“Me salvé por haber sido futbolista”

Es Mauricio Hanuch. El turco, para todos. El mismo que se convirtió en ídolo de Platense después de sus dos goles en la Bombonera para el histórico 4 a 0, estuvo muy cerca de morirse en noviembre pasado por un virus que le destruyó los riñones. Pero salió adelante.  Gracias al órgano que le donó su hermana mayor y al mismo antídoto con que se toma la vida: la alegría. Con esa misma satisfacción con la que superó las constantes lesiones en su rodilla, con la misma calma con la que cuenta cómo el fútbol ayudó a que pudiera estar hoy bien, cuenta su historia de vida sana y su devoción por el Barcelona.

 

Hoy parece que todo hubiese sucedido hace muchos años, pero todo fue hace unos pocos meses. En el recuerdo quedaron las dudas, los miedos de una operación y un trasplante que era necesario. Hoy el turco dice que está bien, en uno de sus mejores momentos y contento de poder disfrutar la vida con su familia.

Pero en Noviembre del año pasado las cosas no eran para nada favorables. A pesar de siempre predicar por tener una buena alimentación, una vida sana y sin excesos, le aparecían los dolores. Dolores constantes de cabeza que ya eran cosas que preocupaban y no simples cuestiones casuales. “Desde hacía mínimo siete años que tenía síntomas de cansancio, de dolor intenso, pero pensaba que eran cosas menores, por eso no me preocupaba, me tomaba un analgésico y seguía con mi vida”, cuenta el Turco. Hasta que el dolor pudo más y le pasó factura.

 

¿Cómo empezaron los problemas que llevaron al trasplante?

El año pasado empezó el problema. Fui a jugar al fútbol con unos amigos y empecé a vomitar después de correr los primeros minutos. Hice eso y volví a la cancha. Ya en el camino de regreso a casa, después del partido, me estallaba la cabeza, tenía la presión por las nubes. Llego, me tomo un analgésico y el dolor no paraba. Eran las 3 de la mañana y me mataba el dolor. Entonces fui a la clínica de la Trinidad a hacerme estudios, esperé hasta las 6.30 que me atendieran, me sacaron sangre y me dijeron que a la hora me daban los resultados. Volví a casa y me llaman de urgencia que tenía que ir con la ropa que había un problema: habían salido muy mal los valores de sangre. Ellos no querían arriesgar, pero decían que me tenía que ver un especialista por el tema de los riñones. Viene y me manda a hacer todos los estudios ese mismo día y me piden la internación. Me quedo ahí en la Clínica y a los dos días me detectan el problema que tenía: una insuficiencia renal muy grave. Los riñones me estaban funcionando al ocho por ciento, prácticamente nada, si funcionan al cuatro, te morís. Fue un golpe duro porque nunca en mi vida había escuchado lo que era un trasplante, y empezaban a decir que era lo que necesitaba: un riñón nuevo.

¿Qué sensación tuviste cuando te dijeron que había que operar y trasplantar?

Fue algo horrible. Se me vino el mundo abajo. Yo soy una persona muy optimista, que siempre ando alegre y haciendo chistes, pero en ese momento fue muy duro. Fue complicado porque se te cruzan muchas cosas: tu hijo, tu mujer, tus viejos, todo. Cuando me dijeron de la internación lloré como todos, pero después me empecé a sentir mejor, acepté las cosas que me tenían que hacer y a hacer las diálisis ahí mismo. Estuve entre doce y trece días internado y me dieron el alta. Después estuve casi tres meses haciendo diálisis y en ese tiempo ya mi hermana, mi mujer y mucha gente empezaban a postularse para ser el donante del riñón que necesitaba. Mi hermana fue la que mejor compatibilidad tenía y el 29 de noviembre me regaló su riñón para que pueda tener una calidad de vida mucho mejor que la que tenía cuatro meses atrás, cosa que la agradezco mucho porque fue ella la que me dio una mejor calidad de vida. Estoy muy agradecido porque esto fue puro amor y la verdad que hoy me siento espectacular.

¿No te dejó secuelas?

No, pero hay que cuidarse ahora. Estoy con muchos medicamentos inmuno-supresores que son para que no tenga un rechazo en el riñón y son casi veinte por día. A medida que vaya pasando el tiempo me van a ir bajando las dosis y también los corticoides, que la mayoría de los medicamentos lo tiene. Eso te hace hinchar mucho, pero estoy bien, no tengo problema, trato de no olvidarme nunca y hacer una vida normal.

¿Podés jugar al fútbol?

