El sentimiento no se remata

Comunicaciones es un club que lleva diez años al borde del abismo y meses al filo del remate. Por su ubicación en un pulmón de Buenos Aires es que muchos quieren quedarse con el club, olvidándose de los socios. La Legislatura de la Ciudad elabora un proyecto para frenar la desaparición y, sobre todo, que la Mutual de Camioneros se quede con lo que le pertenece a la institución.

El Club Comunicaciones está en el abismo. En quiebra desde el 2001 y a punto de rematarse. Los socios sufren, se desesperan. La Legislatura de la Ciudad, por unanimidad, quiere salvarlo ¿Íntegramente? No, planean pagar la deuda, restituirle su condición de club social y deportivo a la institución y quedarse con una porción del predio que se encuentra en plena Capital Federal (para construir un estadio público) a cambio de devolverlo a los socios. En la mesa de ofertantes también está la Mutual de Camioneros quien desea hacer un predio exclusivo para los afiliados, desapareciendo, de esta manera, la condición de club, la personería jurídica, los socios y, lo más triste, los colores de Comu.

Los 2800 socios la sufren desde hace años. A lo largo de una extensa historia, donde nunca hubo una elección, la dirigencia siempre estuvo integrada por directivos del Correo Argentino, quien subvencionaba y se iba adueñando poco a poco del club. Con una malversación indiscriminada de fondos por parte del correo, los números dijeron basta y el club se declaró en quiebra. A partir de allí innumerables actores, variables y destinos finales entran en acción.

Según la ley especial de quiebra para entidades deportivas, que estableció el Congreso de la Nación a partir de la quiebra de Racing, se dispone que las asociaciones que entran en banca rota tengan nueve años para intentar sanear al club. Claro que los socios no son quienes toman las decisiones en ese período ¿Quién entonces? El juez de la causa, Francisco D´alessandro, en el caso de Comu, quien elige a un triunvirato, compuesto de tres funcionarios judiciales por un período de tres años para sacar la institución a flote. Luego de los tres triunviratos, Comu recibió la chance de prolongar un año el último y más nefasto período de salvataje (2008-2011), cuya cara visible es Eduardo Finochietto.

Nada cambió.

El club siguió partido al medio.

Y el día D llegó. El Club desaparece o se remata. No hay otra. Por supuesto que la opción de que desapareciera y que el predio quede sin dueño es nula. Las 17 hectáreas que tiene el club sobre avenida San Martín y  Beiro son valiosísimas, un verdadero pulmón en la ciudad. Por eso, el remate es el cruel, calculador y frío destino. Allí están: Moyano y La Ciudad, luego de que Daniel Hadad  se bajara de la competencia, peleando por el espacio a precios insólitos. La deuda es de 11 millones de pesos. El predio fue tasado por el Estado en 168 millones de dólares. Quien pague el dinero de la deuda, cifra por demás insuficiente en relación al espacio que se vende, se queda con el club.

La legisladora del partido Solidaridad e Igualdad (SI), Delia Bisutti, y los legisladores Aníbal Ibarra (Frente Progresista y Popular) y Bruno Screnci (PRO) son quienes encabezan el proyecto para que la Ciudad banque la deuda. Bisutti describe la iniciativa: “El proyecto lo presentamos, inicialmente, junto a Ibarra. El bloque del PRO no estaba convencido, pero junto al apoyo de los socios logramos empezar a debatir un proyecto de ley que fue el que luego se votó en el cuerpo legislativo”. El proyecto al que se refiere la legisladora planteaba, originalmente, la paga de la deuda y la restitución integral del predio a los socios.  Pero “el PRO y el ejecutivo de la Ciudad plantearon que no tenía que intervenir la Legislatura, sin embargo a partir de la presentaciones de los sectores privados que surgieron y el reclamo de los socios se llegó a un acuerdo y el PRO se sumó a la iniciativa”, aclara la legisladora.

¿Cuál fue la condición para llegar a un acuerdo? Qué al pagar la deuda la Ciudad se quedara con 5 de las 17 hectáreas para hacer un estadio público. La negociación tenía el eje en hasta donde se les devolvería a los socios el club. El acuerdo llegó, Ibarra lo explica: “Una cosa es lo que uno considera que es lo mejor y otra es lo que es viable. No tuvimos los votos para lo mejor y, si no se aprobaba algo, el club se lo iba a quedar Moyano. De la manera que propuso el PRO por lo menos se pelea para que no se lo entreguen al gremio. Aunque con la legisladora Bisutti siempre hayamos consideramos que lo mejor era nuestro proyecto, no teníamos votos para aprobarlo, y si se aprobaba lo vetaba el ejecutivo”.

