Alameda se planta

Desde el 2001, una Asamblea Popular derivó en una organización que lucha contra el trabajo esclavo. La vida en los talleres clandestinos en la boca de una agrupación que pelea fuerte contra la explotación y el abuso a inmigrantes. Ofreciendo una diversidad de actividades y proyectos que apuntan al cambio a través de la concientización, Alameda combate esta hiriente realidad de explotación humana. Con el cuerpo, con cabezas y bien enraizados en la idea

Quién se la jugaba diciendo que de ahí podía salir algo positivo, cuando escuchábamos en el 2001 “el último que apague la luz”, cuando la desocupación superaba el 18%, cuando la pobreza subsumía a 11 millones, cuando la represión dejaba vidas sin vida en Plaza de Mayo, cuando nadie daba nada por Argentina. De toda esa violencia y del caos, muchos aseguraban que nada bueno podría resultar. Pero quedaba la gente.

De esa misma crisis y de la organización de vecinos en las plazas de los barios, nace la Asamblea Popular “20 de diciembre” de Parque Avellaneda. Los mismos protagonistas de esta historia cuentan que se reunían con el único objetivo de armar una olla popular.

Fue esa Asamblea Popular la que terminó gestando este movimiento que hoy explica Facundo, uno de sus integrantes, el por qué de su nombre: “Tomamos un local abandonado que funcionaba como pizzería para organizar un comedor y así se llamaba  y así le quedó: la Alameda”.

El comienzo de otra lucha

En el mismo comedor, espontáneamente, empezó a hablarse de la existencia talleres clandestinos y de la necesidad de denunciarlos. Los vecinos primero empezaron a conocer cómo eran los procedimientos legales de esos establecimientos y empezaron a hacerles escraches. Pero no fue fácil. Con eso, vinieron los primeros intentos de sabotaje: “La propia comisaría de nuestra jurisdicción nos quiso prender fuego, nos tiró piedras y balazos” comenta Facundo, quien detalla la manera que tienen de proceder para evitar aquello que les vaya a plantear la policía: “Tenemos diez millones de denuncias contra la comisaría 40, no contamos con ellos. Ante cualquier problema nosotros nos contactamos con la defensoría y ellos se comunican con la fiscalía, que está obligada  a mandarnos un patrullero”.

Poco a poco, la organización se fue curtiendo en la esfera jurídica y a medida que fueron adquiriendo experiencia, se dieron cuenta de que si no entregaban las denuncias con datos precisos las causas no avanzarían. A partir de ahí, la idea fue brindar a la justicia las investigaciones encaminadas con fotografías, con videos (con cámaras filmadoras que ellos mismos compraron para hacer cámaras ocultas), con direcciones, con nombres, con documentos, para poder sobrepasar las negligencias de los fiscales e, incluso, una ley de trata que es –según Facundo-, “muy mala, no sirve y hay que modificar”.

Cómo funcionan los talleres clandestinos

“Nosotros pensábamos con total ignorancia que estos talleres eran casos aislados y de marcas chicas. Después nos dimos cuenta que no, que las grandes marcas tienen el 70% u 80% de la producción fabricada en talleres clandestinos. Generalmente, lo que hacen es tener dos o tres talleres reglamentarios, en blanco, divinos, y el resto de la producción todo en negro. Levis, por ejemplo, tiene tres talleres en Argentina y supuestamente con eso abastece a todo el país, lo que es prácticamente imposible. Y así, casi el total de las grandes marcas”, sentencia.

Para explicar qué lo que sucede con la gente que trabaja en talleres clandestinos, Facundo nos ubica en el mapa: “Antes de trabajo esclavo, primero se habla de trata. Gente que toman en otro país (Bolivia y Perú casi en su totalidad) o en provincias argentinas más pobres y las traen con promesas de trabajo en buenas condiciones: en blanco, bien pagos, cobertura médica. Finalmente, los tipos viven en el mismo lugar que trabajan, están expuestos a trabajar doce horas por día, viven, comen y tienen sus chicos en el mismo lugar, no les pagan o les pagan muy poco, obviamente no están registrados ni tienen ningún tipo de cobertura ni nada. En los casos mas graves sus hijos no van al colegio, no les dan permiso para ir al hospital, ni para ir al baño. En general tienen tres comidas que son muy malas. Les dan puré mezclado con pan para que sea más fuerte o mate cocido con pan de ayer. Los dejan salir únicamente los sábados al mediodía y los domingos. Bajo estas terribles condiciones, se habla entonces de reducción a la servidumbre”.

Por lo general son gente muy pobre que viene sin conocer sus derechos, que están muy asustados. Se tarda mucho en que tomen confianza. Lo que los mantiene atados es el miedo. Los bolivianos dicen que los argentinos odian a los bolivianos y los amenazan con que si los agarra la policía en la calle los deporta, que se queden callados, el silencio es salud. Cosa que no es así, si hay alguien que tiene leyes laxas para los inmigrantes son los argentinos.

