Las Conquistas antes de Colón

Nos juntamos con los docentes del seminario con más asignaciones de funciones de Historia de la UBA para hablar de las condiciones de poder en la América precolombina y el colapso que significó la conquista. El valor de la horizontalidad en la enseñanza y el estudio estuvo presente en todo momento. El fin de la Historia jamás existirá mientras la renovación docente e investigadora presente proyectos como este.

Un mate, el termo y unas cuantas facturas se mezclan entre los muchos papeles que hay sobre la mesa del PH de San Cristóbal. Para conocer la Historia, parece, no son indispensables los anteojos y la sobriedad. Alrededor de esa mesa están Cecilia Martínez, Manuel Ruesta, Daniel Portalet, Samanta Casareto y Claudio Risiglione, cinco de los siete docentes del seminario “Tramas de poder, dominación y resistencia en Mesoamérica y Andes” de la carrera de Historia de la UBA. “El único seminario de Filosofía y Letras que tiene una asignación de funciones para siete personas, algo que nos dijeron que no nos iban a dar nunca”, cuentan con orgullo.

El tema de las tramas de poder, afirman, no se limita sólo al estudio de la época precolombina: “Nosotros venimos pensando esto de las tramas de poder y los vínculos de poder al interior de cualquier espacio, con lógicas que funcionan también dentro de la Universidad, que genera vínculos verticales, individuales y competitivos. Como colectivo nosotros lo pensamos tratando de hacer una discusión permanente de cómo queremos funcionar. No creemos que haya algunos que posean el saber, y los que van al seminario solo tengan que escuchar. Nosotros tratamos de facilitar la forma de acceder a ese conocimiento. Queremos que la academia deje de ser un espacio aburrido y expositivo. No es que uno habla el otro escucha y uno lee y el otro anota”. Por eso, cada tarde de miércoles se juntan durante un par de horas alrededor de esa mesa por la que circulan los mates, los apuntes, las ideas y las discusiones para preparar cada clase del seminario. La irrupción para hacer la entrevista no será una interrupción: el tema de la charla sigue siendo el mismo.

 -En debates encasillados hay dos visiones: la que ve todo lo precolombino como una sociedad ignorante y, del otro lado, una más progresista, que lo ve como una sociedad idealizada, como una sociedad completamente pura. ¿En qué lugar se para el seminario?

-Tratamos de desarmar el bloque de los dos polos y pensar las sociedades precolombinas como sociedades que están marcadas por relaciones de poder como cualquier otra sociedad. Entonces sacaría esa cosa de edén precolombino americano, que plantean algunos, como que todo es natural e igualitario. Pero a la vez hay que marcar que claramente hubo una situación de dominación y de un ejercicio de poder mucho más brutal a partir de la llegada de los españoles, sobre todo por la implantación de una visión completamente desencajada de las cosmovisiones que se podían encontrar en América. Hay una ruptura muy fuerte. Pero al interior de esos pueblos americanos ya podés encontrar sociedades con Estado y sin Estado. Lógicas de funcionamiento totalmente distintas, que eso ya te implica distintos análisis en los vínculos de poder.

 -¿Por qué no hay un punto intermedio entre ambas visiones?

-Hay decisiones políticas: una necesidad de decir que el otro no existe. Es una necesidad que pasó en la conquista y también cuando se construyeron los Estados nacionales. “La Conquista del Desierto”, por ejemplo: había que decir que la Patagonia era un desierto deshabitado para que el otro se construya de una manera determinada, para que sea argentino. Desde la academia también hacemos esa diferencia entre nosotros y ellos, tratamos de encuadrarlos en un lugar determinado. Y por ahí ni ellos mismos se encuadran en ese lugar políticamente. Hay que preguntarse quién construye los relatos hoy. Si hay vínculo entre el historiador y la comunidad.

 -¿Por qué hay una visibilización de los pueblos originarios y sus conflictos? Con el caso de los Qom instalado en la realidad actual.

-Puede tener que ver con las instancias del capital. En el siglo 20, en el Chaco, hubo un proceso de proletarización, ya que el capital necesitaba mano de obra. Ahora, el capital necesita recursos naturales: minería a cielo abierto o el auge sojero que hace que avancen sobre sus tierras. Entonces ya no importa el Toba en tanto mano de obra sino que importa como ocupante de una tierra que puede resultar productiva. 

Yo creo que tiene que ver con un proceso posterior a la Dictadura. A partir de la década del 80’, el menemismo, la desaparición del Estado hace que empiecen a emerger ámbitos de marginalidad que son más visibles.

 – Volviendo al tema inicial. ¿Cómo era la explotación económica de los pueblos precolombinos?

-El Inca llegaba y la tierra que era de la comunidad era dividida en tres partes: una para el ritual -el Sol-, otra para el Estado y otra para la comunidad. De todas maneras, todo era del Estado. A partir de esto se hace la mita, que son rotativas de trabajo. Así funcionan la mayoría de las regiones. También hay un tributo en especias. Lo que se ve es que el Estado llega a un lugar y toma las mismas prácticas que ya existen y les hace un giro con respecto a, por ejemplo, los dioses. En cada una de las comunidades los dioses son ligados a la agricultura.  El Inca era el mediador, se instala como el personaje que está ordenando el lugar, quien mantiene el orden para que la que naturaleza pueda continuar. Imponen sacrificios, piezas rituales, esto último sobre todo en los Aztecas. Resignifican y empiezan a ocupar roles que ya existían en la comunidad, hacen una adaptación.

 -¿Qué diferencias había entre estas conquistas de los pueblos precolombinos y lo que fue la conquista española?

-Los españoles rompieron con la lógica preexistente. En la conquista inca se conquistaba sobre algo conocido, con una lógica comprendida. Los españoles imponen una lógica completamente desconocida. Cuando llegan los encomenderos marcan las provincias con fronteras y no existe esa negociación como existía en el Tahuantinsuyo. Además no se trata de resignificar una práctica ritual que ya existe, como hacían los precolombinos, que ponían eso al servicio de la estructura estatal para ejercer un dominio consensuado. La gran diferencia con la conquista española es la violencia para erradicar prácticas que son consideradas paganas y que van en contra de la religión católica. En el caso precolombino la violencia está latente, mientras que en el caso de los españoles es explícita.

-¿Hay algún cambio en el método de conquista precolombino después de el contacto con el español?

-Se da, por ejemplo, la apropiación del caballo. En todo lo que es la Pampa y la Patagonia, acá, en Argentina, descubren un animal que pueden transformarlo en una máquina. Eran pueblos nómades, y ese nomadismo con un caballo es la fiesta del nomadismo. La idea del malón es una técnica de guerra que los tipos pueden construir a partir de que aparecen caballos y lo usan contra las ciudades, contra los fuertes. Ahí hay una apropiación de algo que llego con los españoles.

 

Cecilia Martínez, Manuel Ruesta, Daniel Portalet, Samanta Casareto, Jana Sánchez, Rodrigo Ávila y Claudio Risiglione son docentes del seminario Tramas de poder, dominación y resistencia en Mesoamérica y Andes y de la materia Elementos de prehistoria y arqueología americana para historiadores. Tienen tres proyectos de reconocimiento institucional de proyectos de investigación de Filosofía y Letras (2006-2012).

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