“No hay que aceptar las injusticias del fútbol”

Pepe Romero es el entrenador que más tiempo lleva dirigiendo en un club de Primera divisón. Enojado con las histerias de la pelota, con el resultado como único paradigma de vida y con la prensa amarilla que busca vender a través de Ortega y de Fabbiani, el entrenador de All Boys se sienta a discutir lo que no se discute y explica su admiración por Menotti, en una charla en pleno Tapiales.

El hombre es sencillo. En el medio del frío de una mañana nublada atiende a todos con el debido tiempo. Responde las preguntas de todos los medios con una amabilidad que sacaría de contexto a cualquiera. Se trata del entrenamiento de All Boys, se trata de José Santos Romero, de Pepe. Un entrenador que mantiene su puesto hace 4 años, toda una proeza en este fútbol. Las turbulencias que tuvo su equipo en este campeonato no pueden con él, con su forma de ser. El promedio al cuello, la absurda mediatización de los problemas de Ortega o de Fabbiani, la manija que se le dio a la lesión de Gio Moreno ante su equipo. Serían todas causas justas para que esa mañana casi lluviosa hubiese sido un frenesí, una histeria, una dramatización descontrolada de las cosas. Una tormenta. Pero con Pepe no sucede. Antes de que todo eso suceda corta la tensión con una palabra, con el gesto amigable, con la sonrisa cercana. Deja de lado todos los problemas y cuenta, con los ojos brillosos, anécdotas conmovedoras: “Todavía no pude volver a vivir algo como lo que pasó en el Gigante de Arroyito. Lluvia, garra, un 0-3, el ascenso. Las dos hinchadas nos aplaudían a nosotros. Era un teatro”. Se conmueve. Cuenta profunda y risueñamente otras experiencias pero frunce el ceño, siempre tranquilo, al responder las preguntas que “buscan temas profundos y lindos de afrontar”:

Pepe, ya pasaron cuatro años, ¿cómo hiciste?

Siempre aposté a lo que hice toda mi vida: al fútbol. Me manejé casi siempre con divisiones inferiores y cuando se entrena las juveniles hay que ponerle mucha pasión y no pensar en la remuneración ni en el dinero. Cuando trabajás con adolescentes las problemáticas son mayores y  en base a esa experiencia fui entendiendo todos esos temas, escuchando, aprendiendo, equivocándome. Todas esas experiencias hicieron que cuando me toco dirigir un plantel profesional esté mejor preparado. Por ahí esta la causal. Luego, por supuesto, se conjugan otras cosas como lo futbolístico o poder tener un sentimiento por la idea que uno quiere y que el jugador pueda ejecutarla.

¿Por qué sos una excepción?

Sucede más que nada por los resultados. Es un juego que se maneja siempre con puntos. Lamentablemente, nos ha pasado a todos, perdés tres partidos y te sacan del puesto. Creo que ahora se esta manteniendo un poquito la filosofía de dar continuidad al director técnico. Hay algunos técnicos que están durando en sus contratos. Eso hace que el dirigente piense un poquito en lo que venía haciendo. Es normal que te saquen del puesto. Hoy la gente y los dirigentes evalúan solamente el resultado. No lo hacen por tu trabajo, sino por los números. Eso es difícil de sostener, pero hay que seguir, confiar en uno y luchar para demostrar que las cosas pueden ser diferentes.

¿Es justo qué se maneje todo por el resultado?, ¿es una ley de juego?

