Alta tensión

La historia no parece real. Vecinos de Berazatagui fueron brutalmente reprimidos tras oponerse a la construcción de una subestación de Edesur que generaría contaminación electromagnética. Pero no quedó en eso. Tras la manifestación los empezaron a filmar, a sacar fotos, a pedirles los documentos cada vez que entran o salen del barrio. “Es volver a las épocas más oscuras de la dictadura”, dicen los vecinos.

El pueblo no cambió de idea: ni antes pudieron, menos ahora. No, ni aunque sigan ahí reconvirtiéndose (nótese: reconvirtiendo, no resurgiendo) en los difícilmente penetrables pasillos de una intendencia de barones o en las cuevas más jurásicas de las comisarias bonaerenses. Pero están y cuando pueden se les salen los límites éticos que nunca tuvieron. Y ahí son, vuelven, se quitan la máscara, con (sin) un Luciano, con (sin) un Jorge Julio, con Ferreyra. En Berazategui están dando cátedra, reprimiendo a los vecinos que se oponen a una subestación de Edesur que generaría contaminación electromagnética (cáncer) a los ciudadanos de las casas y escuelas cercanas. Pero con ellos van a otro nivel, el de la cotidianeidad represiva, el de la individualización, el de Reorganización; van lejos y atrás, al pasado: los tienen vigilados fuera de las casas, en las asambleas; los marcan, les sacan fotos, les piden datos, los filman, los siguen; les piden los documentos, los hostigan y, quizá huelga decirlo, los reprimen. “El barrio está militarizado”, cuenta la vecina Isabel Palacios y resuelve: “Lamentablemente nos hacen acordar la época más oscura de la dictadura”.

El lunes 16 de este mes fue la apuesta más fuerte: desde Berazategui, esquina 145 y 21 hasta la 9 de Julio y Avenida de Mayo en Capital Federal, cortando hasta que los escuchen. Y allí, esperándolos, entre las dos avenidas porteñas, la figurita repetida: un operativo desmesurado para una manifestación integrada en su mayor parte por adolescentes, vecinos de la subestación y estudiantes secundarios de Berazategui: varios patrulleros, efectivos antimotines, policías federales, un camión cisterna y varias camionetas de brigada.

¿Pero qué es lo que piden estos vecinos desde hace seis años? ¿Por qué se movilizaron hasta Capital y no hasta la intendencia de su ciudad?

Empezó en 2005, cuando algunos notaron que habían instalado un cableado que no estaba. ¿Quién se inquieta por unos cables? Nadie o los pocos que saben que eran de alta tensión y que, mirando atentamente, se veía hacía donde conducían, al terreno que está en la intersección de la 145 y 21.

Después se supo, era para la construcción de una subestación de la empresa Edesur, esto es: una planta de alta tensión (132mil voltios). Una central de esta potencia genera inevitablemente un campo electromagnético nocivo. Con un poco de previsión, una planta de ese estilo no debería haberse emplazado en pleno barrio residencial. Y así lo entendió el por entonces intendente de Berazategui, Juan José Mussi, cuando se reunió con los vecinos y les dijo (les firmó en realidad) comprometerse con el repudio a la construcción en ese lugar. Fue más lejos aún: si la justicia no permitía la construcción, quedaría en manos del Ejecutivo, o sea Mussi, levantar o bajar el pulgar. Y él firmó que lo iba a bajar.

Es que si: el medio ambiente y la salud de los vecinos. Actuó ética y correctamente. No creamos que fue porque se acercaban las elecciones. No. No vamos a dejar ese espacio de duda, pero algo olía mal. Después se pudrió.

Efectivamente, la Justicia, representada por el Juzgado Federal Nro. 2 de La Plata, falló en contra de la construcción y, amparado por este fallo, por decreto 785/05 de la Municipalidad (entiéndase, Mussi) las obras se daban por suspendidas. A un paso de canceladas, solo podía revertirse presentándose un estudio en el que, quitando el vocabulario científico, diga que no contamina. Y de esto nadie tenía dudas. Contaminaba. Lo sabe Edesur y Mussi, pero lo saben los vecinos. Lo saben porque también en Ezpeleta instalaron una. Para no agobiar en frases ampulosas, nos atenemos a dos cifras:

140 muertos,

117 actualmente con cáncer.

Los vecinos de Ezpeleta hicieron un mapa de los casos: Edesur creerá que es casualidad que sea en las cercanías de la subestación.

Parecía que en Berazategui tenían todas las de ganar por la salud. Pero se les dio vuelta el comodín, el intendente Mussi se olvidó de su firma y empezó a considerar como inocua a la planta. Raro.

