Los medios en el primer Golpe de Estado en Argentina

Felix Uriburu, desoyendo los principios democráticos, se hizo en septiembre del `30 con la presidencia de la Nación mediante la fuerza de la violencia militar. Pero el Golpe fue también civil y allí los medios de comunicación jugaron y mucho. Análisis de su rol  y de los mensajes instaurados a nivel nacional.

Para principios 1930 la situación política argentina era más que agitada: conflictos en el seno del partido gobernante, donde los llamados  Yrigoyenistas y Alvearistas se disputaban la hegemonía de la Unión Cívica Radical, los conservadores hacían cada vez más presión para volver a la Casa Rosada, la crisis mundial del ´29 azotaba los bolsillos populares y la economía sentía ya la caída de las exportaciones y de la disponibilidad de préstamos. Más. Un sindicalismo obrero cada vez más numeroso y combativo que desde hacía años ya no dudaba en salir a las calles en pos la defensa de sus derechos… Más. Un ávido, pero aún contenido y oculto, deseo de las Fuerzas Armadas de hacerse del control político nacional.

Este combo explosivo determinaría el primer golpe militar de la historia argentina, luego de que el General José Félix Uriburu, junto con cadetes del Colegio Militar retirase el 6 de Septiembre de 1930 del cargo al Presidente electo solo dos años atrás, Hipólito Yrigoyen. Pero, ¿cuál fue la reacción de los medios de comunicación frente a este hecho? y más aún, ¿cómo influyeron en la percepción de las masas sobre la inestabilidad institucional y la necesidad de un cambio de gobierno?

Antes de responder a estos interrogantes hay que mencionar dos variables claves a tener en cuenta: primero, que la Argentina desde la Revolución de Mayo de 1810 se caracterizó por su profusión de periódicos, que no solo eran consumidas por los estratos altos de la sociedad, sino que con penetración en las clases subalternas, a pesar de ser en ser mayoría analfabeta. “Los trabajadores eran lectores, ya sea directamente porque poseían la capacidad de leer tanto para la prensa en general como los periódicos obreros en particular, o indirectamente porque eran receptores de las lecturas o comentarios de otros que tenían esa capacidad. El acto de leer era una práctica conocida en el Rio de la Plata. La población criolla de las áreas rurales había tenida esa experiencia cuando escuchaban o comentaban las noticias en pulperías, y si las imágenes son también huellas del pasado, la litografía de Juan Leon de Palliére, que se ubica aproximadamente entre 1859 y 1860 en la campaña de Buenos Aires, es un rastro indeleble de esa experiencia: en el centro de la escena el pulpero lee el periódico a los parroquianos.”, resalta Mirta Lobato en su libro “La Prensa Obrera”[1].

Y por otra parte, los medios masivos estaban fuertemente ligados a los sectores más reaccionarios y conservadores de la sociedad, en forma directa con las Fuerzas Armadas y la Iglesia. Por eso no extraña el papel desestabilizador –sin rechazar el innegable agitado estado político general- que tuvieron los diarios durante este período crítico, y menos aún, que vieran como posible y única solución la llegada del Ejército al poder para equilibrar los exaltados ánimos de la población.

Los periódicos lo anunciaban. Con un poco de atención el final era previsible, los mismos temas inundaban las tapas matutinas: rumores de sublevaciones, de golpe de Estado, amotinamientos, supuestas renuncias, aumento del personal policial en las calles…