El papel que juega Screnci es crucial. Es la persona que puso el PRO, como representante del partido, en el proyecto de salvataje del club para defender y negociar la delgada línea de lo que se queda la Ciudad y lo que se devuelve a los socios. Socios que van por el mismo bando. Se abrazan, sin más salida, a ese proyecto. Sin importar los nombres y caras que haya detrás, ellos van a estar con quien sea que quiera que Comu siga de pie: tranzan. Así como también van a estar en contra de cualquiera que no pretenda que el espacio siga siendo de los socios: luchan.

La ONG, Todos por el Deporte, está metida en la causa. Ayuda, acerca propuestas, ofrece abogados, hace el enlace entre legisladores y socios. Su co-coordinador, César Francis, defiende “la personería jurídica del club, no sus instalaciones” porque “Moyano quiere terminar con el Club, con la entidad, no con la infraestructura”. Por otra parte, aclara que “quien compre el predio puede quedarse con la plaza en la Primera B Metropolitana”, entonces el moyanismo quiere “mantener las instalaciones y las actividades deportivas, pero la personería del club muere, ya no sería Comunicaciones, los socios no serían más los dueños”. Francis adjudica la tajada que quiere sacar la Ciudad al “gobierno de turno” al decir: “La impronta ideológica (del PRO) no permite que se le dé todo devuelta a los socios, es el mal menor”. Respecto a Moyano el abogado de la ONG considera que es “contradictorio” el discurso del gremialista con sus acciones: “Me hace ruido que una mutual ocupe el lugar que hubiera ocupado Haddad o Barrionuevo. Moyano termina actuando como alguien del mercado.  Me parece raro que un personaje del campo popular termine jugando de la vereda de enfrente. La mutual tranquilamente podría querer convivir con los socios en su propuesta, pero no lo hace. Eso llama la atención, indigna y enoja desde lo ideológico”.

Por último, más últimos que nunca, están ellos: los socios. Con sus contradicciones, con sus rivalidades, con sus broncas, con sus sospechas. No les queda otra que estar unidos, no importa quienes con quienes. El socio Roberto Ruiz, quien recorrió con NosDigital las desatendidas y desprolijas instalaciones del club, se autodenomina “el representante de los socios y los vecinos” y se adjudica la consigna de “No al camionero”, pero aclara que “el problema es contra la dirigencia sindical del gremio, no contra los trabajadores”. Repasa la historia del club antes de la quiebra: “Era un dictadura, no había elecciones. El que levantaba la voz era expulsado. El Correo Argentino siempre manejó el club a su antojo. Cuando terminó la subvención del correo al club (1997, cuando lo compra Franco Macri) lo que estaban robando quedó sin soporte y se vino todo abajo”.  Explica que “el club está divido en quintas”, sectores que son adjudicados a ciertos socios “que cobran un canon” por lo que se recauda en cada quinta. Advierte que “a Ibarra le interesó el proyecto solo cuando le convino”, que él mismo le tocó la puerta e Ibarra “nunca” lo atendió. Ruiz cuenta: “Recibí amenazas de todo tipo, de las diferentes quintas. Me rompieron el auto tres veces”.

Al recorrer el club señala las deficiencias. Una de ellas es que hay espacios subalquilados por el último triunvirato a empresas privadas. Un ejemplo es la zona de estacionamiento para socios donde hoy en día Ford y Chevrolet tienen un depósito para autos 0 KM. Ruiz no confía en algunos socios que dicen luchar por el club, sospecha que “cuando tuvieron que hacer algo y mover contactos que tenían en la AFA no lo hicieron” y ahora que están “en las últimas” aparecen. Pero está “desesperado” y se pone al lado de cualquiera para sacar adelante al club. Respecto a las divisiones Ruiz aclara: “Los muchachos de la barrabrava están conmigo ahora. Dentro Comunicaciones hay socios que juegan en contra. Son lacras, sinvergüenzas que lucran de ciertos sectores del club”. Ruiz afirma que cuando el club se reestablezca quiere “ser presidente y echar a todas las ratas que le fueron para atrás al club y terminar el pacto con todas las quintas”.