Sí, pero tengo que cuidarme mucho. Porque donde me colocaron el riñón es una zona muy sensible y hay que tener cuidado con los impactos. Tampoco me seduce la locura de ir a jugar. Si juego, lo hago más que nada juego con amigos, para divertirnos un rato porque ellos saben que me tengo que cuidar en ese sentido. Puedo hacer toda actividad física, jugar al tenis, lo que se me ocurra. Esta situación no me priva de nada.

Dijiste que el médico que te operó te dijo “te salvaste porque sos deportista” y mantuviste toda una vida sana y sin excesos. ¿Puede ser un contrapunto para todos los que critican a los jugadores y los acusan de tener una vida de boliches y descontrol?

Sí, esa fue mi idea y mi pensamiento que lo maneje durante toda mi vida. Me cuidé, obvio a quién no le gusta salir e ir a un boliche, eso lo hace cualquier chico de la juventud que pueda, pero siempre fui una persona que trató de cuidarse, de no beber mucho y de hacer una vida sana. Todo eso lo hice desde chico, y me ayudó a tener ese ocho por ciento de funcionamiento del riñón, porque cualquier otra persona hubiese estado mucho más complicada, hubiese tenido una situación aún más crítica.

¿Hay mucho prejuicio con respecto a eso?

Sí, hoy también el jugador está mucho más expuesto. Hay muchos programas de televisión que sólo buscan eso, el jugador de fútbol capaz piensa que el lugar al que va es para él sólo pero no es así, está repleto de otras personas ajenas a él. En este ambiente tenés que cuidarte mucho. Si vos tenés el día libre, no hay problema, porque es tu día libre, pero sino se complica. Ser jugador de fútbol es de privilegiado y cada uno cuida su lugar como lo piensa.

¿De chico también pensabas así?

Sí, nací con el sacrificio. Una familia humilde de Ciudad Evita que tenía lo justo. Siempre me sacrifiqué para hacer las cosas, nunca falté a un entrenamiento que yo recuerde. Costó, porque hoy los chicos tienen otra clase de ayuda, porque los representantes de mi época no te ayudaban en nada y ahora algo está cambiando. Porque hasta que no llegabas a primera y firmabas un contrato te dejaban de lado. Siempre el sueño mío era jugar en primera, era lo que añoraba desde siempre. Llegar y entrar a una cancha con público, y gracias a Dios se me dio.

¿En Portugal cuando jugaste en el Sporting Lisboa cómo era compartir concentración con Cristiano Ronaldo?

No llegué a jugar con él porque ese año estuve lesionado muy mal de la rodilla. Pero entrené todo el año con él. Formé una gran relación con él. Yo siempre digo se preparó para ser quien es hoy en día. Era increíble que con 15, 16 años terminara de entrenar y se quedara pegándole al arco sólo, divirtiéndose. Esas cosas para un pibe de esa edad no son normales. No es algo que salió de la nada, es producto de todo eso. Nadie le regaló nada, llegó a ser quien es por todo eso.

¿Viste Real Madrid- Barcelona?

No, estaba en el cumpleaños de mi hijo y estaban viendo Racing- Independiente. Por lo que me dijeron igual no fue un gran partido.

¿Por qué equipo pagarías la entrada para disfrutar un partido?

Hoy hay un virus del Barcelona, pero es un virus que contagia. Cada vez que juega y uno tiene la oportunidad de estar frente a un televisor, no duda en mirarlo para ver cómo juega, por lo bien que hacen las cosas y porque es imposible ver a otro equipo que haga las cosas como ellos. Juegan todos bien al fútbol, no ves a ningún jugador que traslade sólo la pelota por veinte metros de corrido – sacando a Messi que es de otro planeta.

¿Qué cosa particular te gusta del Barcelona?

Su juego colectivo. Eso es lo que más atrae. Después tenés a Messi que es un fuera de serie, pero cómo juega ese equipo llama la atención. Ver la forma tan simple en la que juegan, ver a Xavi, a Iniesta, ver esas cosas que a uno le resulta difícil y que ellos las hacen tan fácil. Eso te seduce, ver como pueden jugar a dos, a tres toques. Cómo se prestan la pelota entre ellos. Uno que estuvo en planteles piensa que es imposible jugar de esa forma. Ellos vienen de una escuela, de inferiores que les inculcan jugar así. Lo hacen porque lo practican desde los juveniles, vienen con una estructura futbolística que cuando llegan a primera es la misma. De los titulares, hay como 7 u 8 de inferiores, de la cantera, eso es importantísimo. Y después es mucha práctica. Inculcan una idea, la absorbieron bien y eso lo pudieron plasmar en la cancha porque ellos no es que se eluden a cinco cada uno y meten el gol. No. Para ellos es hacer dos o tres toques, moverse mucho, jugar de memoria porque se conocen todos y eso hace que después en la cancha marquen la diferencia. Acá es imposible porque te matan con los espacios para jugar.

