¿Todo piola? Pregunta y perfora

Una revista de cultura marginal quiere copar el centro. Con la figura de Camilo Blajaquis, su nombre y su poesía, ¿Todo piola? interroga al poder, pero también a la clase media y a la baja. Basta de moralidad y a buscar soluciones humanas.

En la Casona de Flores algo están haciendo…

Un hombre arreglando las plantas, otros pintando la entrada, olor a chori… De espaldas a una ventana enrejada están González -Camilo Blajaquis-, Mario Santucho, Martín “Rata” Vega y más compañeros del colectivo ¿Todo Piola? que formó la revista homónima para darle voz a presos, sociólogos, villeros, y a quien fuera. Están sentados frente al público que asistió, pese a la lluvia, a ver y participar de la presentación del décimo número de este medio libre (y libre de verdad) que bimestralmente analiza un tema en particular, como el lenguaje, en su octava edición; la política, en el siguiente; y la baja en la edad de imputabilidad y la identidad, en el último. Ignacio Gago, Patricio “Merok” Montesano, Matías Stancovich, Kelo Stancovich, Gabriel Storino, Ale Hidalgo, Natalia Osorio Portolés, Sebastián Vricella, Sergio Samujluk y Martín Céspedes, distribuidos en la sala, completan el bondi.

¿Todo Piola? tuvo sus primeros cuatro números desde adentro de la cárcel y clandestinos. “Eran fotocopias, medio precarias, pero fue importante que nacieran. El aparato institucional, los psicólogos y los asistentes sociales no sabían que salía, y no podían saberlo”, cuenta Camilo después de presentar la revista a los desconocidos.

El slogan es “una revista de cultura marginal”. Camilo: “Es cultura marginal porque todo piola nació en la cárcel, a donde van los marginados. No hace falta ser marginado para escribir acá, pero el que lo sea, tiene un lugar privilegiado. Todos los números escribe alguien de barrio o de un penal. La verdad que yo me muevo, busco gente. Les propongo a los pibes que se animen para que sepan que tienen un espacio. Les gusta que nuestro objetivo sea resistir, crear, innovar, perforar… Perforar el hígado de la hipocresía. Está dirigida a toda clase de público, no es excluyente”.

La discusión

“Nos obligan a ser grandes”, titula la editorial, y propone la base de la revista: “Nuestro objetivo es la reflexión profunda permanente, desprendernos de lo superficial y vencer al caretaje reinante. Tamos fuertes como una roca y no somos impacientes, sabemos que las rupturas llevan tiempo y nada más desafiante que reformar el entendimiento”. La idea es discutir sobre bajar o no la edad de imputabilidad “desprendiéndonos de la tibieza y lo correcto, ya que de eso apestan los textos que se vienen escribiendo últimamente en varios medios de comunicación, tanto progres como derechosos”. Camilo, que firma la nota, analiza: “cada vez acorta más los tiempos de libertad y nos roba la vida, por eso castiga a los jóvenes y pretende encerrarlos para que nadie los valore como niños y sean mirados como tipos grandes que puedan ser incorporados no sólo al mundo legal del sistema judicial sino también al mundo laboral mismo”.

Ezequiel, uno de los tantos pibes que, preso, sufrió la represión carcelaria, les escribió una carta para difundir los hábitos policiales que en una nota del último número satiriza: Los 24 de diciembre, llamar a la familia es un sueño; reclamar derechos implica recibir palazos, escopetazos y más encerramiento. Un 5 de enero, les prenden la calefacción.

Se abre el debate: “¿sirve de algo bajar la edad de imputabilidad?”, pregunta el micrófono. “¡Violencia es mentir!”, responden. “¿Quién miente? ¿Sólo los de arriba? Estaría bueno pensar que nosotros somos parte de la mentira. ¿Nosotros pensamos qué nos corresponde en esto?”.

Un hombre, Alberto Valente, se levanta y cuenta que escribió una carta a los medios para interpelarlos sobre la inseguridad:

La inseguridad de los pibes chorros

Como siempre, o casi, en nuestro país trabajamos sobre los efectos y no sobre las causas. Aumentar las penas, el número de policías, tener circuitos cerrados, vivir con alarmas, con rejas, en barrios cerrados y countries que nos protejan. Y sobre todo, bajar la edad de imputabilidad.

¿A nadie se le ocurrió pensar cómo es la fábrica de los pibes chorros? ¿Cómo vivieron? ¿Tuvieron hambre, no solo biológica sino afectiva? Muchos cómos sin respuestas. ¿O será que a nosotros, los que nos movemos en el mundo del consumo, no nos interesa?

A los 6 o 7 años se empiezan a familiarizar con las armas y las drogas. De allí a delinquir, un paso. ¿Habrá alguna posibilidad de cambio? ¿Será el arte al trabajar sobre la inteligencia emocional un camino? Veamos la experiencia de Claudio Spectar en la formación de coros y orquestas, o la de Camilo Blajaquis en el área de la poesía. En la presentación de su libro La venganza del cordero atado, junto a otros tres poetas, quien más vendió fue Camilo.

¿No será que nuestros pibes chorros son nuestros cachorros humanos a quienes hemos abandonado? ¿No habrá llegado el momento de invertir el dinero provocando la inundación del arte a través de una epidemia solidaria? Hago aquí el llamado a artistas y representantes a invadir con talleres de arte las calles de las villas, para rescatar a nuestros cachorros de esos caminos dañinos y dolorosos donde todos resultamos víctimas. Todos estamos inseguros, todos… comenzando por nuestros chicos. Aseguremos a nuestros pibes. Ellos son artistas en potencia. Llevemos sus vidas a la máxima opción: el arte.

A Mario, el del apellido subversivo, no le cabe: “¿Por qué no desmoralizar el problema de la pobreza y de los pibes para salir de los valores sociales tal como circulan para desarmar las jerarquías sociales, tanto como para ejercer poder o como cuando permanecen en un tono más victimizante”. Camilo toma la posta: “No publicamos cualquier texto. Si bien le damos espacio primordial a los de los barrios, o los presos, no es por solidaridad y golpe bajo. Vamos por la antimoralidad. Yo fui pibe chorro, pero no salí porque dije: “yo tengo que dejar de ser malo, hacer las cosas bien y remediarme. Hay que proponerse que ningún pibe sea chorro y, además de llevar la bandera, meterse en un barrio y lograrlo”. ¿Todo Piola? tiró esta piedra, ahora, a hacernos cargo.

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