Memorias de un Hombre que jugó la Promoción

Por Fidel Hernández

El Hombre recuerda sin querer recordar. Ve los rostros sufridos en el Monumental y no puede olvidar las angustias que le apretaban el pecho hasta casi no dejarlo respirar. Escucha los comentarios que suenan a diario y se le vienen a la memoria las tensiones exageradas y las histerias desmedidas. No hace tanto él estaba como ellos –del 2008 al 2011 hay tan solo tres años- y a veces, al igual que miles de ellos, pensaba que la vida se definía en esas circunstancias.

La cancha de Colón estalla de nervios por todos lados y el Hombre explota tensiones por donde puede. Está solo, con una tristeza que le invade el alma, sintiendo que los destinos de una de sus patrias más profundas se vuelven derrota en un campo de juego. El delantero símbolo, que lleva los colores tan adentro como él, tira un cabezazo por arriba del travesaño y, con esa pelota que no encuentra la red, se fuga la posibilidad de evitar jugar los dos partidos malditos.

Un cantero de alguna parte de Santa Fe se transforma en compañero del Hombre. Se sienta a su lado y aguarda que pase la vida, casi como si no hubiera nada más que esperar. Los festejos negros y rojos se multiplican a su lado. Los abrazos, los gritos y los saludos sabaleros lo ponen en una situación de envidia máxima: no tiene nada en contra de ellos pero daría hasta lo que tiene por dejar de llorar mirando una baldosa desteñida.

El Hombre sabe desde chiquito que el fútbol es siempre una cuestión de vida y nunca una cuestión de muerte pero no puede evitar las lágrimas. Conoce también a la perfección la perversidad de los discursos que le dicen que perder es fracasar pero no tiene manera de no sentirse triste. Está seguro de que el triunfo y la derrota son circunstancias en las que no se dirimen las cuestiones centrales de la existencia pero, aun así, no logra tragar un pedazo de comida.

Un partido no es ni más ni menos que la posibilidad de soñarse con otros, repite el Hombre para sí mismo, recordando sin querer recordar. Lo que pasa es que a veces nos quieren confundir y pretenden que creamos que es indigno perder, agrega a su reflexión de hincha. El Hombre, con las lágrimas en el cantero de Santa Fe deambulando por su memoria, no tiene dudas: el juego, como la vida, siempre da revancha.

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