Otro socio que está involucrado en la situación del club es Ezequiel Segura, que también dejó su opinión, su sentimiento: “Todos los socios luchamos por el proyecto de la Ciudad”. Segura es dirigente voluntario del club, rechaza la existencia de quintas y desmiente que Ruiz sea el representante de los socios al decir: “Esto es un proceso plural y colectivo. No creo que Ruiz represente a la mayoría de los socios”. Ezequiel descarta que Comu esté siendo manipulado políticamente: “No existe la mínima intencionalidad política porque todo el arco legislativo lo aprobó y Comunicaciones no se identifica con ningún partido, solo con la institución. No es un tema político, es un tema social”. Respecto a la parte que se quedaría el Gobierno de la Ciudad, Segura considera que es “lógico que quieran quedarse con una parte” porque los socios no están esperando “una donación, una dádiva o un regalo”, mientras que Ruiz especula: “Ahora es el mal menor, cuando estemos seguros de que el club es de los socios iremos a recuperar esas cinco hectáreas”.

Sería imprudente no aclarar, o tal vez recordar, lo que muchos saben: Comunicaciones está afiliado a la AFA ¿Esto qué significa? Para algunos mucho, para otros nada. La asociación a la que nunca pareciera rozarle ninguna bala de ningún conflicto, también es un actor clave para entender como llegó Comu a la debacle total, y no solo eso, ya que, Comunicaciones no es un ente divido de la realidad social, es un caso particular que representa, necesariamente, falencias estructurales y generales. Francis, en la misma línea de pensamiento que la legisladora Bisutti, opina: “La AFA no es responsable de lo que pasó en el período de triunviratos, pero sí  es culpable de permitir el endeudamiento del club sin hacer nada, violando su reglamento de control”. Segura, vocal de Club Comunicaciones en la AFA, considera que la asociación “no tiene ninguna responsabilidad, sino que la culpa es de las gestiones de los dirigentes”, mientras que Roberto Ruiz recuerda: “Desde la AFA nunca nos dieron bola, siempre nos bicicletearon y permitieron que la deuda avance y no se detenga.  Como ente al que estamos afiliados deberían haber puesto personas para controlar”. “Yo he ido a la sede de la AFA y me echaron” agrega Ruiz.

Todos, absolutamente todos, coinciden en una cosa; piensan, sienten, sospechan y aseguran que el juez, quien tiene la última palabra en el caso, tiene favoritismo por la Mutual Camioneros. Envía guiños, facilita situaciones, legitima ofertas y deslegitima otras según de quien provenga. Ibarra dijo a Nos Digital: “Cuando vi al juez no tenía puesto el gorrito de los camioneros, pero lo debe tener en el escritorio”. Uno por uno de los entrevistados afirma que la causa no está siendo manejada con la imparcialidad debida. La diputada de la ciudad Bisutti denuncia que “la resolución del juez de no considerar la propuesta de la ciudad es muy arbitraria” y que “la situación es confusa”, ya que, D´alessandro consideró que la oferta que hacía la Ciudad era inaceptable “tergiversando la ley de quiebra” de clubes. Ruiz, Segura y Francis también reconocen “guiños e imparcialidad” de parte de el juez D´alessandro hacia la mutual.

Imposible no mencionar a Ernesto Finochietto, el líder del último triunvirato, como gran responsable de la actual situación del club. Según Delia Bisutti, es el propio Finochietto (fue designado por D´alessandro)  quien “explícito una posición proclive a que el predio se lo quede la mutual de camioneros”. Las pintadas por el barrio esclarecen el sentir del hincha: “Finochieto, andate ya”.  Ya se va, en pocos días todo llegará a su final. El problema ya no es que esté o no, el problema es lo que deja. Esa maldita deuda que se acrecienta. Esa deuda que la Ciudad, con sus imposiciones, quiere pagar.

El dato final es ilustrativo: el predio sale 168 millones de dólares, se remata a 11 millones de pesos; uno, Moyano, quiere poner 11 y llevárselo todo; otro, la Ciudad, quiere poner 12  y llevarse una parte. De estás cifras, nombres y propuestas saldrá aquel que tenga el poder de hacer lo que quiera con el predio. El último cantar lo tiene D´alessandro, lo que preocupa a socios y vecinos del barrio.

La fecha se acerca, la situación termina de definirse. Serán unos u otros. Las malarias ocasionadas ya no serán remontables, pero un nuevo Comunicaciones puede nacer. Sí, resucitar. Para que otra vez, y para siempre, vuelva a ser de los socios. Para que los amados colores, negro y amarillo, puedan ser propiedad privada solamente de un sentimiento y de una pasión.

De nadie más.

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