¿Cuándo jugabas, esperabas que los técnicos te dijeran jugar con ese estilo?

Sí, es algo que atrae mucho. Acá no se jugaba con tanta gente en el medio, no había una idea clara. Eso hacía que no hubiera tanto espacio. Había presión, pero mucho menos de la que hay ahora. Hoy los espacios son más reducidos, cuesta muchísimo. Ahora todo es más rápido, cuando jugaba era diferente. Era todo 4-3-1-2 casi siempre, era un fútbol totalmente diferente. Te dejaban pensar un poquito más. Podían salir partidos malos, pero las ideas y los espacios estaban. Hoy se ganan la mayoría de los partidos de pelota parada.

¿Qué cosas se extrañan de ser futbolista?

Lo que cuesta después es el día a día que tenías antes: el llegar al entrenamiento, tomar mate con los compañeros, reírte con ellos. Eso es lo que más se extraña. Pero se remplaza por otras cosas, pude estar con mi hijo mucho más tiempo, pude aprovechar la familia más que antes.

Como jugador, ¿qué momentos te dan más alegría recordar?

Uno es el partido en la cancha de Boca, claramente. Después de jugar cada partido contra Boca en la Bombonera te genera una cosa en los hinchas, un contagio que son de por lo menos un mes que te sentís el ídolo del club. Más lo que pasó ese día con Platense: ganar 4 a 0, hacer dos goles fue algo increíble. Encima ganar con todos los jugadores que tenía Boca en ese momento fue muy especial. Hasta el día de hoy que voy a ver a Platense y los hinchas me lo siguen recordando, que saben que hoy en día es muy difícil volver a pensar en eso, sobre todo por como está ahora el calamar. Te pone muy feliz recordar esos momentos. Después jugar en Independiente, con el público a cancha llena, jugar los clásicos. Siempre recuerdo, esa campaña, que no fue para nada buena, pero que la gente te ovacionaba cada vez que hacías una gran jugada, y eso reconforta.

¿En Platense generaste una sensación de idolatría no?

Sí, la verdad que la gente de Platense me trata muy bien. Han pasado muchos jugadores por la historia del club, pero el hincha me dio un cariño bárbaro, más en el momento en que yo pasé, que me apoyaron un montón.

¿Tuviste mucha contención de gente relacionada al fútbol?

Sí, de algunos pocos jugadores. De dirigentes ninguno. Más que nada de hinchas del fútbol. No sólo Platense, sino de cualquier club. No importa la camiseta en esos casos, eso también es lo bueno del fútbol.

¿Nunca pensaste seguir en algo relacionado al fútbol?

Ser técnico la verdad que nunca me entusiasmó. Tuve la oportunidad de ser ayudante de campo de Jorge Almirón cuando estuvo en Defensa y Justicia y le dije que no. Después me quiso llevar a México y también lo rechacé. Creo que el camino mío es otro. Ligado al fútbol sí, pero me gustaría hacer otra cosa. En mayo o junio voy a empezar a viajar a Europa y ver si se puede vender a algún jugador, ver si se puede llevar a alguno para allá.

¿Vas a ayudar a concientizar ahora a deportistas de lo que te pasó?

Estoy colaborando con una fundación. Me hablaron para que de una charla para generar conciencia en deportistas de los riesgos a los que estamos sometidos. Me llamaron para ser una cara visible de estos casos y para estar siempre presente ahí, poder dar las vivencias de uno y decir los cuidados que uno tiene que tener. Mucha gente del periodismo me llama para hablar de este tema y tratar de ver el cuidado que tiene que tener cada persona, para hacer saber que los estudios son muy importantes.

El turco se ríe como ante cada respuesta que fue dando. Saluda cordialmente para despedirse, con esa misma convicción con la que ese pibe de Ciudad Evita le lanzaba a sus viejos que iba a ser jugador de fútbol profesional, con las mismas ganas con las que cuenta cómo pudo salir adelante y, fundamentalmente, con la misma energía que nunca perdió ni cuanto sufría lesiones ni cuando tuvo que sobrepasar un trasplante.

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