Silencio stampa a la barbarie

Tras la muerte de Ramón Aramayo, en el último encuentro entre Vélez y San Lorenzo, la AFA, como en otros 255 casos, no hizo mención en sus reuniones de comisión directiva a lo que había acontecido. Tampoco se hicieron minutos de silencio. “La violencia no es responsabilidad de la AFA”, aclara Julio Grondona.

“Lo mató la policía” dijo dolorosamente la esposa de Ramón Aramayo a una maraña de medios a instantes de la muerte de su marido. Al día siguiente, la reacción fue instantánea. Todas los medios, nacionales y algunos  internacionales, llevaban esa frase en el frente, con tamaños y colores llamativos. Había ruido. Pero, a la vez, muchos silencios. La institución que maneja el fútbol argentino no había dicho nada. La AFA seguía su ritmo como si no hubiera pasado nada. Aramayo fue la víctima número 256 en la historia de nuestro fútbol. Una muerte que pareciera volverse, simplemente, un número o un vacío, al punto de que en la reunión de comisión directiva de la Asociación de Fútbol Argentino, la posterior a la muerte del hincha de San Lorenzo, los dirigentes decidieron olvidar el tema.

Allí está la AFA, comandada por Julio Humberto Grondona desde el 1979. El mismo Grondona que llegados los casi 32 años interrumpidos como presidente se desliga de la violencia en el fútbol, en su fútbol. “La AFA no es una empresa de seguridad”, declaró el presidente de la institución en noviembre de 2010 ante la cámara de diputados por el supuesto vínculo que existió con los barras en el mundial de Sudáfrica. En aquella misma situación el dirigente rescató que “se trata por todos los medios menguar los hechos de violencia”. Esos mismo hechos que el domingo 20 de marzo dejaron muerto a Aramayo convirtiéndolo en la víctima número 256 de la violencia en el fútbol nacional ¿Cómo se comportó la AFA al respecto? Con la inacción y la intrascendencia. Desde el sitio web de la institución no hubo ningún tipo de mención al hincha y tampoco lo hubo desde la comisión directiva que sesionó dos días después del asesinato tampoco, según (no) expresa el boletín oficial N°4495 correspondiente a dicha sesión. Ni pensar en algún mea culpa por parte de algún dirigente o en un minuto de silencio en la fecha posterior al hecho, lo que si sucedió semana atrás con la muerte del ex futbolista Adrián De Vicente y con las víctimas del tsunami en Japón.

Ramón Aramayo no tuvo ningún homenaje ni conmemoración de parte de la institución a cargo del evento deportivo en el que el hincha murió. Sólo se escucho la voz del periodista Cherquis Bialo, vocero oficial de la AFA, en declaraciones al diario Página 12: “La Asociación no se expidió oficialmente porque se trata de un ciudadano que murió en un enfrentamiento con la policía. Los dirigentes no trajeron este tema al Comité. La seguridad es responsabilidad del Estado. Fue una muerte producida en la calle”. Luego de la no-declaración oficial del vocero las cosas se ponen nítidas: cuando se trata de la AFA el mejor dato es la ausencia del mismo.

Si de violencia se trata solo puede rescatarse una cosa de la AFA: la coherencia. Siempre se comportó igual, siempre ausente, siempre en silencio, siempre. Según la ONG “Salvemos al fútbol”, quien lleva las estadísticas de las víctimas fatales en la materia en todo el 2010, en lo que va del corriente año las víctimas fueron doce. Doce silencios. Ausencias y mutismos que si se extienden en el tiempo se hicieron cómplices de 256 muertes. En la última década la AFA solo mencionó a una víctima. Fue en el balance y memoria de la temporada 2007-2008 donde mencionó al hincha de Vélez Emanuel Alvarez asesinado el 15 de Marzo de 2008 en un San Lorenzo vs. Vélez, al igual que Aramayo. Antecedente que no pareció ser suficientemente claro para que la AFA prevenga como institución responsable de los partidos de fútbol profesionales en nuestro país. Responsabilidad que reclama una organización integral de los partidos y no solo el aspecto deportivo, aunque no sea “una empresa de seguridad”.

Los números siguen creciendo y los dirigentes lo saben, Meiszner presidente de Quilmes había vaticinado en noviembre del año anterior: “No va a tardar mucho para que aparezca un muerto en el fútbol”. Un nuevo muerto. La predicción será una constante en el tiempo mientras la AFA siga con esta filosofía que su propio presidente resume en una  básica declaración: “La AFA no es responsable de la violencia en el fútbol”.  Palabras tan gráficas como falsas: no es que no sea responsable, es que no se responsabiliza.

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