No. Es una injusticia y hay que luchar contra eso. He visto técnicos que han trabajado muy bien, mismo en All Boys. Pero como no se daba todo rápido, tenían que irse. El resultado es algo más dentro de lo que uno puede llegar a hacer en el fútbol. Uno trabaja para que el jugador progrese, encontrar un funcionamiento, darle una identidad. Pero el resultado pasa por otro lado y a veces jugás bien y no ganás. Parece increíble, pero eso te puede dejar fuera de un puesto de trabajo. Hay que tener una convicción consolidada sobre cómo jugar y sobre qué lograr con tus jugadores. A partir de ahí ocuparse de si los resultados acompañan, pero sin cambiar tus convicciones. Si el equipo no gana por varios partidos, no estará jugando bien. No es un problema de resultado. Hay que buscar la forma de cambiar el resultado jugando bien. Ahí cambia la opinión. Logrando que cuando se gane ya no se piense solo en que se ganó, sino que se valore que el buen juego que fue la causa. Eso dará los resultados que uno quiere. De la otra manera el resultado no se dará. No se puede.

En tus ideas futbolísticas, ¿qué te aporto César Menotti?

Menotti es lo que uno quiere seguir. No me puedo comparar con él. Ha demostrado que fue uno de los técnicos más valientes que hubo en el aspecto del juego, de programar un equipo dentro de la cancha, ha sido un hombre que tuvo convicciones y no las cambió por más que tuvo una presión enorme de todos lados. Si yo en All Boys siento presión por algún directivo, jugador o hincha, me imagino que él dirigiendo una selección o lo que dirigió Menotti tuvo muchas más presiones. A pesar de eso, no cambió  sus convicciones. Eso es fundamental y hay que valorarlo. Siempre valoró la profesión, defendió al futbolista y al entrenador como trabajador, haciendo cumplir los contratos a raja tabla. Lo que dice Menotti, se ve en la cancha, no es otra cosa. Muchas veces hay técnicos que dicen que van a jugar de un modo y después vos ves el equipo y notas que algo está confundido: el equipo o el entrenador. Menotti siempre expresó una táctica y un estilo, y sus equipos lo respetaron. Intentó hacerlo, ganó y perdió, pero hacer eso es valorar el espectáculo y al hincha, a la gente.

¿Hay muchos técnicos qué hablan sobre el menottismo y después se van para atrás?

Sí, hay. Es más, yo muchas veces he cambiado tácticas por diversas razones, porque el jugador no lo comprende o porque te apabullan los resultados. Lo he hecho. No se si está tan mal, porque siempre el DT debe buscar variantes. Lo de morir con la mía, no lo entiendo. Roza el fanatismo por lo que uno hace. Un técnico tiene que ser amplio, entender todo. Pero hay que ser concientes de que siempre se puede jugar bien al futbol. Los cambios pueden ser positivos si no se resigna la pelota y si no son cambios bruscos.

¿Por eso te dolió qué se haya hablado de un equipo violento en la primera fecha?

No lo tomé bien. No comparto. Siempre he tratado de que los jugadores hagan todo desde lo futbolístico, que tenga un pensamiento de buen juego. No que sea una lucha encarnecida que se haga una guerra. Siempre trato de expresarle al jugador lo que siento y lo que quiero que hagan el la cancha. Lo que debo pedirle es que sea honesto y que no sea malintencionado. Que exprese su futbol como él sabe. Eso a mí me alcanza. De ahí a que le digan mala leche, como salió en un medio deportivo, hay  mala intención.

¿A qué se debe el ensañamiento de los medios deportivos?

Buscan detalles donde puedan enfocar los problemas hacia el entrenador o algún jugador que ha cometido una falla. Eso lo potencian enormemente. A mi me pasa esto ahora con Fabbiani y Ortega. Jugadores que vienen de equipos grandes. Yo conozco las situaciones de ellos, no es que vinieron porque quisieron venir ellos. Siempre digo: “¿Ustedes piensas que si Ortega o Fabbiani estuvieran bien estarían acá?” No, estarían en River o en un club mucho más grande de Europa. Lo que pasa es que como nosotros sabemos todos los problemas que traen recayeron acá. Nosotros quisimos que vinieran sabiendo de los problemas. Entonces no tenemos que alterarnos cuando Ortega falta al entrenamiento o si a Fabbiani lo vieron en Esperanto. Toda la vida hicieron eso, entonces, si lo aceptamos tenemos que saber manejarlo pero no estar dándole palos todos los días por si no vinieron a la practica. Eso es mala intención del periodista. Ellos saben estas cosas y están esperando a que pisen el palito para caerle con toda la maza. Estoy en contra de eso. Uno tiene que tener criterio y evaluar lo que sucede en el grupo y en el entrenamiento.

