Brujería en África: espacio para la violencia, el abuso y la extorsión

La Internacional

Fenómenos propios de la Edad Media se reproducen en los albores de la globalización del siglo XXI en los suburbios del planeta. La vergüenza de la explotación económica a partir de coacciones religiosas

“A la hechicera, no la dejarás con vida”

Éxodo 22:17

Estudios sobre 18 países diferentes del África muestran que un 55% de la población cree en la brujería[1]. En Ghana, un tercio de los habitantes considera que el SIDA es transmitido por “agentes del mal” y no por causas biológicas.[2]

Durante el 2009, 50 albinos –aquellos que sufren un desorden genético por lo que no tienen pigmentación en piel, cabello y ojos- fueron asesinados y descuartizados, siendo vendidas sus partes al mercado negro, donde adquieren un valor muy alto debido a que se suponen contienen poderes mágicos que pueden ser usadas para la magia y curación. En el 2004, en el estado de Edo, Nigeria, aproximadamente 24 mujeres fueron linchadas acusadas de brujas, la misma suerte corrieron otras tres en Cabo del Este, Sudáfrica, solo tres años más tarde. Y así la lista continúa, niños, niñas y mujeres son continuamente acosados o asesinados por una simple denuncia; un comportamiento que la sociedad o las iglesias consideran anómalas ya es más que suficiente para levantar desde sospechas hasta la ira de la propia comunidad.

Sin embargo, parece inexplicable que habiendo transitado un decenio del siglo XXI aún persistan prácticas tan horrendas, comportamientos tan irracionales. Pero pasa, y, ¿por qué? En un estudio realizado hace casi diez años atrás por el Instituto Nacional del Niño (INAC) del gobierno de Angola junto con la UNICEF, describió que la violencia contra los llamados brujos –donde predominan los menores de edad- es una manifestación de la crisis: pobreza, anarquía gubernamental, rápida urbanización, la extrema violencia y el cambio en las relaciones de jóvenes y adultos a causa de 27 años de guerra civil que asolaron esas tierras. Pero a esto se le debe sumar la desolación que generan en los pueblos la marginalidad, condiciones de vida infrahumanas, constantes penurias familiares y falta de un futuro prometedor que permite responsabilizar a los sectores más vulnerables de toda esta situación. No es raro encontrar que estos considerados “brujos” o “poseídos” sean chicos rebeldes, inquietos o directamente que sufran de desórdenes mentales, malformaciones físicas; etc.

También la variable económica está presente: es normal que curas y pastores sean los que señalen públicamente en las iglesias a determinadas personas por “brujería”. Más que cuestión de fe, es un tema de dinero. Los familiares de los condenados inmediatamente deben entregar a la víctima de esta posesión demoníaca a la misma iglesia juzgadora para que lo exorcicen. Pero claro está, el trabajo divino de purificación de las almas y los cuerpos no es gratis: deben pagar onerosas sumas mensuales, de modo contrario, el cura o pastor denegará sus servicios y el brujo será devuelto a la comunidad que verá en él una profunda amenaza. No es raro que más de la mitad de los 200 casos por brujería en los últimos tiempos hayan involucrado a iglesias, generalmente protestantes, escisiones de organizaciones a veces mundiales que deciden recorrer su propio camino.

Así día a día se dan las muertes, día a día niños y niñas tienen que sufrir innumerables abusos en los “centros de tratamiento”, donde sobre sus cuerpos deben tolerar un sinfín de torturas, desde cortaduras hasta ser rociados los ojos con picantes. Los Estados aún no se comprometen.


[1] Radford, Benjamín, http://www.livescience.com/8515-belief-witchcraft-widespread-africa.htmlFecha de Consulta: 18/5/2011

[2] http://www.afrol.com/es/articulos/35777 Fecha de Consulta: 18/5/2011