El arte como herramienta de lucha

Un repaso por el  muralismo mexicano,  cómo un movimiento puede ser algo tan representativo de un momento,  tanto por su contenido como por su forma de ser llevado a cabo.

El muralismo mexicano es un movimiento que surge a principios del siglo XX luego de la Revolución Mexicana, la cual había logrado desterrar del poder a Porfirio Díaz. El Porfiriato fue un régimen dictatorial que perduró por más de 30 años. Durante este tiempo, México llega a un crecimiento económico significativo, pero a costas de los grandes abusos de los derechos de quienes trabajaban la tierra.

Existió un grupo de artistas plásticos que participaron del movimiento muralista mexicano que supo plasmar en sus obras la ideología de la Revolución Mexicana y las ideas de este nuevo gobierno.

La tarea de los artistas que participaron de este movimiento es más que destacable por muchas razones. Estos artistas recuperaron elementos propios de la cultura mexicana, en principio para conformar una imagen que sea accesible y familiar para todo el pueblo mexicano. Pero además esta recuperación implica una intención de crear un arte netamente mexicano que deja atrás los modelos europeos tan promovidos por el gobierno de Porfirio Díaz.

Por otro lado, los muralistas mexicanos proponen un arte democrático que no se postula como una mercancía, como un producto burgués que se puede comprar y vender. Los murales se plasmaron en las paredes de importantes edificios públicos, los cuales podían ser apreciados por todos de manera gratuita. De todas formas, hay que resaltar que este planteo de arte democrático está relacionado con la intención de trasmitir las ideas fundantes del nuevo gobierno. Hay que considerar que la labor de los muralistas mexicanos estuvo auspiciada e impulsada por José Vasconcelos, Ministro de Educación Pública.

Los artistas que se destacan de este movimiento son Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Álfaro Siqueiros. Cada unos de ellos desarrolló un estilo estético y una mirada crítica particular, pero todos ellos dieron cuenta de la nueva realidad mexicana.

A continuación detallaremos los cinco murales mexicanos que mejor retratan este momento político y social de México luego del Porfiriato.

5 Diego Rivera – La Sangre de los Mártires revolucionarios fertilizando la tierra –

Facultad de Agronomía, México D.F.

1926

El personaje de la izquierda alude a la figura del Emiliano Zapata quien participó activamente en la Revolución Mexicana. Es interesante que en este mural no sólo se menciona a personajes que tuvieron un desempeño en la lucha de la liberación del pueblo mexicano frente la opresión y explotación del gobierno de Porfirio Díaz, sino que además hay una recuperación de ciertos valores que se vinculan con la tradición de los pueblos originarios. Para estas culturas la muerte estaba estrechamente vinculada con la vida.  La práctica continua de sacrificios, las ofrendas de sangre a los dioses estaban en función de la prosperidad agrícola. Aquí se plasma esto mismo. Vemos como de los cuerpos de los mártires brotan plantas de maíz, alimento básico de los mexicanos desde los tiempos precolombinos.

4 Diego Rivera – Alianza Obrero-Campesino –

Facultad de Agronomía – México D.F.

1924

Aquí claramente Rivera busca mostrar los logros del nuevo gobierno, que genera una relación más armoniosa entre los distintos estratos sociales. La filacteia que se ubica por arriba de todos los personajes de la composición refuerza esta idea rezando la frase: “Aquí se enseña a explotar la tierra y no a los hombres”.

Como vemos este es un arte del pueblo mexicano para el pueblo mexicano.  La filacteia es tomada de las imágenes religiosas mexicanas del siglo XIX conocidas como los ex-votos. Por otro lado aparece la intervención divina en este pacto social. Más allá de la tendencia comunista de Rivera, él opta por cargar de un sentido religioso sus imágenes para hacerlas más accesible al pueblo que vive una realidad religiosa.

