Un Vial lejos de la vialidad

Una manifestación de vecinos en Vicente López que buscaba impedir que construyeran un Vial Costero terminó en una represión policial. Agrupados y autoconvocados, los habitantes tratan de cuidar la naturaleza de la zona. La historia de una empresa que trata de preservar sus negocios.

Los camiones iban a entrar por Arenales, pero los árboles vivientes les bloquearon el paso. Enfilaron nuevamente por avenida del Libertador, aceleraron y trataron de, una cuadra más adelante, ingresar por Yrigoyen pero los árboles vivientes –dos- junto a un grupo de menos de veinte personas corrieron y bicicletearon hasta no dejarlo ingresar a la obra por la nueva acceso. Lo lograron: los tres vehículos estacionaron al borde de la vereda y no llevaron los materiales a la obra del Vial Costero, en Vicente López. Eran las seis y media de la mañana del miercoles 30 de marzo y los manifestantes anti-vial, agrupados en Unidos por el Río, festejaban.

Tres mates comenzaron a girar. El objetivo estaba cumplido: frenar las obras; ahora a mantener el bloqueo y desayunar. “Si no empezamos a trabajar a mi no me van a pagar el día ¿quién me lo va a pagar? ¿ustedes?”, les decía un obrero a los manifestantes, dejando entrever la política de la empresa constructora que sabe, más que nadie, que la culpa no es de sus trabajadores pero, de esa forma, pone a los obreros en contra de los bloqueos y responsabiliza a los manifestantes de cualquier eventual despido o falta de pago.

Sin embargo, el clima general era inexplicablemente calmo: los periodistas ya habían hecho sus preguntas y ahora se sumaban a la ronda de mate o descansaban bajo el reciente sol en reposeras que algunos habían traido. Ningún nuevo camión apareció: cosa rara para un megaproyecto como ese. Al poco tiempo Fernando (o “Keops” como lo llaman sus compañeros) recibe un llamado: los camiones están entrando por el camino del vial, bordeando la costa. Y así fue, entraron. Toda la convocatoria no alcanzaba para apostar gente en la cantidad de entradas y frenar a los camiones todo el día era como retener agua con la mano, se filtraban por cualquier puerta o tiraban abajo enrejados si era necesario.

En camino del Vial (el segmento que ya está construido) va bordeando el río y se accede por las calles (que no están bloqueadas) que cortan Libertador. Por allí, por alguna, entraron los camiones que la única resistencia que se encontraron era dos chicos que trataron de frenarlos. Dos pibes contra diez guardias de seguridad de la empresa que, a la fuerza y de los pelos, los sacaron del camino y los camiones entraron. Cuando Keops y los demás llegaron ya era tarde: la obra arrancó su jornada y los guardias se reían desde atrás de la reja. “¿Por qué no me defendiste cuando me cagaron a palos?”, le gritaba uno de los jóvenes golpeado por la seguridad privada a uno de los quince polícias provinciales que había apostados. Silencio. Que quién te golpeó, que yo no ví nada. Silencio, le dan la espalda.

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El 23 de diciembre de 2004 se acordó que fuera la última sesión del año del Honorable Consejo Deliberante de Vicente López. Por ser la última, no debían quedar cabos sueltos, por eso, para está sesión había 300 expedientes a tratar. Uno de ellos, el proyecto de un Vial Costero. La sesión –según el consejal Carlos Roberto (Partido Socialista/GEN)- se puso bastante caliente y discutida. Esto provocó que 20 consejales se fueran del recinto sin declarar cuarto intermedio ni nada por lo que, los cuatro consejales restantes, a las 3:30 dieron por levantada la sesión. Pero los veinte que se fueron volvieron. Volvieron, votaron y aprobaron el proyecto del Vial en una sesión que duró hasta las 9 de la mañana del día siguiente.

El consejal Roberto cuenta: “Cuatro veces tratamos de impugnar la sesión y solo logramos que la justicia la declare como ‘problema interno’ aunque admitió que fue una ‘sesión irregular’”. Un problema interno significa: se resuelve por votación de 24 consejales, de los cuales 20 legitimaron esa sesión. Fue votada como válida dos años después.

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El Vial Costero: Es un mega proyecto que escapa, por lejos, a la vialidad. Pero empecemos desde ella definiendolo. Consiste en una avenida de cuatro carriles (dos en cada sentido) que bordeará la costa del Río de la Plata por todo Vicente López, desde la General Paz hasta el límite con San Isidro. ¿Para qué? Como vía de alivianar el transito de Libertador.

No no, en serio ¿para qué?

Como acceso fácil al shopping, al estadio techado para 12mil personas, a los monoblocks y al hotel que, a partir del vial, se van a inaugurar.

Momento: ¡¿qué?!

Si si, un shopping de 400 locales y 15 salas de cine. ¿Y quién es el dueño de este complejo? El grupo La Ribera Shopping de Carlos De Narváez (hermano de Francisco) junto a Carrefour y La Nación. La firma de supermercados aportó capital porque le conviene el nuevo acceso (NR: Una sucursal enorme está en avenida del Libertador y Laprida), La Nación porque va a tener unas oficinas del complejo y el Ribera está chocho con la autovía que le deja los clientes en la puerta.

Porque La Ribera Shopping fue quién presentó el proyecto del vial ¿no dije ese detalle? No: porque si bien se sabe, nadie lo dice. De Narváez quiere un acceso cómodo por eso además los vecinos cuentan que están contemplados proyectos de estacionamientos y rotondas en el vial.

