“El cine es una actividad fugitiva”

Con 85 años y una trayectoria de más de cincuenta, el cineasta Manuel Antín confiesa que a su profesión arribó por casualidad, renunciando a sus deseos de ser escritor. Fue su estrecha relación con los libros la que hizo que textos de Cortázar, Roa Bastos, Güiraldes y Hudson se transformaran en películas.

El traje que Manuel Antín luce combinado con unos mocasines negros perfectamente lustrados es lo único que le queda del abogado que no fue y que su padre hubiera querido. Aunque su familia intentaba disuadirlo, el joven Manuel ya sabía que iba a ser escritor. O al menos eso creía, hasta que el destino le hizo pito catalán tanto a su padre como a él. “En realidad nunca había pensado que haría cine hasta que dirigí la primera película. Mi profesión de cineasta sustituyó a la que yo había soñado que era la de escritor. Quedé empantanado en una profesión que yo nunca creí que fuera verdaderamente la mía.”

Fue el éxito obtenido en 1962 con La cifra impar, su primera película, el que le demostró que se hallaba en el camino correcto. “Me quedé en el cine y me fue más fácil hacer diez películas que publicar una novela”, asegura Antín. Esas novelas que nunca publicó siguen dando vueltas por los rincones de su casa, condenadas a la soledad. “La escritura es una actividad secreta y pornográfica de mi vida”, revela Antín.

Dice no ser lo que hubiera querido ser, así como también afirma que todas sus novelas juntas no llegan a ser Rayuela. Su autor, Julio Cortázar, es sólo uno de los tantos que integran el largo repertorio de escritores que el director venera. “Las primeras literaturas con las que me vinculé con admiración y envidia, fueron las de Cortázar”. Sin embargo, ellos no eran sólo colegas del medio artístico. “Éramos como una simbiosis, -diría Borges riéndose de la palabra-, ya que él era el escritor que yo quería ser, y él decía que yo era el director que él quería ser”, señala el director con una sonrisa.

La foto colgada en la pared muestra a los jóvenes Julio y Manuel en uno de los encuentros que mantuvieron a lo largo de los años en una amistad a distancia. Fue durante uno de los viajes de Cortázar y a pedido de él, que Antín llevó en calidad de secretario las líneas de Rayuela a la casa de su futuro editor.

Además de convertir el cuento  Cartas a mamá en las imágenes treinta y cinco milímetros de La invitación, también llevó al cine las líneas de Circe, del libro Bestiario. Y de Final del juego tomó los cuentos La continuidad de los parques y El ídolo de las cicladas, para transformarlos en La intimidad de los parques.

Estas tres películas fueron las primeras de las diez adaptaciones literarias que Antín llevó al cine, basándose en textos de Ricardo Güirades, Guillermo Hudson, Augusto Roa Bastos y Beatriz Guido. “La vinculación con escritores me hizo conocer literatura que estaba muy lejos de mi capacidad creadora. Por razones éticas hubiera sido malo plagiarlas. Entonces decidí plagiarlas de otra manera, dándoles otro formato.”

Como escribir y leer son dos pilares de la felicidad cotidiana de Manuel Antín, él intenta contagiar sus ganas. “Leo todo lo que puedo, y trato de meterle libros por todos los costados a la gente que me rodea.”

-¿Logró algún resultado?

-Logré que mis hijos lean porque cuando eran chicos les pagaba cinco pesos por cada resumen de los libros que leyeran. Hasta que un día le dí Platero y yo a uno de ellos. El título del resumen decía “Yo y Platero”. Entonces ahí le dije: “ya sos vos, ahora lee cuando quieras, lo que quieras y donde quieras.”

Ese joven de entonces adolescentes quince años es Juan Antín, el director de Mercano el marciano, una película de animación donde el protagonista está viajando por el espacio y, al romperse la nave espacial, cae en la Argentina del 2001.

Tras observar que Juan realiza una crítica irónica de la realidad, Antín anticipa que la próxima película de su hijo, Dioses de lata, tratará sobre la conquista de América desde el punto de vista de un indígena. “Los dioses de lata son los conquistadores que venían con sus armaduras a llevarse todo el oro que encontraban. Cuando éstos se llevan a Europa al indígena protagonista, éste descubre que el Vaticano tiene todo el oro que habían robado acá.”

SU DIRECCIÓN POLÍTICA

En 1991 Manuel Antín fundó la Universidad del Cine en el ex Teatro La Aldea del barrio de San Telmo. Las paredes de la institución, que está en vísperas de su cumpleaños número veinte,  son un muestrario de premios, menciones y publicidades de películas de Antín y de los estudiantes. Entre ellas, una foto que recuerda la primera comisión de egresados muestra al director junto a Raúl Alfonsín.

