque del Acuerdo Cívico, integrante de la comisión de Medio Ambiente.
Por su parte, el subsecretario del Concejo Deliberante, Roberto Romero, del bloque oficialista, opina muy distinto: “En esta gestión hubo un seguimiento mucho más estricto con este tema, hay una política clara de alambrado y cuidado de las cavas”.
En las veintisiete tosqueras diseminadas por todo Berazategui, solo una, la que está en Ranelagh, tiene impedido su acceso. Todas las demás son de muy fácil llegada para cualquier persona que lo se proponga. Esta realidad se encuentra a simple vista, basta con pasar por enfrente de las cavas que están sobre la autopista Buenos Aires-La Plata: tienen un alambrado, que cubre sólo un lado de la laguna, desde todos los demás costados, no está impedido el paso.
Tosqueras y mentiras para todos
Roberto Tizano, responsable de la Dirección Técnica de Servicios Sanitaros de la Municipalidad de Berazategui, tiene muy en claro la repartición de responsabilidades con respecto a esta problemática: “Nosotros pusimos alambrados, pero los cortan y se los roban. Hasta ahora no hemos tenido ninguna desgracia mortal pero por suerte tenemos un control permanente con eso”. Tizano no sólo responsabiliza a las propias víctimas, si no que además ignora que a razón de un chico por verano se muere ahogado en esos lagos, sólo en Berazategui. Aunque no hay cifras oficiales sobre esas muertes, el dato se desprende de una minuciosa búsqueda en las revista zonales del municipio, y desde 1970 hasta la fecha, se registraron 41 muertes en las publicaciones, en promedio, una por año.
La llegada del agua al pozo no presenta un problema en sí, sino los rellenos que se les tira antes de que se inunde. Tizano, le adjudica la culpa a cartoneros o “cirujas con carritos”, que tiran su basura a la orilla, originando el conflicto ambiental. Ana María Sioch asegura que en una nueva cava en construcción los vecinos denunciaron ver desechos patológicos, jeringas, y demás elementos de hospital, en el fondo de la explotación.
Mientras que la Municipalidad avala, las empresas hacen lo que quieren. Sobre la calle 35 entre 167 y 168 hace pocos días los vecinos de Berazategui descubrieron una nueva excavación, en la cual se está trabajando y la propia Dirección de Control Urbano no permite a los concejales entrar a inspeccionar la obra. La gente del lugar denunció que se están enterrando desechos patológicos  y que vieron camiones de la municipalidad sacando tosca. “Esa cantera es totalmente clandestina. Te demuestra que no se hace ningún estudio, ni se maneja ninguna norma desde el municipio. No te dejan entrar, dicen que es por tu seguridad, yo digo que es porque están ocultando algo”, sospecha Sioch, que ya hizo un pedido para que el municipio de explicaciones  al respecto.
En cuanto a propuestas sobre qué hacer con las cavas ya realizadas, un abanico de posibilidades se abre. El responsable de la Dirección Técnica de Servicios Sanitarios opina: “Son las autoridades políticas las que tienen que tomar recaudos en el tema. Nosotros ante eso qué hacemos, se están dando una serie de emprendimientos privados, los cuales compran con tosquera y todo y le dan un tratamiento de paisaje conjuntamente con loteo que después venden para que sea un lago todo tratado, como corresponde, con plantas, con árboles, todo un tratamiento de geografía interesante y de medio ambiente importante”. La geóloga Cabral tiene una propuesta bastante diferente: “Los pibes que se ahogan en las canteras no tienen otro lado donde refrescarse, porque en Berazategui no hay piletas públicas. La municipalidad bien podría rescatar esos pozos, poniéndoles una base de madera flotante, atada a los bordes, y dándole el apropiado tratamiento al agua, para que los chicos puedan bañarse allí”.
Frente a tan escueta solución por parte de las autoridades oficiales, la concejal Colman reflexiona: “La única opción que da el municipio para el tratamiento de las canteras es vender el predio y que se ocupe la empresa de su restauración”, y agrega: “Pero el hecho es que son un perjuicio para el suelo porque no excavan con limitaciones, nadie se entera cuál es el proceso de recuperación de ese suelo y más de una vez el municipio esta enganchado en la propia construcción porque mucha de las empresas excavadoras son accionarias de los municipios”.
Por lo menos una persona al año muere. Muere por querer refrescarse. La Municipalidad de Berazategui “está trabajando fuertemente en el tema”, sigue afirmando el encargado de Servicios Sanitarios.
Por suerte.
Por suerte la municipalidad le cede a las constructoras de barrios privados las cavas para que hagan más bello su parque, total, sus habitantes tienen sus propias piletas en el patio. Por suerte alguien está previniendo momentáneamente que los chicos no naden en las tosqueras: el invierno.