¿Sabés qué sabe Telerman?

Bien curiosos, lo fuimos a buscar. El ex jefe de Gobierno Jorge Telerman busca volver a Bolívar 1 sin alianzas electorales. Ni Proyecto Sur, ni, definitivamente, De Narváez, ni su aliada en 2007 Elisa Carrió, ni Duhalde, de quien fue asesor de campaña en el ´99. Da su posición respecto de la crisis habitacional, define a los trapitos y a la prostitución como síntomas de la marginalidad y cree que Cuba es un sistema político extemporáneo al que le desea que alcance mayor libertad.

Jorge Telerman, peronista, ex jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires asumido después del juicio político a Aníbal Ibarra, tuvo un año y medio de gestión y se postuló para retener el puesto en 2007. Quedó tercero detrás de Macri y Filmus. Hoy estos dos candidatos se relanzan y él también. Pese a ser conocido mayoritariamente en Capital, según las encuestas, no conservaría ese tercer puesto.

“Nosotros vamos a presentarnos por nuestra cuenta como hicimos en el 2007”, dice Telerman y deja en el olvido a su entonces aliada Elisa Carrió. “Es lógico que en los días antes del cierre haya agitación, charla y esas cosas”, explica en el último día en que se pueden presentar alianzas para la alcanzar la Jefatura de Gobierno, el mismo día que Clarín publicó que todavía era posible acercamiento de Telerman a Proyecto Sur y hasta “informaba”: “(Telerman) Descarta por ahora una alianza con denarvaístas”. Él contesta: “No por ahora, antes, hoy y mañana. Son otro espacio y, además, De Narváez no tiene representantes en Capital”.

-¿Cómo se informa?

Por distintos lugares: diarios, internet, taxistas y me llegan los clippings.

-¿Qué diarios?

Todos.

-¿Cuáles son todos los diarios?

Clarín, La Nación, Página y a veces Tiempo Argentino.

-¿Por internet qué lee?

Los diarios internacionales. New York Times casi todos los días.

-Avocándonos más a la Ciudad. ¿Cree que la crisis habitacional es un problema macrista?

El problema habitacional surge por la decadencia de una dirigencia que por 40, 50 años no pensó cómo redistribuir mejor la población en todo el territorio nacional y permitió que se concentrara en el área metropolitana. El problema es que no la pensó nada, pero es anterior a él y exterior a la Ciudad de Buenos Aires.

-¿Y en su gestión cabe alguna responsabilidad?

Sin duda. Fue una gestión corta, de un año y medio, pero la construcción de viviendas en ese momento fue mejor que en estos 4 años. De de todas maneras no es suficiente para una crisis habitacional. Hace falta un plan de viviendas, un sistema de créditos en la Argentina que tampoco resulta exclusivo de la Ciudad, acceso a la vivienda para los sectores medios para que les sea fácil alcanzarlo, pero además una política de mediano y largo plazo y estratégica de promoción de ciudades del interior.

-¿Cómo solucionaría el problema trapitos?

Los trapitos en sí no son un problema. Hay un problema de desocupación, de marginalidad. No es correcto plantear que el problema es la manifestación de la marginalidad. Hacer una campaña contra los trapitos, como hizo Macri, es ingenua. El problema es de qué manera el Estado genera una política de inclusión social. Es un error conceptual pensar que se puede resolver prohibiéndolos y no regulándolos, dándoles un orden, un chaleco, pero no resolvemos el problema de fondo.

-¿Qué haría con la prostitución?

Legalizar la prostitución es un tema complejo. Nunca me lo he puesto a pensar porque son discusiones de índole federal. Erradicar la prostitución es una fantasía que muchos políticos dicen para la galería. Es un oficio que ha existido siempre porque tiene que ver con la condición humana. La preocupación del Estado tiene que ser educar bien a la sociedad, impedir la trata de blancas y el comercio sexual de los proxenetas. La prostitución es también un síntoma y no una enfermedad.

-¿De qué sería el síntoma?

De la marginalidad, en muchos casos, y de la existencia de un mercado y un comercio sexual, de proxenetas, de mafias… Allí debe apuntar una política estatal seria. Todo lo demás que se haga será demagógico. Hay que ir contra el crimen organizado y educar.

-¿Qué opina de que los ciudadanos puedan denunciar infracciones de tránsito?

Ése es otro dislate de Macri porque la preservación del orden es una herramienta indelegable del Estado. Hay que hacer campaña de educación y penalización por parte del Estado y no de los vecinos. Una cosa es convocar a la participación ciudadana; otra es darles la responsabilidad de combatir faltas. Eso es una deserción del Estado.

-En 1999 fue asesor de Duhalde. ¿No lo considera de derecha?

El peronismo siempre fue así. En él coexisten sectores muy distintos, opuestos, pero no antagónicos. Hoy no se resuelve con tanta tensión y violencia como en los 70. La sociedad entera cambió. El peronismo no encaja del todo bien en la estructura clásica de los partidos que se pueden dividir en izquierda o derecha. No sé si definirlo a Duhalde como de derecha o no. Sobre todo porque cuando le tocó gobernar era un momento de crisis de solución del país. Le tocaba decidir qué hacer en un momento crucial de la Argentina. Después, de todas maneras, yo estoy muy alejado de algunas de sus posturas.

-¿Cómo cuáles?

Como acercarse al macrismo.

-En 1998 y 1999 fue embajador en Cuba. ¿Qué impresión política le dejó?

Contradictoria: es un lugar que amo, un país y un pueblo que me resultan adorables. Pero el sistema político debe cambiarse, ya no se puede sostener en el mundo. La dirigencia misma es muy cálida, por más que yo sea muy crítico de un régimen político que hoy uno podría evaluar de manera diferente en los 50, los 60, los 70. Desde hace un par de décadas, como mínimo, ha quedado extemporáneo y no adecuado a cómo hoy creo que debe organizarse una sociedad: con igualdad, sin duda, pero también con libre expresión, agremiación y multipartidismo. Lo que les deseo a los cubanos es que rápidamente ellos, y no desde afuera, encuentren la forma de ir organizándose para tener ese derecho que debería ser inalienable que es la libertad.

-¿Y qué le parece lo que hoy llaman Socialismo del siglo XXI?

Está en definición. Hoy hay una agenda que incluye otras cosas y que está en definición, aunque hay aspectos que no cambian en lo que diferencia a la izquierda y la derecha. Yo creo en la necesidad de un Estado que regule y no en que actúe el mercado. Lo que sigue existiendo es la sensibilidad de izquierda o de derecha, que puede cambiar de nombre, pero significa lo mismo.

Comments are closed.