-¿Cómo ingresó en la política?

-Conocí a Raúl Alfonsín y me pareció que era la persona que la Argentina necesitaba para ser un país normal. Me metí en política y empecé a recorrer la República con él y su gente. Íbamos a los pueblos, inaugurábamos y hacíamos cosas. Y él me propuso ser director del Instituto de Cine -INCAA actualmente-, y acepté.

-Con la llegada de la democracia el instituto levantó la censura y erradicó las listas negras. El cine argentino empezó a ser cine para el mundo. ¿Qué pasó luego?

-La Argentina se convirtió nuevamente en un país peronista y yo me quedé deliberadamente afuera. Entonces decidí volver a encerrarme en mi propio destino y fundé la Universidad, que es una mezcla del Instituto de Cine con mis películas. Aquí se produce la síntesis de mi vida creativa y de mi vida política.

EL ESCRITOR QUE NO FUE

¿Están sus ojos enrojecidos por el paso de los años, los 85 que acopia? La razón más cierta puede deberse a que en estos años, el director no despegó ni un momento la nariz de entre los libros.

-Los libros que ya leyó, ¿los guarda o los regala?

-Cuando leo un libro lo guardo y trato de que otros lo lean. Si no consigo que lo compren, se los regalo. Soy un distribuidor ad-honorem. Creo que nada hay más maravilloso en este mundo que los libros.

-¿Más que las películas?

-Nada hay más maravilloso que un libro. Porque los libros son inmortales y las películas no. Si algunos maravillosos escritores como Sófocles o Aristóteles hubieran hecho películas, hubieran desaparecido. Las películas se van, son extinguibles. En cambio, los libros quedan. Mis películas son un gran olor a pis que hay en mi baulera, porque las películas se deterioran. El cine es una actividad fugitiva, el libro es una actividad perenne.

Aunque este pronóstico fatalista anuncia que se van para siempre, películas como Don Segundo Sombra, Allá lejos y hace tiempo, Castigo al traidor y su último largometraje, La invitación, ya tienen un lugar asegurado en la lista de éxitos del cine argentino.

Entre el fílmico y los libros

  • Manuel Antín nació el 27 de febrero de 1926 en Las Palmas, Chaco.
  • En 1962 dirigió su primer largometraje, La cifra impar, cuyo guión está basado en el cuento Cartas de mamá de Julio Cortázar. Circe (1962) e Intimidad de los parques (1964) completaron la tríada de películas basadas en textos del escritor con quien mantuvo una amistad por correspondencia.
  • En 1962 también dirigió Los venerables todos, texto correspondiente a una novela inédita de su autoría.
  • Castigo al traidor (1965) basada en el cuento Encuentro con el traidor, de Augusto Roa Bastos; Don Segundo Sombra (1969), basada en el clásico de la literatura argentina de Ricardo Güiraldes;  Allá lejos y hace tiempo (1977), basada en la novela homónima de Guillermo Hudson, fueron algunas de las diez películas que surgieron de textos de escritores de renombre.
  • Filmó Juan Manuel de Rosas en 1972, un film épico protagonizado por Rodolfo Bebán. En el mismo año también dirigió La sartén por el mango, obra teatral de Javier Portales.
  • Realizó una serie de documentales destinados a la televisión titulada Los Argentinos. En ellos se destacó a personalidades argentinas como Benito Quinquela Martín, Ernesto Sábato, Bernardo Houssay, Amadeo Carrizo y Leopoldo Torre Nilsson.
  • Dejó de dirigir en 1982, luego de filmar La invitación, basada en la novela de Beatriz Guido.
  • Fue director del Instituto de Cine (actualmente INCAA) entre 1983 y 1989, años que el gobierno estaba en manos de Raúl Alfonsín.
  • En 1991 fundó la Universidad del Cine, en el Teatro de la Gran Aldea de San Telmo.
  • En 1994 el Fondo Nacional de las Artes de la Argentina le otorgó el Gran Premio Anual por su trayectoria cinematográfica, educativa y cultural y en 1995 obtuvo, por su trayectoria, el Premio Universidad de La Plata.
  • En 1996 se estrenó Moebius, una película de ciencia ficción producida y financiada íntegramente por la Universidad del Cine.
  • Actualmente dirige la institución que creó, que cuenta con más de 1200 estudiantes y gran participación de extranjeros.