Haiti, la primera Independencia de América Latina

Consideraciones sobre el proceso de Independencia del actual país más pobre del continente, que estalló en rebeliones de esclavos que desencadenaron la Revolución. 1804, algo empezaba a cambiar.

La Revolución haitiana, la que desembocó en la primera independencia de Latinoamérica en 1804 fue desencadenada en última instancia por sucesos europeos. Como colonia francesa, la Revolución de 1789 agitó la realidad político-social de la isla.

Para fines del siglo XVIII se consolidaba un sector criollo protocapitalista vinculado al comercio exterior y al capital, impulsaron el desarrollo de una estructura agraria productiva vinculada con las posibilidades de colocación en el mercado mundial según las particularidades regionales. El afianzamiento en las sociedades coloniales de estos sectores criollos dueños de la hegemonía económica, proporcionó la profundización de las contradicciones con los sectores subalternos. Se trata de los “ricos colonos blancos”, defensores del orden monárquico y principales beneficiarios de privilegios colonialistas. Con los alzamientos esclavos perdieron el control social hegemónico que por largo tiempo detentaron.

Representando un 5% de la población, el sector de mulatos y negros libres plantadores, que ya venían apropiándose en forma creciente de las tierras cultivables de Saint Domingue – nombre del actual Haití-, surgieron con ambiciones de participación social y política heredadas de la Revolución Francesa. Tampoco es que estos mulatos y negros libres revolucionarios estuviesen ideológicamente convencidos de ponerle fin al trabajo esclavo en las plantaciones. En el contexto de una colonia pujante y rica, para que esos reclamos tuviesen lugar habría que esperar a la única clase social que podía luchar por el fin de la explotación esclava: los mismos esclavos.

La disputa entre los mulatos y los “grandes blancos” llevó al enfrentamiento militar: la revolución mulata frente a la contrarrevolución blanca. Los primeros contaron con el apoyo de ciertas tropas francesas, pero solo la victoria pudo ser definitiva cuando se les ofreció la libertad a los esclavos negros a cambio de que se uniesen militarmente activos contra los blancos.

El apoyo masivo de los esclavos –que ya había resultado terminar con los blancos como clase- solo motivados por las promesas de finiquitar con la sumisión y la caracterización como mercancía de que eran cautivos, podía ser cambiante. En ellos yacía una identificación de clase, en cuanto a comprender sus propósitos y objetivos; aún así, no se concebían por fuera de una alianza de clases. Los realistas españoles, en el afán de conquistar una colonia potentada, se articularon con los líderes negros –Biassou, Jean Francois, Louverture- prometiéndoles la libertad si apoyaban su invasión sobre los explotadores oriundos de la isla y lograban conquistar Saint Domingue para la corona española.

Para desarticular la invasión hispana, que se sumaba a ataques ingleses, con una lectura acertada de los móviles de los esclavos, Sonthonax -uno de los comisarios enviados por Francia para pacificar la isla y aliado y representante de los mulatos- proclamó la abolición de la esclavitud en agosto de 1793, otorgándoles la ciudadanía francesa a todos los habitantes de Saint Domingue.

El líder negro Louverture en mayo de 1794 abandonó la alianza con los realistas, y enfrentó a sus ejércitos negros contra los líderes que aún sostenían la coalición con España -.Biassou y Jean Francois-. Los vínculos entre los esclavos dirigidos por Louverture y los enviados franceses que continuaban respaldando intereses mulatos, derivó en el éxito total de esta alianza clasista.

Louverture logró deshacerse de los representantes franceses, sin proclamar la independencia haitiana, pero también sin romper la alianza que lo había constituido como gobernador vitalicio. Sus próximas políticas para revivir la economía se orientaron a garantizarles los privilegios a los mulatos terratenientes, convirtiendo a los antiguos esclavos en peones libres sometidos a un trabajo asalariado obligatorio con prohibición del libre cambio de residencia. O sea que los esclavos fueron prácticamente re-esclavizados en un sistema ahora capitalista pero con reglas de similitud inquietantes.

Queda expuesta la situación: las facciones de los grupos dominantes que más allá de entenderse como independentistas o no, de nacionalistas o no, estaban en brutal pugna por el control de un Estado que por circunstancias históricas atravesaba una revolución. La cuestión era qué iba a resultar de esa revolución. Más allá de la traición de Louverture a sus principios antiesclavistas, para la época los sucesos haitianos se conformaron en las distintas oligarquías latinoamericanas como un fantasma que debía evitarse repetir. Pero aún así, la movilización de las masas para resolver empates técnicos entre esas distintas facciones usando de carnada las promesas de libertad, no se desestimó como herramienta disponible. A la espera de que se conformen lógicas de clase puras y propias entre los subalternos para lograr conformar un proyecto de Estado propio que lo resguarde.


Sergio Guerra Villaboy. El dilema de la independencia. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales.

Kossoc (1968)

Ricaurte Soler. Idea y cuestión nacional latinoamericana. De la independencia a la emergencia del imperialismo. México, Siglo XXI, 1980.

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