La eterna juventud, constante espontaneidad

Tute no quiere alejarse de la infancia. Con su inquietud como bastión y el arte como herramienta, pinta desde el dibujo, el cine, la literatura y la música la esencia de la niñez: la inexistencia de prejuicios ni miedos a pensar, a dudar, a imaginar.

Juan Matías Loiseau, Tute, dibuja y se aferra a la niñez: “Cuando pude levantar un lápiz, ya empecé a dibujar”, allá lejos en el tiempo y en el espacio: hace más de 30 años y en José Mármol. En su tira diaria pinta a un chico, Batu, lleno de imaginación, que, con un segundo como única herramienta, crea un universo, piensa, duda y camina el día a día en la eternidad de su juventud y en la constante espontaneidad. Pero también incursionó en el cine, con dos cortos, en la poesía y en la creación de letras para tango.

A las seis de la tarde de todos los días tiene que entregar la tira para La Nación. Desde su casa, a la noche, después de haber visto jugar a su hija, Dorotea, todo el día, cavila. A las 4 o 5 de la madrugada se acuesta, y cuando se despierta concreta lo pensado. “Lo que pasa es que soy noctámbulo porque con la luna tenés una tranquilidad que no tenés con el sol: no te suena el teléfono… tenés permanente suspenso”. Si tiene varios trabajos entregados por adelantado, aprovecha para hacer canciones o alguna de sus artes paralelas. “Hay una ventaja de trabajar al día: dejás en el aire algo de actualidad, aunque no sea ostensiblemente, ni con obviedad”.

-¿Cuáles eran tus curiosidades de chico?

-Siempre fui muy inquieto. Desde pibe me fue dejando en distintos lugares esa inquietud.

Y marca el terreno: “eso me hizo lanzarme a escribir tango, poesías, a hacer cine. “Un día hablando con mi hermano, que tiene una banda de punk, le pedí una música para ponerle letra. Tardé tanto que se la terminó poniendo él. Pero siempre probé cosas nuevas. Finalmente, los tangos que escribí se convirtieron en un disco que saqué con Hernán Lucero: Tangos Nuevos. Es un proyecto multimedio: once canciones entre tangos y valses, una presentación de la música con una producción de dibujos. El título es la expresión de lo que hay ahí adentro: tangos nuevos en Tangos Nuevos. No hay ningún clásico. Son todas composiciones nuevas de Hernán y mis letras”.

En 1998 sacó un libro de poesías y diez años después escribió sus primeros tangos. “Consumí música desde chiquito, primero por mi viejo, que una vez separado se vino de Mármol a San Telmo para estar cerca del tango, y después por elección propia. En ese momento empecé a recorrer las tanguerías -yo tenía 18 años y no estaba de moda todavía para los jóvenes-. Entraba, me sentaba entre los viejos, me tomaba un vino y escuchaba”.

Cine

“Es algo que me encanta. Un día dije ‘tengo una idea, pero no es para dibujar. Me gustaría filmarla’. Entonces me metí a estudiar algo de cine. Antes de terminar el año, por la ansiedad, ya tenía un equipo formado para filmar esa idea”.

El primer corto “El ángel de Dorotea”, trata la historia de un pibe de pueblo que vivía en una familia difícil, con poca comunicación, con vínculos violentos. Su sueño era abandonar la casa, pero con la abuela, porque tenían una muy buena relación. Para eso, el chico lo planea, junta guita y lo cumple.

-Tus caricaturas apuntan a una idea concreta, simple y atemporal. ¿Puede ser que con el cine trates de reflejar algo diferente?

-En realidad creo que todo lo que se me ocurre gira en torno de lo mismo, que es lo que me pasa y son mis inquietudes. Lo puedo hacer mejor o peor según el soporte y las herramientas, pero siempre tienen que ver con las mismas cosas. En general son atemporales, no tienen un tiempo preciso. Eso me gusta, la he visto por años en Quino y me vi reflejado. De hecho, en el primer espectáculo de Tango que participamos se llamó “Atemporal”. Entonces, tanto los tangos como las películas o las historietas tienen un sesgo de atemporalidad. Lo que yo hago se puede entender mucho tiempo después, no envejece.

