Los 30000 de El Salvador

Centroamérica 1932: todo se tiñó de sangre campesina que pretendía una dignidad que resultaba esquiva. La oligarquía contrarrevolucionaria se encargo en solo 12 meses de aniquilar la misma cantidad de personas que la ultima dictadura militar argentina.

El Salvador, para principios del siglo XX, era como cualquier otro país centroamericano: unas playas deliciosas y el predominio del monocultivo agrícola. Numerosas casitas de colores que decoraban la costa del Pacífico y los intensos controles e intromisiones de Estados Unidos. Unos cien años de independencia de España y una estructura social interna en extremo desigual.

Sin embargo, para el 22 de enero 1932 la población campesina decidiría, junto con el cada vez más influyente Partido Comunista local, elevarse de su condición de marginalidad y miseria, alzándose contra el gobierno dictatorial y sus incondicionales, los terratenientes. Con machetes en mano, pueblo tras pueblo iba cayendo (o siendo liberado) en las manos rugosas y trabajosas de los insurgentes que compartían un común denominador: acabar con la superexplotación y la pobreza. Con un vago pero firme convencimiento intentaron tomar las tierras que siempre trabajaron y nunca sería suya. Esa riqueza nunca distribuida.

Solo tres días más tarde la reacción de las Fuerzas Armadas fue tan eficaz como brutal para acabar con el movimiento. Fusiles y armamento pesado frente a armas blancas. Profesionales frente a una fuerza espontánea. Resultado: derrota del levantamiento. ¿Sólo derrota? No. Además, este es el inicio de una masacre orientada principalmente hacia aquellos miembros de origen indígena. El saldo: treinta mil muertos en unos pocos días, en su mayoría nativos. Así el genocidio y el etnocidio se juntaron en fraternal abrazo en este pequeño rincón de América Central.

Pero, la marginalidad o la pobreza en sí mismas no generan alzamientos, aunque sean su caldo de cultivo. Detrás de esta situación había un conjunto de hechos económicos, políticos y culturales que brotaron en las insurrecciones de 1932.

El Salvador, para 1930, era un país donde el 62% de la población era rural, el 8% de las personas controlaban la propiedad de la tierra[i] y, la agricultura era la fuente de ingreso de la totalidad de las divisas al país. Aún más, el 20% gozaba de las ¾ partes de la riqueza nacional[ii]. Un modelo económico basado en el monocultivo de café, produciendo el 90% de las exportaciones totales[iii].

Las condiciones de los trabajadores en el campo eran decididamente inhumanas. El diario El Día señalaba en 1932: “La alimentación de los campesinos y trabajadores del campo debe ser mejorada… Dos tortillas y un poco de frijoles no es bastante para conservar la plenitud de la vida física… El trabajo sería más eficiente si nuestro pueblo no se desnutre… Habría también que proporcionar habitaciones higiénicas. No es posible la vida normal durmiendo en el suelo, a campo raso o en un infeliz tapesco”[iv].

A su vez, el país era azotado una y otra vez por dictaduras militares que hacían que la población fuese cuestionando cada vez más al poder central, y en especial, desde la década del ´20, cuando los sindicatos y algunos círculos socialistas y comunistas crecieron apoyados en los pedidos por la democratización de la política. Mismo la Revolución Rusa se volvió un hecho clave en la constitución del pensamiento político salvadoreño.

La crisis internacional de 1930 arrasó la economía de este pequeño país, con la caída estrepitosa del precio del café –valiendo un tercio que años anteriores-, generando a la vez, una indomable desocupación. El cónsul norteamericano lo narra en agosto de 1931: “se dice que un agricultor de gran escala bajó los salarios (un 83%)…Es indiscutible que el poder adquisitivo de la clase trabajadora, especialmente en los distritos rurales, ha sido claramente cercenado. La apariencia andrajosa de los trabajadores es evidente”[v].

Para el mismo 1930, ya estaba conformado el Partido Comunista de El Salvador, el que dos años después aportó un sinnúmero de dirigentes que combatieron –y cayeron- en las insurrecciones populares.

Entonces, las condiciones estaban dadas para la explosión: una economía en derrumbe, dictaduras militares, hambre y pobreza, campesinos sin tierras, la ideología comunista tanto explicando las causas de la explotación como dando esperanzas de una vida mejor y un sindicalismo presto a la movilización.

Pero como explicase el periodista salvadoreño Alirio Montoya en una nota sobre los sucesos de 1932: “El régimen de manera preeminente y con toda la premeditación perversa del caso, tergiversaron la idea del comunismo hasta llegar a satanizarlo. Una vez que la dictadura militar sembró en la opinión pública la vinculación entre comunistas e indígena, a manera de sinónimo, propició la “legitimación” o “justificación” de la masacre.”

El etnocidio se llevaba a cabo mientras los diarios vitoreaban. En los periódicos locales como La Prensa aparecían las siguientes líneas: “gracias a la energía del Gobierno del General Martínez ha sido restablecida totalmente la paz”. La toma del cielo por asalto, conllevaría una represión terrible: el fatídico número de treinta mil.

Video Documental:

http://www.memoriaypaz.net/salvador_espanis/repression1.php?testi_id1=996


[i]Censo Poblacional 1930

De Rosa, Claudio, http://www.laprensagrafica.com/index.php/opinion/editorial/15784.html. FECHA DE CONSULTA 15/4/2011

[ii] Montoya, Alirio, http://www.kaosenlared.net/noticia/la-masacre-de-1932-en-salvador FECHA DE CONSULTA 15/4/2011

[iii] http://www.equalexchange.coop/history-of-coffee-in-el-salvador FECHA DE CONSULTA 15/4/2011

[iv] De Rosa, Claudio, http://www.laprensagrafica.com/index.php/opinion/editorial/15784.html. FECHA DE CONSULTA 15/4/2011

[v] Santiago, Aldo Lauria y. Gould, Jeffrey L .“NOS LLAMAN LADRONES Y SE ROBAN,NUESTRO SALARIO”: HACIA UNA REINTERPRETACIÓN DE  LA MOVILIZACIÓN RURAL SALVADOREÑA, 1929-1931. www.latindex.ucr.ac.cr, FECHA DE CONSULTA 15/4/2011

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