Bueno, si De Narváez se paga toda su fantasía comercial. Ahí él.

¿Qué? ¡¿Lo paga el Estado?!

El Vial Costero (sin el shopping, el estadio y demases que sí paga el grupo inversor) le cuesta 54.871.443 pesos al Estado. Este monto solo contempla las 13 cuadras del primer tramo de la obra que va desde la General Paz hasta Hipólito Yrigoyen. Según las agrupaciones vecinales en contra del proyecto todavía hay cosas que no están definidas como la conexión con Capital Federal.

-¿Y el Círculo Militar?- le pregunto a “Keops”, el de Unidos Por el Rió, sabiendo que el tramo del Vial está pensado pasar por ahí. “Ya lo compraron, ya está todo arreglado”, me responde.

¿Qué pasará –me pregunto- con los demás predios (públicos y privados situados en la costa? Hasta ahora, uno tras otro fueron cayendo en manos de la compra de tierras: el area pública de la ribera, el “Bosquecito”, el campo de deportes Nro.3, el Club Scout y el circuito de bicicross. Quedan espacios que –según los vecinos- no se van a vender, como la reserva ecológica enmarcada en el límite con San Isidro.

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Iris Di Giano me aclara: “Nosotros no somos los que van a parar camiones”. Marca la diferencia. Ella es la vocera de Vecinos de Vicente López (VVL), otra organización que lucha contra el vial, “la iniciadora de la protesta”, afirma. “Los demás no avanzan en nada sobre lo legal. En nada”, aclara Iris quién además asegura que ellos no toleran la exposición mediática que tiene la otra organización (entiéndase, Unidos por el Río); no soporta eso ni a los medios, con los que está en batalla: “Clarín tergiversa todo y no sólo miente sino que arrastra a los medios chicos locales para que lo sigan. Y en esos medios son dónde se pasea la otra organización”. “Nosotros tenemos derecho a la información, no nos quisieron publicar nada”, comenta indignada.

En lo legal, que ella reivindica, consiguieron, sí, varias victorias. La Justicia reconoció que el proyecto no cumple con el Manual de Evaluación y Gestión Ambiental para Obras Viales (MEGA II). Y, a pesar de que el primer tramo del vial se está terminando, es optimista con el segundo: “Es imposible que se haga”. Además, Iris impulsa la causa contra la represión del 16 de marzo pasado, cuando la policía desalojo a la fuerza el campamento ubicado en lo Bosquecito. Durante la redada ligaron golpes los acampantes, los manifestantes anti-vial y hasta el consejal de la Unión Cívica Radical Gustavo Di Benedetti. “Nosotros nos solidarizamos con el acampe y mantenemos el compromiso de impulsar la causa pero en la práctica tenemos diferencias con la otra organización”, concluye.

Iris en particular y VVL en general, fatigaron todo lugar que posibilite la demostración de que el proyecto del vial es ilegal. stuvieron en la Cámara de Diputados de la Nación, recibiendo el apoyo del PS, GEN, Proyecto Sur e incluso el oficialismo. También recurrieron a Vialidad y a las autoridades del Distrito. Iris asegura: “Yo ya probé que no cumplen la ley”.

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Están emplazados entre avenida del Libertador y el río. Aburridos, blancos, iguales, inconclusos. Uno al lado del otro, los nuevos monoblocks hacen guardia a la costa. La mayoría de ellos está en la última etapa de construcción. Bajando hacía el río, por Yrigoyen, se ingresa en un concierto de martillo y máquina que mezcla las obras del vial con los de limpieza de terreno y con la obra de los edificios. Poco queda de lo que antes había. Parece una calle cortada, tomada por obreros. En una esquina se ve un bar, cerrado con tapias en las ventanas. A la derecha, un terreno de escombros. En el medio, un árbol que se mantuvo altivo. Ese basural, futura construcción, es lo que queda del boliche Ku Olivos.

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El 16 de marzo fue el día que los vecinos recuerdan como el de la represión. Doscientos policías se ocuparon de desalojar a la fuerza el acampe en “El Bosquecito” a las seis de la mañana. Hubo siete heridos y seis detenidos pero queda el recuerdo casi heroico de los vecinos, subidos a los árboles, evitando que sean talados.

El consejal Roberto reivindica la lucha vecinal y explica su postura: “Hay que volver a la idea de peatonal, de espacio de recreación. La costa siempre fue un lugar de reunión, alejado de las viviendas, donde se juntaba la juventud, tanto de día como de noche. Con el vial y las construcciones, todo eso se va a perder”. “Desde nuestro bloque, estamos convencidos de que, si se hace una consulta popular, los vecinos van a rechazar rotundamente la obra, porque no están de acuerdo”, dice Roberto y agrega: “Nunca llegó a hacerse”:

A futuro, los vecinos, separados aunque luchando por lo mismo, seguiran definiendo sus acciones en asambleas, unos cuando lo ven necesario, otros todos los domingos, unos subidos a árboles, otros bloqueando los camiones, algunos desde su puesto como funcionarios. Incluso algunos obreros que, al pasar por la manifestación contra el paso de camiones, dijeron apoyar la causa. Aún el camino está abierto (y no justamente el del vial); en general, los vecinos confían en la cancelación, pero la obra está contratada y todo el circo se va a tener que pagar igual. En el futuro se decidirá si pesa más un negocio o el medio ambiente, firme y de frente.

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