-En la tira diaria, los grandes ni aparecen.

-La idea es mostrar la mirada infantil, reflejar los posibles pensamientos de los pibes y que sean verosímiles. Trato de no meter palabras de un adulto en boca de un chico. Quiero rastrear ese mundo sensorial y espontáneo que tienen los pibes, incluyendo sus dudas, porque todos las tuvimos. Muchas veces son dudas muy parecidas a las que tenemos los grandes, solo que uno no se las permite: hacia dónde vamos, de qué depende el destino. Son cosas que me hacen divertir más por el propio camino que por el fin. La vida está ahí, en esa búsqueda con respuestas provisorias.

“Uno se endurece cuando es adulto y se olvida de la capacidad de juego: con dos o tres elementos pueden armarse toda una gran fantasía, con una caja imaginan un submarino, con dos sillas y una tela hacen una casa”.

­-¿Cómo es el paso a paso en el dibujo?

-En un principio hacía los bocetos, después pasaba a un papel en lápiz, después en tinta y finalmente coloreaba. Hace ya muchos años me di cuenta que me gustaba más el bosquejos que el trabajo final, así que empecé a publicar lo que en teoría era solo un paso inicial. Tiene que ver con que me cuesta más explicar lo que pienso que hacerlo. En el dibujo, lo que resolvía sin pensar en el boceto, cuando lo pasaba al original, perdía la frescura, el impacto, la fuerza.

-¿Cambia algo en el destino de los personajes de tus tiras la comunicación con sus lectores a través de Internet?

-El Facebook, que es lo que más uso, es como un termómetro inmediato de lo que pasa con la tira. No sé si modifica su curso, pero sí le doy bola. Consciente o inconscientemente lo que la gente vuelca está. Si un personaje entusiasma, me entusiasma a mí también.

-Cuando empezás una historia, ¿sabés para dónde la pensás llevar?

-No. Rara vez tengo la serie completa en el boceto. Por lo general, la voy construyendo día a día. En un momento, por ejemplo, se volvió abstracta: hay triángulos, círculos, colores. Quise publicar una tira completamente en blanco, pero no me acompañaron en la idea de publicar eso. Todo eso tiene que ver con mis propias búsquedas interiores. A veces lo que busco es cagarme de risa.

-Una nota en Noticias estuvo titulada “No me interesa el humor político”, pero decías también que sí buscabas que querías reflejar la coyuntura socio-política. ¿Eso también es una búsqueda?

-No es que no me interese leerlo. No me interesa hacerlo. Disfruto del humor en general. Creo, de todos modos, que toda tira es política. Por más que no hable de la actualidad de los políticos de turno, siempre hay una postura en cuanto a los valores que asocio con la política. La presencia del barrio, de los vínculos con el otro, del pensamiento propio, de la duda como un ejercicio permanente de pensamiento es política.

Mutua admiración

“Leonardo Favio”, escucha de voz del entrevistador. Le brillan los ojos y sonríe: “Lo conozco y entablé una amistad con él. Tuve esa enorme fortuna que me llena de orgullo. Cuando hice mi primer libro, en el 2007, se lo mandé. Al día siguiente lo vi en la tele prestándoselo a Daniel Filmus, que estaba candidateado por la Ciudad. Un día después me llamó, me invitó a su casa, me regaló sus películas, yo le di de nuevo mi libro porque el anterior lo tenía Filmus”.

Después de que se apagó el grabador, Tute hizo las fotos, volvió a su silla y siguió hablando de Favio: “Cuando vio mi primer corto se quedó asombrado, me hacía preguntas sobre la realización, sobre tal toma, sobre el ruido de los grillos… Yo no lo podía creer, pensaba que me estaba cargando, pero él es así y se fija en todos los detalles”.

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