Explotación sexual

Así como con el tema del trabajo esclavo también salta a la luz el tema de la explotación sexual. “Primero eran casos aislados de chicas que venían o familiares que decían que desaparecían” dice Facundo, y entonces, empezaron a investigar  y se dieron cuenta de que eran mafias dedicadas a esto. “Operaban en Constitución, en Retiro, en Liniers, en Congreso y en diferentes partes de la ciudad de Buenos Aires”.

Otra modalidad es traer a las chicas también con falsas promesas. Cuando llegan tienen deudas por el pasaje, la ropa y la comida. O vienen engañadas a cuidar chicos, o como personal de limpieza, o como mozas.

Terminan siendo esclavas, viven y “trabajan” en el mismo lugar y las puertas se cierran del lado de afuera.

“Donde hay prostitución en general hay droga, en general hay armas, en general hay menores y en general está la policía. El mayor problema de acá es la policía. Ellos saben donde están los lugares, donde hay menores, donde no hay, todo. En general la policía es la que regentea los lugares, es la dueña de los lugares, es clienta de los lugares y, sino, cobra la protección. Entonces vos haces un escrache a un prostíbulo y vos sabes que el cana al otro día en vez de tres mil, pide cinco mil pesos”.

Trabajo esclavo en el campo

Ahora la Alameda también está descubriendo y metiéndose a fondo con el trabajo esclavo en el campo. “Es impresionante la cantidad de gente que trabaja en condiciones inhumanas y en cuantía. En Mar del Plata, el último allanamiento en Batán, data de  dos campos con cuatrocientas personas poniendo su fuerza laboral, ninguna registrada y el 80% o 90% bolivianos: no podían salir, no podían ir al colegio, no entraban los médicos, y la policía estaba al tanto de esta violación de derechos porque, en cuanto te acercabas al predio, te venían a preguntar que andabas buscando y te pedían no muy amablemente que te retires.

Las cooperativas de trabajo

En el 2005 el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, a través de la Secretaria de Políticas Sociales y Desarrollo Humano, les aprobó el apoyo financiero para poner definitivamente en marcha cinco pequeños emprendimientos productivos en el marco del Plan Manos a la Obra.

Eso no fue suficiente, porque años más tarde, la Cooperativa de Trabajo Textil “20 de diciembre” comenzó a tomar forma a partir de un allanamiento que se hizo en distintos talleres donde se decomisaron máquinas y que fueron pedidas al juez para que queden a su disposición. Esto, junto con otro decomiso muy importante que se hizo, el juez Federal Torres, donó otra importantísima cantidad de maquinas de muchísimo dinero. Lo que hicieron fue conseguir un lugar y algunas de esas maquinas fueron a parar a  un Centro de Confección de Ropa ubicado en Barracas, llamado Polo Textil, manejado por el INTI y diferentes organizaciones cooperativistas, que entre otras está Alameda. El resto de la maquinaria motoriza la cooperativa que funciona en el local de Alameda en Parque Avellaneda, en el piso de arriba del comedor.

Alameda hoy

Alameda se junta a las siete de la tarde los jueves y ahí se debaten todos los temas, desde qué pasa en el comedor hasta cuál es la próxima denuncia penal que se va a hacer. Alameda labura hoy con dos cooperativas, Polo Textil en Barracas y la del Parque Avellaneda. Alameda tiene su propia marca de ropa, Mundo Alameda. Alameda sigue manteniendo el comedor de lunes a sábado de una a dos de la tarde. Alameda también tiene una biblioteca popular, un taller de emprendimientos en cerámica y otros de inglés, ajedrez, apoyo escolar y computación. Alameda brinda asesoramiento gratuito porque los abogados laburan ad honorem, convencidos de que la única nafta es el compromiso. Alameda denuncia, investiga y hace escraches a través del gremio de costureros que crearon ellos mismos, la Unión de Trabajadores Costureros (UTC), en respuesta a la desidia del Sindicato Obrero de la Industria del Vestido y Afines (SOIVA) que hace agua en esta coyuntura de la explotación y el abuso.

Pero ahí no termina todo. Luchando con el corazón, batallando con ideas y sumando voluntades lograron construir determinado  prestigio, aunque todavía, ellos mismos afirman: “no logramos ninguna sentencia ejemplificante o importante que sirva para que el resto de las marcas garanticen por miedo o por rigor aunque se una buena parte de sus talleres en regla. Alameda no para. Porque alameda es lucha.

Alameda es autónoma de cualquier partido político y de cualquier gobierno. Porque se da el lujo de denunciar a quien sea, con total libertad. Es por eso que afirman: “No recibimos plata de nadie”, porque saben muy bien que “es imposible que exista un sistema de explotación tan grande sin complicidad política”.

Alameda no se pierde en esta varieté espectacular de actividades solidarias porque su objetivo es claro: “No vamos a hacer asistencialismo, vamos a concientizar acerca de la existencia y del funcionamiento de un sistema de explotación que ataca principalmente a las clases más vulnerables”. Queda claro que estos tipos no van a parar. Alameda se planta, o mejor dicho, ya se plantó hace rato.

Las marcas esclavistas denunciadas. Entrá y buscá

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