3 José Clemente Orozco – La Trinidad Revolucionaria –

Escuela Nacional Preparatoria

1923 -1924

Orozco en toda su producción artística desarrolla una mirada mucho más crítica de los acontecimientos de la historia pasada y actual de México. Este es un buen ejemplo de ello. En este mural constituye una alegoría de la Revolución Mexicana.

El hombre a la izquierda representa la desesperación y angustia frente a la lucha. El hombre que se ubica a la derecha no tiene manos. Es un hombre mutilado, que también está en estado de angustia y mira hacia el personaje central con un cierto rencor en su rostro, como si éste fuera el causante de sus males.  La figura del medio representa al movimiento revolucionario. Como se observa, este hombre tiene su cabeza totalmente cubierta por un gorro frigio (símbolo de la libertad).

Orozco en esta figura central plantea cómo el impulso de la lucha por sostener una ideología a veces termina cegando a quienes pelean por ella.

2 José Clemente Orozco – La Trinchera –

Escuela Nacional Preparatoria

1923- 1924

Nuevamente aquí Orozco nos muestra una mirada oscura de la Revolución Mexicana. Está por de más alejada de una representación heroica. El artista muestra la fragilidad de los cuerpos, el dolor, el sufrimiento que desencadenan estas luchas sociales.

La disposición de los cuerpos de los dos hombres que se ubican del lado izquierdo forman la figura de una cruz a través de la disposición de de sus brazos y el rifle.

1 David Alfaro Siqueiros – Retrato de la Burguesí –

Antigua Sede del Sindicato Mexicano de Electricistas (SEM)

1939 – 1940

Este mural fue realizado por un grupo de artistas mexicanos y españoles comandados por el grandioso Siqueiros. Aquí se plasman los horrores del imperialismo, la guerra y el fascismo, por ello corresponde más a una visión universal que mexicano nacionalista. La obra está cargada de imágenes simbólicas que remiten a los acontecimientos sociales y económicos de la época, y que desembocarán en la Segunda Guerra Mundial.

En el lado izquierdo del muro aparece una figura humana con cabeza de perico. Corresponde a una representación satírica de un orador demagogo que al tiempo que nos entrega una flor y nos seduce, nos amenaza con una antorcha de fuego. La misma que origina el fuego en el “Templo de la Burguesía” que se muestra en llamas.

Libertad, igualdad y fraternidad, palabras que se queman y quedan perdidas en el tiempo. A su vez, hombres de traje y máscaras de oxígeno resguardan el dinero mientras el águila imperial domina la escena.

En la parte central  se observa la enorme figura de un hombre que carga un fusil, constituye la representación simbólica de la revolución. Esta es la figura más pregnante de este sector, que se contrapone con la figura de la enorme águila imperial y del orador con rostro de perico.

En el centro del mural aparece la máquina que convierte la sangre de los obreros en dinero, bien más preciado de la burguesía.  Aquí queda planteada la visión de Siqueiros en cuanto a la aplicación de la ciencia sin ética y sin sustento social; en concordancia con lo que Josep Renau, artista español comunista que participa del proyecto, le había dicho en 1937 en una conversación: “acero contra carne humana”.

Por último, en el techo de la escalera se representan las nuevas formas de energía. En lo alto vemos la bandera del SME que ondea en la torre mayor como símbolo de una industria emergente donde el trabajador es un actor social y político fundamental para el progreso.

Esta obra de Siqueiros no solo se destaca por la genialidad con la que el artista plasmó los horrores causados por la ambición burguesa de dinero y poder, sino por sus innovaciones estéticas y técnicas. El mural está pintado sobre tres paredes de una escalera que une dos plantas de la sede del SEM. Por ello, para ver el mural en toda su totalidad  el espectador debe subir la escalera. De esta forma se generan nuevos recorridos en la arquitectura. Asimismo, el mural está trabajado a partir de una perspectiva poliangular, además de exagerados escorzos que generan mayor volumen.