¿Esa mala intención es para los que no priorizan el resultado o para cualquiera que pise el palito?

El ensañamiento es contra lo que vende. Lo hacen con ciertos jugadores o técnicos. Si a Fabbiani lo ven en el boliche una o dos veces se arma lío. Pero Fabbiani solo no va al boliche, los jugadores salen todos hoy en día. Salen a divertirse, porque tienen la edad. Pueden disfrutar de su dinero y su fama una noche. Es algo normal si lo hace ordenadamente. Siempre se nombra a los mismos. Ortega falta a un entrenamiento y se lo nombra, nosotros hemos tenido otros casos de ausencia en el grupo y nunca salieron a relucir. Así debe pasar en todos los entrenamientos. Son jugadores que por su apellido venden. Ese es el tema: venden.

La mañana sigue nublada, el frío se agudiza. Las personas pasan y lo saludan. Es increíble, por momentos, con la tranquilidad que se expresa. Habla con una sencillez que muerde lo cotidiano. Las palabras están al nivel del piso. Se trata de un deporte y él lo explica.

Tenés un discurso muy terrenal del fútbol, ¿por qué se pone en un plano de vida o muerte al fútbol?

Pasan dos cosas. Yo he pasado por muchas situaciones y nunca tuve ambición de poder. Entiendo que el dinero es importante, pero no es lo único. En el fútbol hoy en día se mira mucho el aspecto económico, hay mucha plata en juego y eso lo hace de vida o muerte, como dicen algunos. También creo que la sociedad entró en un momento en donde se genera violencia sin razón, entonces el ganar o ganar está latente, sino rompemos todo o lastimamos a alguien. Hace poco tuvimos la terminación de un partido por Copa Libertadores que fue una vergüenza. La ambición de poder y del dinero y la violencia que existe hace que el fútbol cada vez sea más dramatizado. Yo trato de manejarme como en la vida, con tranquilidad. Tomando al fútbol, como lo que fue durante toda mi vida, una pasión. Un deporte que me dio siempre alegría. Por eso uno siempre busca la tranquilidad, siempre hablando con el jugador directamente. Sin mentir, dejando todo al descubrimiento. Que sepa entender si me equivoco, pero que entienda que esto es una carrera, no la carrera de la muerte

Los valores que pregonás, ¿son difíciles de explicárselos a profesionales mayores?

Claro, es mucho más difícil. Seguro que ese cambio debe estar en las inferiores. Cuando estuve allí, creo haber dejado algo en los futbolistas. Ellos me lo hacen sentir, recordando conceptos que yo les enseñé. Eso es muy lindo y bueno. Respecto a lo profesional es muy distinto. Imaginá a un jugador como Ortega, como para poner un ejemplo, que a los 17 años jugo un Mundial, escucharme a mí transmitir un concepto de valores quizás él lo toma de otra manera. Pensará, quizás, “y este de donde salió, de que está hablando”. No sé. No sé lo que pensarán los jugadores cuando me escuchan. Yo tengo la obligación de decírselo. Ya sea a Ortega o a cualquiera, si estás conmigo un mes, seis o un año, lo que sea, vas a saber que yo pienso de una manera. Yo no voy a cambiar en ese aspecto. Yo quiero hacer entender cómo es uno y lo que quiero del fútbol. Después si él lo quiere tomar, lo toma y, sino, lo dejará por el camino.

¿Cómo se lucha, desde adentro, contra la injusticia del fútbol?

Se lucha trabajando y jugando bien. El fútbol es simple.

Es simple, es Pepe.

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