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La Internacional

Las revoluciones no iban a acallarse en la Era digital. Mientras los estallidos populares se expanden el rol de las redes sociales e Internet no pueden ser ignorados, ya conforman una pata comunicacional más. La censura, la potencialidad, y la “Revolución Twitter” en los principales sucesos de los últimos dos años

El 6 y 7 de abril del 2009 el nombre de Natalja Morar recorrería el mundo otra vez. Esta periodista rusa de veinticinco años ya había aparecido en la escena internacional al denunciar tan solo dos años antes a los altos dirigentes del gobierno ruso por tejer una red de corrupción política para mantener el control del poder, como por el asesinato en el 2006 de la cabeza del Banco Central de su, Andrei Kozlov.

Sin embargo, ahora ella estaba en el foco de otra tormenta, ya no en su tierra natal, de donde fue expulsada luego de sus sagaces intervenciones, sino en el país más pobre de toda Europa: Moldavia. Allí, junto con otros compañeros organizaron una manifestación frente al parlamento con el objetivo de rechazar unas elecciones que ya se sabían, iban a ser fraudulentas en favor del partido gobernante. Y así, su medio de difusión para convocar y propagar las protestas fueron los SMS –mensajes de texto- y la red social Twitter. Natalja confesaba tiempo después: “esperábamos no más que algunos centenares de amigos, amigos de amigos, colegas. Pero cuando llegamos al lugar había como 20 mil protestantes”.[i]

Lo que le siguió a este “espontáneo” movimiento fue un recrudecimiento de la protesta, represión policial, enfrentamientos con los manifestantes… y la orden del presidente Vladimir Voronin de hacer un recuento de votos, para calmar a las masas que en cada vez mayor número se asomaban a las calles. Morar tuvo que pasar varios días en la cárcel, acusada de alterar el orden público, aunque fruto de la presión internacional fue liberada.

Año 2009, los medios de comunicación ya hablaban de la primera Revolución Twitter.

Hace cuatro meses, el mundo árabe daba que hablar. El nuevo año amaneció con las calles tunecinas repletas de manifestantes que pedían el fin del gobierno y la apertura democrática, malestar que se extendería no solo por el norte africano –Argelia, Marruecos, Egipto- sino también a países del Medio Oriente como Jordania, Siria y Bahrein. Pero fue el delta del Nilo, ante la vista de las inamovibles pirámides donde  estalló un movimiento masivo que supo derrocar a su dictador. La prensa mundial hora a hora mostraba escenas en las calles de Egipto, filmaciones principalmente caseras de lo que estaba sucediendo. Era el único modo de conocer los hechos dada la estricta censura que se estaba llevando a cabo. Cabe destacar que el único medio mundial que se atrevió a romper el cerco fue Al Jazeera, lo que le valió severas sanciones en aquel país.

Y nuevamente se empezó a hacer hincapié tanto en la internet como en los SMS como los dinamizadores de la protesta, donde jóvenes de todo el mundo, a cada minuto publicaban sus experiencias, subían fotos, llamaban para juntarse… Por supuesto, si antes el presidente de facto Mubarak había logrado mantener a raya al periodismo, ahora, pensaba atacar al único medio de difusión restante. El 25 de enero cortó cualquier posibilidad de mandar mensajes de textos por celular; dos días después convirtió al país en el único desconectado de Internet, dejando off-line a más de ochenta millones de habitantes.

Más allá de esta movida estratégica, no pudo dar fin al movimiento. El 11 de febrero abandonó la presidencia después de 30 años.

 

Paul Biya, presidente de Camerún desde hace 20 años, tuvo que enfrentar también en el mes de febrero una serie de protestas que tenían como objetivo la democratización de la vida política nacional y el fin de su largo mandato. Las proporciones de estas marchas y huelgas no fueron equiparables a sus contrapartes norteafricanas, por lo que el gobierno, gracias al accionar de la policía y el ejército, pudo desbaratar con relativo éxito el fervor popular. Pero, si hay algo que esos dos decenios al mando del Ejecutivo nacional le enseñaron a Biya, fue el hecho de no infravalorar el poder de los ciudadanos. Así, el 9 de marzo el servicio de Twitter por mensaje de texto fue cancelado, “suspendido por el gobierno de Camerún”, comentaron los ejecutivos de sobre la decisión. Nuevamente, las redes sociales en el foco de la cuestión, planteando su potencialidad disruptiva.

Twitter, Facebook, ¿Causas o Consecuencias?

Parece ser que nos quieren hacer creer el carácter mágico de las redes sociales a la hora de movilizar a las poblaciones. Como vimos en los tres casos, daría la sensación que el solo hecho de crear una publicación, twittear o mandar un sms, bastaría para aglomerar miles de personas y conformar un movimiento político. Pero, en cambio, la realidad es mucho más profunda. Tanto en Moldavia, como en Camerún y Egipto tienen como común denominador la pobreza, la falta de un futuro próspero para la juventud, falta de empleos, una elite política que se aferra al cargo sin posibilidad cercana de cambio, corrupción y represión. Son estas las causas de las movilizaciones. Y entre los protestantes, hay cientos, miles de militantes anónimos, incansables, que se mueven aún sabiendo el perjuicio que pueden sufrir por conspirar contra el orden existente. Son ellos los que hacen posibles que en gran parte la sociedad perciba, cuestione, medite y critique el status quo. Las redes sociales son un simple medio de comunicación, tanto como el teléfono, los panfletos y la simple charla directa. En Egipto, por ejemplo, solo un 6% de la población tiene un perfil en facebook, por lo que su “peligrosidad” solo puede ser categorizada como marginal. Del mismo modo que las redes sociales encuentran un límite bastante grande en lo fácil que es para las autoridades monitorear lo publicado, por eso las numerosas invitaciones a reuniones falsas, con el solo hecho de despistar a la policía, o viceversa, otros tantos mitines desarticulados gracias a que las fuerzas de seguridad los conocían de antemano. También, ligado a la importancia de la Internet en estos casos, cuando Mubarak desconectó al país, no cortó, sin embargo, las huelgas. El fax, el teléfono, los propios rumores, se encargaron de diseminar la información.

Así, son las personas quienes hicieron, hacen y harán las revoluciones, haya Twitter o no.

 


[1] Stack, Graham, “Twitter revolution’ Moldovan activist goes into hiding”, http://www.guardian.co.uk/world/2009/apr/15/moldova-activist-hiding-protests Fecha de consulta: 1/6/2011