Otra cuestión de por si interesante: los estudios. Los vecinos manejan un volumen de informes académicos y científicos que sustentan la obviedad de la contaminación, pero todos, lógicamente, de otros lugares donde ya funcionan las plantas. Quizá sea ignorado el caso empírico de Ezpeleta (digo: el simple hecho de los vecinos con cáncer) porque el poder exige (y voy más lejos: necesita) estas formalidades, los papers, el sustento burócrata. Y los vecinos tenían unos y ellos nada. Pero lo consiguieron. La Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de La Plata generó un informe de impacto -al que NOS no pudo acceder- que –según explica Adriana, una vecina-  resume que no había certezas de que no fueran inocuas para la salud las radiaciones, pero esto por un simple hecho: el estudio se hizo con la planta sin funcionar. “Nosotros nos basamos en estudios ambientales internacionales donde si hay subestaciones en funcionamiento”, explica la misma vecina y concluye: “Lo que pedimos es un estudio ambiental serio, ¿por qué en los alrededores de la planta de Ezpeleta hay tantos casos de cáncer? Lo que hacemos es ampararnos en el recurso precautorio: si no hay certeza, lo que hay que privilegiar es la salud”.

Volvemos a Mussi. Se cagó en los vecinos, se contradijo: se desdijo. Dio el OK para empezar la obra. Los vecinos no estaban dispuestos a darse por vencido y resignarse de que algunos se enfermen, mueran, total, falta energía (si, es uno de los argumentos del municipio). Con el sí oficial, Edesur pone manos a la obra. ¿Y estos murales contra la subestación? ¿Y estos tipos que no nos dejan laburar tranquilos? A cada cosa, su solución:

Para lo primero, destruir las expresiones artísticas. Chau murales. Este terreno es mío.

Para la segunda, reprimir.

Bien sabemos que Edesur no maneja la policía. Ni es la que ordena reprimir.

Esto nos lleva al señor intendente Juán José Mussi. Una pequeña reseña:

Un pejotista de pura cepa. En 1973 hizo su primera candidatura a senador provincial y en 1987 fue por primera vez Jefe Comunal de Berazategui. En 1991, con el comienzo del menemismo y en pleno funcionamiento del aparato que hoy llamamos “duhaldista”, fue reelecto. Justamente, hablando del Cabezón, éste lo convocó como ministro de Salud bonaerense.

Si, Mussi es doctor.

El nuevo milenio lo vio convertirse en el secretario del PJ provincial y estuvo, luego de la crisis, sentado en la Secretaría de Estado de Duhalde hasta los primeros meses del gobierno de Néstor Kirchner.

En 2003 volvió al ruedo y fue electo nuevamente intendente y reelecto en las elecciones de 2009.

Hoy el intendente interino es su hijo, el abogado Juan Patricio Mussi porque su padre fue designado por Cristina Fernández de Kirchner en diciembre de 2010 para reemplazar a Homero Bibiloni en la Secretaria de Medio Ambiente de la Nación (repito: Medio Ambiente).

La lucha de los vecinos no se detuvo nunca desde la represión de 2005. La profundizaron. Lograron que no se siga construyendo la subestación y conformaron una organización basada en asambleas vecinales. Sin embargo estaba latente la decisión. Y el climax llegó el pasado 2 de mayo.

Se falló a favor de Edesur, ese fue el detonante. Los vecinos sabían que era inminente la llegada de los obreros para seguir la construcción, así que acamparon, vigilando a toda hora el ingreso. A las 3:30 del 2 de mayo un operativo de 150 (ciento cincuenta) oficiales reprimieron violentamente a los acampantes para liberar la zona y dejar a Edesur trabajar en paz.

Vuelvo a repetir: Edesur no es quien da la orden. Ni los síes.

Decir que hubo 16 heridos y que quitaron cámaras y celulares con los que se filmaba es poco teniendo en cuenta lo que después vino. Mejor sería que lo cuente Adriana, que allí vive:

“El barrio está militarizado. Hay efectivos de la bonaerense, prefectura y gendarmería. Hay un vallado de tres cuadras a la redonda de la obra en donde te piden los documentos para pasar. No se podía circular. Cuando salíamos de las asambleas nos vigilaban y nos seguían civiles sin identificar. Nos amenazaban con cagarnos a palos”.

Cuando Isabel, la otra vecina, dijo que se acordaba de las peores épocas de la dictadura, no estuvo errada.

Por todo esto –todo, la subestación, la represión salvaje, la militarización del barrio-  marcharon a Capital acompañados por movimientos políticos que rara vez se ven juntos: desde la ORT (Organización de Trabajadores Radicales) hasta el Movimiento Teresa Rodriguez pasando por el Partido Obrero y Proyecto Sur. El doctor Mussi padre, desde su hipócrita secretaría, miraba preocupado las imágenes por la tele.

Comments are closed.