30 años buscando un amor

¿Cómo abarcar en unas líneas lo que fue Bob Marley? ¿Cómo resumir su vida? ¿Enfocarse en lo musical, en lo político, en su vida privada, en su rol de mensajero rastafari? Podría ser que, a treinta años de su muerte, no haya más que aceptar que fue una síntesis de todo eso y algo más

Que fue un músico, que con sus ritmos hacía política, se metía en esas cosas que estaban todavía en discusión: el colonialismo, la pobreza del tercer mundo, la dignidad de los negros en todo el planeta. Porque para la década del ´70 todavía estaban vigentes el apartheid sudafricano, el rhodesiano y…el norteamericano, una sociedad que seguía negándole empleos, educación y salud a una gran parte de su población por su color de piel.

También era creyente, pero de una religión en la que preponderaba un sentido igualitario de las personas: hablaba de Jah, pero al cantar Jah decía “ninguna de mis semillas deberá sentarse al costado y rogar por pan”. Creía en Haile Selassie I, emperador de Etiopía aún en tiempos de Bob, como el nuevo mesías, la encarnación viviente de Dios. Este ser divino era ante todo negro, y su alianza con lo supremo se manifestaba en sus palabras. Bob le respondería a un reportero que le preguntó si creía en Selassie: “¿Quién dijo las palabras correctas? Dios mismo dijo que (no habrá más guerras) hasta que el color de piel de los hombres no tenga sentido como el color de sus ojos. ¿Quién más dijo eso? Este hombre estaba en lo correcto. Estas son palabras divinas, son palabras ciertas”. Entonces siempre desembocaba en los mismos conceptos: libertad, igualdad…

Cantó del amor y del respeto por los demás. Pero no solo construía con frases, vocales y consonantes. Actuaba. Demostrándolo dio una gira por África, ante los Estados que se iban independizando del yugo de la colonización. Por eso, ofreció un recital gratuito ante 300 mil personas en Zimbabwe durante los festejos de la independencia –el 18 de abril de 1980-, país al que le dedicó una canción con el mismo nombre. Más que canción,  himno libertario. Cuando se trataba de la lucha por la descolonización del continente negro no dudaba en el poder de las armas como método: “Brazo y brazo con armas, vamos a luchar este pequeño conflicto”.  Soñaba con la unidad africana, esa esperanza de continente unificado por una historia de pena y sufrimiento, por un porvenir mejor para sus hijos. No dudó en meterse de lleno en los conflictos políticos de su país, lo que le valió un atentado: una balacera sobre su hogar, balas que lo penetraron. No le importó, dos días más tarde, el 22 de abril de 1978 reapareció en público dando uno de sus históricos recitales, el One love peace concert, donde los dos políticos enfrentados en una guerra civil que carcomía vidas en las calles jamaiquinas, se unieron y prometieron el fin de las hostilidades y elecciones libres…todo bajo la mirada de Bob que tomó sus manos y las unió como muestra de compromiso.

Y molestó a los demás con su defensa de la marihuana, no como herramienta para divertirse o simplemente “pasarla bien”, para él significaba mucho más. Era un medio por el que se podía ver más allá, el hombre podía dar un paso al costado y ver la opresión, el dolor y la miseria que ocasionaba el sistema. Además defendía que era mejor la hierba antes que los pobres y marginados tomen drogas duras como el crack o la heroína que los vuelve locos. La marihuana, en cambio, los calma, nunca los haría cometer actos violentos; todo lo contrario, les permite meditar…

Con esto, no queremos prodigar una supuesta perfección, ni santificarlo, ni no concebir equivocaciones. En absoluto. Solo remarcar la lucha de un hombre que nació en la miseria más absoluta y se superó a sí mismo, que pensó en el bienestar de los que también padecían. Que luchó y estuvo a punto de pagar con su vida en más de una ocasión. Que no tuvo miedo de decirle al mundo que detrás de toda la moral de la sociedad, había explotación y guerras, que nunca se acabarían “hasta que la filosofía en el cual un hombre se sitúa como superior, y el otro como inferior sea final y permanentemente  desacreditada”. Y todo en la voz de un negro, un pobre,  un revolucionario. Por eso la CIA lo hizo espiar por alborotador, por subversivo. Porque significó la última voz combativa de la raza negra.

Porque hasta el día de hoy suenan sus canciones, siguen generando algo en nuestro interior que hacen que nos den ganas de bailar o de ir y pelear por un mundo mejor. Porque es por eso que se hacen eternos los hombres, es en esa capacidad de dar un mensaje que dure para siempre. Y Bob, más allá de haber dado su último suspiro un fatídico 11 de mayo del 81, seguirá entre nosotros recordándonos esas cosas tan incómodas que muchos prefieren nunca ver…

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