La degradación del valor de la vida

Acaba de terminar el juicio por el asesinato de Manuel Linschinsky, aquel chico que a mediados de 2006 era atropellado por un auto que trepó encima de la vereda en el Monumento a los Españoles. Los resultados siempre serán insuficientes cuando tanto se pierde. Balance de las derivaciones
Mientras esperaban el semáforo, tiraron tres monedas a la fuente, una cada uno, y pidieron suerte. Manuel levantó la vista. Alcanzó a decirle a uno de sus amigos: “Che, mirá”. Y no mucho más. La historia sigue como siguió para ellos, de repente: un auto se subió a la vereda, los levantó en el aire, rebotó contra el Monumento a los Españoles y se estaciono sobre el cuerpo de Manuel Lischinsky, 18 años, que moriría día más tarde.
Unos podrán decir que la moneda no surtió efecto.
Otros, que la historia puede seguirse como el crimen mismo de un sicario.
La historia
Todo ocurrió en la madrugada del 14 de mayo de 2006. Ignacio Serrano Guillot, Nicolás Diéguez y Manuel Lischinsky salían de bailar en The Roxy, por los arcos de Palermo. Habían atravesado los parques que costean Libertador, el Planetario, y esperaban el semáforo sobre la vereda del Monumento a los Españoles.
Nicolás Piano, 22 años, volvía de Sunset junto a seis amigos. Iban en su Volskawagen Polo a 100 kilómetros por hora, según constataron las pericias. Las razones por las que perdió el control del auto se embudan a una: estaba alcoholizado.
Tras el choque, ninguno de los siete se acercó a auxiliar a las víctimas.
Piano se declaró inocente. No pidió perdón hasta la última audiencia del juicio oral – más de 5 años después- que lo encontró culpable de “homicidio culposo agravado”. Se le aplicaron 3 años de prisión en suspenso, 10 sin licencia de conducir, debe cubrir los gastos del juicio y tendrá que llevar a cabo cursos de capacitación y trabajo comunitario según la Agencia Nacional de Seguridad Vial, bajo la tutela de Las Madres del Dolor y otras organizaciones de derechos humanos. El fallo sentó un precedente sobre esto último: Piano será uno de los primeros en inaugurar el programa a de la ANSV que va por afuera de las “probations” con que se suelen cerrar los casos de seguridad vial.
Sirve esto para sentar jurisprudencia en los fallos por venir, y es importante para una justicia provincial siempre de cara a la Capital Federal.
El juicio oral aplicado, además, significa el desgaste necesario para un culpable que, por “juicio abreviado” o por “probations”, se limita a firmar papeles sin moverse de su casa, pudiendo incluso manejar día siguiente al crimen. Además, la estadística señala que quienes llegan a esta instancia judicial son menos proclives a reincidir.
No es esta nota una arremetida contra Piano ni un llamado a la responsabilidad. El fallo y la estrategia de la familia Lischinsky son más bien una enseñanza de cómo dar una solución genuina a lo que no tiene solución: el dolor.
El juicio
Desde un primer momento, los familiares de Manuel dieron cuenta de la importancia de un juicio oral. Se acercaron así a la fiscal del caso y presionaron para esto. La fiscal salteó entonces la opción del “juicio abreviado”. Martín Lischinsky, hermano, asume que hubo algo de suerte en que la defensa no pidiese una “probation”. El juicio a Nicolás Piano llegó con una demora de cinco años. Pero llegó.
Reconstruir la secuencia del crimen llevó tiempo y esfuerzo. Un informe policial fechado el 16 de mayo de 2006, dos días después del accidente, hablaba que Piano iba solo en su auto, no estaba alcoholizado y que Manuel estaba parado en la calle cuando lo atropelló. El diario La Nación levantó la noticia de ese modo. “Durante mucho tiempo, sólo contamos con la firme declaración de los tres amigos de Manuel, dos de ellos víctimas sobrevivientes del atropellamiento”, relata la madre de Manuel. En el primer año se avanzó poco y nada. Recién al noveno mes el imputado fue llamado a declarar. “No mostró el mínimo de compasión: en todo este tiempo sólo reclamó que le devolvieran el auto”, sigue Ema. Todavía tenía su licencia de conducir.
En ese marzo, Sergio Lischinsky, padre, dejó de acompañarlos. Meses atrás se le había detectado un cáncer fulminante. Ema dijo entonces: “Su enfermedad fue por tanta violencia e impunidad”.