El movimiento militar del 2 al 6 de septiembre, fecha del golpe, fue descrita en cada tirada. Nueva Época de Salta anunciaba la posibilidad de un levantamiento de la 5ta División el primer día de aquel mes. Su general, Juan Vacarezza, respondía al periódico: “Ni entre los militares de esta guarnición (…) ni entre todos los que constituyen el Ejército de la Nación, puede existir otra preocupación (…) que la preparación de la defensa de la patria” (2/9/1930).  El porteño La Prensa, también de los más influyentes a nivel nacional, notificaba que cadetes del Colegio militar se habían amotinado: “rumores absurdos y alarmantes que contribuyeron a aumentar la nerviosidad (sic)” del Congreso (3/9/1930). Esta misma publicación hablaba de murmullos corridos sobre que “era en Campo de Mayo donde se había producido el levantamiento que pedía la renuncia del Presidente” (5/9/1930). El Litoral, santafecino, anunció el 4 de septiembre que “fue desmentido un rumor de sublevación”. A la vez que su par provincial El Orden destacó un día más tarde, “Medidas alarmistas: han impresionado las medidas tomadas a última hora. Tropas de línea han sido colocadas en el Ministerio de Marina y de la Guerra, ocupando sus ventanas.” Así, en todos los puntos del país se resaltaba que el Ejército estaba cada vez más decidido a tomar por las armas el gobierno. A cada hora los diarios lo predecían.

En otro sentido, también se recalcaba la necesidad del Poder Ejecutivo de desplegar a las fuerzas de seguridad para el control del orden de la Capital. La Prensa incluyó en su tapa del 4 de septiembre notas a este respecto: “Medidas de precaución y acuartelamiento de tropas”,  “Se intensifican las medidas de precaución”,  “La policía intensificó anoche las medidas de previsión ya existentes”.  El Litoral: “más buques (de guerra) en el puerto” (2/9/1930).

También aparecían como constante las relaciones tirantes entre el gobierno y las fuerzas represivas. El Litoral: “Conato de motín de Bomberos”, “Más arrestos militares” (2/9/1930) y “Se habla de cambio de Jefe de Policía” (4/9/1930). La Prensa y Santa Fe anunciarían respectivamente “El arresto de militares” (4/9/1930) y “Militares pasados a disponibilidad” (4/9/1930).

Hasta ahora la realidad descrita era apocalíptica: posibles sublevaciones, control y aumento de efectivos en las calles y enfrentamientos entre el gobierno y las fuerzas… Cabe preguntarse si la realidad plasmada por estos medios era realmente la que se sucedía en las calles, sumado a saber el impacto sobre la sociedad, para que esta terminase por apoyar la salida de un presidente en democracia elegido solo dos años atrás.

Dentro de la misma lógica, también se foguearon los rumores de renuncia: Santa Fe, “se habría pedido la renuncia del señor Yrigoyen” (4/9/1930), El Litoral “Una versión anunciaba que una persona de la intimidad del señor Yrigoyen  habíale pedido que renunciara” (3/9/1930). Un día antes del golpe, La Prensa fue mucho más a fondo e hizo alarde de sus intenciones: “La situación política sigue en trance de constante agravación sin que hasta esta madrugada se hubiera definido en forma alguna la reacción que es ansiosamente esperada”, léase, la caída del presidente.

Si hace unas líneas nos preguntábamos sobre el armado de la realidad que hicieron estos periódicos, sus posiciones o su aparente objetividad, el 6 de septiembre, fecha en que el General Uriburu se apropió de las riendas del Estado, terminaron por clarificar las dudas. Caras y Caretas afirmó que el golpe “pasará a la historia como uno de los hechos más importantes desarrollados en el escenario argentino”. La Prensa colocó en tapa que “Un movimiento revolucionario en el que colaboraron el pueblo y el Ejército depuso ayer al jefe de gobierno”. El Litoral “Triunfó el movimiento revolucionario que estalló en C. Federal (sic) encabezado por el General Uriburu (…) el júbilo popular se desborda en aclamaciones a las fuerzas revolucionarias a su paso por las calles”.

Y así es como se gestó una crónica anunciada sobre el golpe de Estado que, antes de ocurrir, fue lentamente descrito y en más de una forma pedido por los diarios masivos de la época. Una vez consumado el golpe, estos medíos mostrarían su verdadera cara al aclamarla con bombos y platillos… el primero de los tantos gobiernos de facto que habrían de sucederse en la Historia Argentina.


[1] Lobato, Mirta Zaida, La prensa obrera, Edhasa, Buenos Aires, 2009, pp.33.

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