El quiebre de la dialéctica de Hegel en obras de Spregelburd

Las cinco de este número están dedicadas a un personaje y a su forma de crear teatro: Rafael Spregelburd. Pero no será cualquier análisis. En este caso, se hará en base al pensamiento del teórico alemán Hegel. Sí, con el pensamiento de la dialéctica como paradigma, pensaremos juntos las obras: La inapetencia, La extravagancia, La modestia, La escala humana y Bloqueo.

Para poner un freno a la pretensión del título, es importante aclarar de antemano que lo que sigue no son más que unas líneas descriptivas, bastardas y menores de edad, que se animan de manera muy tímida a hacer una selección de 5 obras del actor, director y dramaturgo Rafael Spregelburd, hijo del Parakultural y del teatro que siguió al advenimiento de la democracia. Ahora sí, la explicación del eje unificador: la dialéctica de Hegel, pero pesimista.

La dialéctica es un modo del avance de la historia y del conocimiento del mundo. Frente a una concepción cualquiera o “tesis”, siempre habrá un elemento que se le oponga, la “antítesis”, para finalmente arribar a una “síntesis”, una instancia superadora de los dos momentos anteriores. Si bien es el mismo Spregelburd quien ideó esta combineta entre las explicaciones del teórico alemán y su obra “Bloqueo” (2007), la teoría se puede trasladar a muchas, si no a todas, sus piezas teatrales. El autor experimenta en su teatro con un intercambio entre los actores en donde no se llega a síntesis alguna, en donde todo es incomprensión y en donde la incomunicación es el patrón. Abajo, cinco ejemplos ilustrativos.

La inapetencia (1996): cinco escenas muy cortas sobre una familia que no se entiende, una pareja que está de acuerdo en adoptar chicos y que recuerda a la Yerma y al Juan de Federico García Lorca pero al revés, y una hija que se quiere ir a pelear a la guerra de Yugoslavia. También hay muñones y sexo grupal.

La extravagancia (1997): tres hermanas trillizas nacen en el parto, pero una muere y es reemplazada por una beba externa a la familia. Aún de grandes, estos tres personajes (pensados para encarnarse por una sola actriz) desconocen cuál de ellas es la adoptada. Ninguna habla con sus padres ni entre ellas. La repentina enfermedad de su madre, potencialmente transmitida a las dos hijas legítimas, obliga a reanudar los vínculos, aunque sólo sea a través de electrodomésticos con cables.

La modestia (1999): dos obras paralelas se entrecruzan. Por un lado, un escritor enfermo de tuberculosis que es asistido, a cambio de su literatura, por una pareja que termina enamorándose de él. Por el otro, un triángulo amoroso de edificio y una visita que viene de Rosario. Armas de fuego, términos de derecho náutico, y cassettes de contenido misterioso.

La Escala Humana (2000): una madre desquiciada que asesina a los vecinos ante el mínimo descuido pero que, al mismo tiempo, no olvida prepararle las milanesas a sus cuatro hijos. Un oficial con sueños de cantautor frustrados y un debate acerca de la sorpresiva aparición del kiwi en el mercado argentino. Vaya sacudón al sentido común.

Bloqueo (2007): en un estudio de grabación argentino, músicos cubanos orgullosos de su patria y de los instrumentos de caña de las distintas regiones de su pueblo, no logran entenderse con quienes manejan las consolas, del otro lado de un vidrio imaginario. Delays en la comunicación, interferencias de todo tipo y un método de escritura que se aleja del escritorio, ya que fue elaborada en el correr de los ensayos.

Si como un juego de dudosa utilidad, se intentara distribuir un porcentaje justo en la participación de la creación de belleza entre la dramaturgia y las representaciones escénicas en las obras de Rafael Spregelburd, estas dos fases serían propietarias de partes iguales de la torta.

Por eso, para no quedarse con la chatura de lo impreso, actualmente se pueden ver en cartel “Todo” (Teatro Beckett) y “Apátrida, doscientos años y unos meses” (espacio El Extranjero), con dramaturgia, dirección y actuación del hombre que mejor definió a la risa: “La risa es un reflejo de lujo, es lo que los seres humanos hacemos cuando algo rasga tanto nuestra conceptualización que ya no tenemos elementos lingüísticos para hablar de ello”.

Comments are closed.