Las cosas empezaron a cambiar al ritmo de pericias y declaraciones. La primera audiencia del juicio oral tuvo como protagonista a una testigo del hecho, María Eloísa Berisso, quien declaró que Piano “iba a una velocidad prudente” y no se había subido al cordón. Las pericias y los propios amigos de Piano la desmintieron. En la misma sentencia del 30 de mayo fue encausada por “falso testimonio”.
Los amigos de Piano que venían en su auto coincidieron, todos, en que el auto “subió y bajó del cordón” aunque no pudieron precisar a qué velocidad manejaba. Admitieron también que no se acercaron a ayudar a las víctimas.
La culpabilidad de Piano iba tomando forma. La familia querellante solicitó una pena de cuatro años de prisión efectiva. Los abogados defensores pidieron su absolución y, subsidiariamente, una pena de dos años y seis meses de prisión en suspenso.
La tensión se mantuvo hasta el día final. La sentencia debía leerse el jueves 26, pero los jueces pidieron hasta el lunes para tomar la decisión. Ese lunes, ocho y media de la mañana, volvieron a postergar el veredicto hasta pasadas la una. Fue ahí que Piano, 25 años, pidió perdón por primera vez en los cinco años, y dijo: “Asumo los cargos por el accidente, no por la muerte, de la muerte no me hago cargo”. Horas después, el Tribunal Oral Criminal 30 de la Ciudad de Buenos Aires lo declaró culpable de homicidio culposo agravado y lesiones agravadas, y las sanciones antes descriptas.
Construir
Para despejar dudas: el juicio abreviado se arregla entre el abogado defensor y la fiscal del caso, al tono de “ahorrar” trabajo, tiempo y dinero, y acordar una pena “media”: “En general es un año y medio y cinco años sin manejar, y listo, todo sellado”, explica Martín. La probation también se mueve en ese sentido abreviado: son condenas a determinadas horas de trabajo comunitario. Martín: “El tema es que te mandan a un comedor, el pibe va, dice: ¿qué necesitan?, les compra cien paquetes de arroz y listo, ni nos vimos”. No existe en esto un monitoreo del efectivo cumplimiento del trabajo. El infractor queda, además, sin precedente alguno. El efecto: los familiares de las víctimas sienten que es lo mismo que nada.
Otros padres de víctimas sugerían a la familia de Manuel, y todavía sugieren, “matar a todos” estos imprudentes al volante.
Las Madres del Dolor y otras organizaciones empujan desde hace tiempo por soluciones que cuajen entre esa “nada” y la justicia por mano propia. En respuesta a sus pedidos, el kirchnerismo creó la Agencia Nacional de Seguridad Vial, hace dos años. Se parte esta en tres funciones: son técnicos e ingenieros que se encargan del trazado estructural de las calles, rutas, señalizaciones, etc; son funcionarios políticos que gobiernan la entidad, la administran y proyectan; son, por último, las voces de las organizaciones de familiares de víctimas en todo el país, que proponen, ayudan y tutelan. Lo último de esta Agencia es el propio Programa de cursos y capacitaciones a infractores.
Sobre esta sentencia, Ema reflexiona: “Visto en el vacío es un logro pobre, más cercano a la impunidad que a la justicia. Visto en el contexto argentino es un fallo producto de una sociedad inmersa en la violencia vial, que intenta marcar un cambio por el lado de la educación”. Sin embargo, Ema aclara que no está conforme con el fallo: Piano sigue en libertad.
No vamos aquí a hacer valoraciones respecto a la sentencia, pero sí celebrar el fallo que inaugura el programa de cursos de la ANSV. El tiempo valorará sus resultados. En ese sentido, la causa Lischinsky es un ejemplo desde lo punitivo, que no debiera ser un ejemplo. Es decir: la justicia es el último eslabón de un problema aún mayor y concreto: en Argentina mueren 7 mil doscientas personas al año por accidentes de tránsito. La Agencia se propuso, en su inicio, reducir la estadística en un 50% en el plazo de 5 años, que vence en 2015. Su página arroja una serie de datos que dan marco y explican, de algún modo, las causas:
• Que el uso de la telefonía celular ha determinado un importante incremento en accidentes de tránsito por la falta de atención de los conductores.
• Que la velocidad inadecuada encabeza el ranking de las infracciones de tránsito más comunes que son causa directa de accidentes.
• Que de los accidentes originados tanto en el tránsito urbano como en las rutas y autopistas (…) por lo menos uno de los conductores involucrados ha violado alguna normativa del tránsito.
El caso de Manuel enseña sus consecuencias.