Qom aguante

Los días pasan y nadie los atiende. La vergüenza de hacerlos noticia solo cuando cortan una avenida sí se hace presente, cuando desde el Estado se los desoye. Entre amagues de represión, una ceremonia en el asfalto de Buenos Aires.

La tensión quedó atrás. Los camiones hidrantes de la policía se fueron y la alarma de represión pasó tan rápido como había llegado. Los Qom decidieron levantar el corte total de la avenida 9 de Julio aunque se mantuvieron cortando la mitad de una de las manos, acostados sobre el asfalto, con mantas, rodeados de botellas, envueltos en cadenas. Un improvisado cerco, hecho con maderas los protegía de la furia de la calle, la bronca, los insultos. “Vayan a laburar”, gritaba, en un momento de ridícula valentía, un taxista. A laburar, claro: cómo esperar que ese tipo evidentemente sordo de tantos bocinazos y ciego de tanto Radio 10 entienda que no, que no laburan bajo un patrón, que no cobran un sueldo a fin de mes ni que tampoco están ahí, viviendo en la calle, cagándose de frío, de calor, de hambre sin esperar un plan social o un subsidio. Están allí reclamando las tierras –

sus tierras- ancestrales, las mismas que Insfran, gobernador de Formosa permite apropiar a grandes terratenientes firmando los títulos de propiedad con la sangre de Roberto López, derramada por la policía formoseña el año pasado. Obvio que no va a entender que existe un pueblo en el norte argentino que produce sus propios alimentos, que caza y pesca y que vive según sus costumbres. No lo sabe, ni tampoco lo entiende. Como tampoco lo entiende el personaje de reducción estremecedora que les gritó: “A Bolivia se tienen que ir, ésas son sus tierras”. Afortunadamente los Qom hacen caso omiso porque además saben que esos son los menos, esos vestigios de personas que creen y esperan vivir en el progreso de una sociedad occidental y cristiana, dos características que no son más que propias del conservadurismo de épocas e ideologías que no tienen fotos a color.

De vuelta a los Qom. Uno de ellos empieza a vociferar: “Vamos a empezar la ceremonia, por favor armen una ronda, un hombre, una mujer, un hombre, una mujer”. Los periodistas presentes se sintieron sorprendidos cuando los invitaban a formar parte. A este cronista no le dieron tiempo a vacilar: un joven de un look similar al de los hippies yanquis de los sesenta le agarra la mano y dice: “No vamos a poder ser varón, mujer, varón, mujer por la cantidad de hombres que somos, así que por ahora dame la mano a mi”, y tomó la mano y la alzó un poquito, las dos apretadas, como un gesto de estar o bien rezando o esperando algo con mucha ansiedad y nerviosismo. Esto por el lado derecho, por la izquierda estaba una joven reticente a tomar la iniciativa de dar la mano, parecía haber quedado enganchada en la ceremonia y ya era tarde para irse, pero no podía o le daba vergüenza seguir la corriente y dejarse llevar. Finalmente, creo que cuando se pidió silencio o quizá un momento antes, las dos manos se juntaron.  La ronda estaba formada y era enorme, ocupaba la mitad de la 9 de Julio cortada y gran parte de la vereda donde está el campamento Qom.

El silencio que se pedía era relativo ¿qué silencio se puede pedir en la 9 de Julio, entre los bocinazos de los coléricos conductores? En conversación con el hippie de la derecha, este curioso pudo enterarse de que era la Ceremonia al Sol y que el agua que se tiraba al suelo y la coca que se incendiaba era un sacrificio para la Pacha. Cuando vertieron el agua  al frío cemento de la avenida se quedó ahí, quietita, en el charquito, por lo que duró la ceremonia, tiempo después el viento empezó a llevársela. La coca quemadas y sus humos, trágicamente convertidos en una mezcla rara con el smog. No nos encontramos en el lugar usual de estas ceremonias y se nota. Pero solo es porque tuvieron que venir hasta Buenos Aires a reclamar, y aún así no quieren escucharlos.

“Ayaya”, gritaba quien presidía la ceremonia. El hippie explica que era un vocablo de agradecimiento, dudo que sea el significado exacto. No supo tampoco decirme cómo se escribía. Todos respondían: “Ayaya”, aunque las primeras voces eran pocas, la mayoría de los Qom y de algunos que evidentemente habían asistido a otra ceremonia. Los demás quedaron en offside, en el límite de no saber si gritar por fonética lo que entendieron o quedarse callados, quizá, en ese contexto, pasando la misma incomodidad.

Los conductores miraban incrédulos el ritual, quien precedía la ceremonia ofrecía el agua y la coca a los cuatro puntos cardinales. De a poco la gran mayoría se fue yendo, muy probablemente a sus casas. Los Qom, mientras tanto, esperan, un día más sobre el asfalto, durmiendo en carpas y, ahora, además, sin comer, esperando un llamado, una invitación, una recepción o por lo menos un oído del gobierno nacional que los escuche.

***

Por una orden de desalojo presentada por la comisaría cuarta el 30 de abril, los Qom levantaron el corte parcial de la avenida 9 de Julio.

El 2 de mayo finalmente el gobierno nacional los recibió a través de su ministro del Interior Florencio Randazzo. En la reunión, de la que participaron también el Centro de Estudios Legales y Sociales, la Madre de Plaza de Mayo Linea Fundadora Nora Cortiñas y el premio Nobel de la Paz Adolfo Perez Esquivel, resultó, para las dos partes en disputa -el gobierno y La Primavera- “muy positiva”. Los principales pedidos giraban alrededor de la recuperación total de las tierras apropiadas por el gobierno formoseño y la garantía de seguridad debido a los ostigamientos por parte de gendarmes y policías en su territorio.

La huelga de hambre continua.

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