Fútbol americaNO

Ese deporte de gigantes que se ve por la tele y que poco parece estar pegado a la cultura argentinaexiste en este país. Se juega con pasión. Es amateur y lejos está de convertirse en profesional. En el club Comunicaciones, un torneo que muestra cómo se vive el juego de la pelota ovalada en el Río de la Plata.

De mañana se levantan. Quizás cansados, seguramente sin ganas. Algunos pensarán que es una locura, que un sábado a las diez de la mañana es el momento menos indicado para entrenar fútbol americano. Sí, americano. El que se ve por las cadenas mundiales de televisión. El de cascos, hombreras, calzas y protectores varios. El que se juega profesionalmente en EEUU y el que, también, con mucho huevo, amateurismo y pasión se juega en Argentina. Ellos existen y se levantan enérgicos y apasionados a jugar su deporte todas las mañanas de sábado en el club Comunicaciones del barrio porteño de Villa del Parque.

El día está fresco, invita a quedarse durmiendo. Por eso, asombra y desconcierta verlos a lo lejos. Se acercan, como un grupo, al centro de la cancha. Tienen las espaldas anchas, las remeras estiradas por las enormes hombreras que van dando forma al entrenamiento. Los cascos dejan entrever las miradas motivadas por empezar con los ejercicios. Son pibes de 15 a 20 años. Pibes engrandecidos. Se ven enormes, no solo por el armatoste del equipamiento, se ven grandes por la fuerza, por la voluntad. Se escuchan muchos gritos. De aliento, de esfuerzo, de dolor y, por supuesto, de alegría. “¡Dale, arriba, arriba!”  Revienta en motivación el entrenador  de juveniles,  Nicolás Saettone, quien explica lo que sienten cuando juegan y asume la difícil tarea de poner en palabras lo que les pasa adentro de la cancha: “Jugar y estar adentro de la cancha es una sensación hermosa. Uno deja todo para defender al que tiene al lado. La hermandad está muy presente y cuando entrás a la cancha hacés lo mejor por vos y por tu compañero. La pasión de ayudar y defender al otro es insuperable. Apenas descubrí este deporte me lesioné y no pude jugar durante un año. En ese momento me di cuenta que este era mi lugar, por las ganas que tenía de seguir jugando a pesar de la lesión. Cuando no pude participar durante un año  y sufrí las ganas irresistibles de volver a ponerme un casco ahí me di cuenta que esto era lo mío. En ese tiempo me ofrecí para colabora como entrenador y desde allí que soy parte de la liga, ayudando ad honorem con el entrenamiento de los chicos. Mucho tiempo de mi vida pasa por este deporte, entrenándome o entrenando a los demás. Desde que empecé a jugar se metió en mi vida y ocupa un gran espacio. Estaría bueno que los chicos que tengan dudas vengan y prueben. Se van a divertir y conocer un deporte hermoso. De afuera quizás no llama mucho la atención pero cuando lo jugás es lo más lindo que hay.  El que viene acá es porque tiene una pasión que lucha contra todo. Muchos chicos  hacen esfuerzos gigantescos. No importan las distancias, ni los horarios, dejan todo por este sentimiento. Siempre y cuando no se deje de lado las cosas primordiales como la educación y la familia, cuestión que desde la liga siempre se estimula. La mayoría de los chicos que llegan vienen del rugby. Y otra gran parte no viene por desconocimiento, no saben que existe. Cuando se enteran vienen, prueban y en general les gusta. Otro tema es la preocupación de los padres por ser un deporte riesgoso, pero cuando ven al hijo en un partido se dan cuenta que no es así”.

El sol mañanero avanza, se pone duro. El calor pega fuerte sobre los cascos, pero mucho más fuertes son los choques. En dos filas se forman y salen, alternadamente, uno por uno, a chocar con compañeros. El impacto es fortísimo, se oye desde 50 metros. Las hombreras truenan y el sonido se vuelve familiar. Algunos caen, se levantan y siguen chocando. Otros, más grandotes, se mantienen de pie yendo al cruce como tractores de carne. Esa fuerza es tan intensa como la que pone la institución que cobija el deporte en nuestro país. La Football American Argentina (FAA) organiza, sin fines de lucro, los torneos y los entrenamientos. Su jefe de prensa, Hugo Ferreyra, explica el como y el porque de la FAA: “La liga se estableció en el 2004. El grupo madre que la creo jugaba al Flay Football, que es lo que una tocata al rugby, sin contacto. Éramos unas 10 personas que empezamos a entrenar y de a poco fuimos comprando los equipos. Fue una inversión grande que dio lugar a que se empiece a competir. La FAA es una entidad sin fines de lucro donde los equipos se inscriben a la liga. Cada jugador paga una cuota mensual muy accesible que permite que este deporte sea para quien quiera jugarlo. La liga te provee de equipamiento, entrenamientos, asesoramiento y todo lo necesario para disfrutar la actividad. Hoy por hoy es la asociación de fútbol americano más representativa a nivel latino. El tema de que el deporte es de origen estadounidense causa rechazo. Pero no deja de ser un deporte como cualquier otro, la filosofía es la misma que en todos los demás: competir y superarse a uno mismo. La institución se encarga de lo deportivo, nada más. No tiene ningún mensaje político que coincida con el origen del deporte. Todos ponemos de nuestro bolsillo para que esto prospere y que el día de mañana la actividad tenga un lugar en el esquema deportivo del país. Es un proyecto a muy largo plazo. La base que se logró en estos 7 años es muy importante, hay que seguir por el mismo camino y buscar un lugar en el ámbito nacional. El deporte es para todos, no importa el físico. Bajos, altos, flacos, gordos. No tiene fronteras. La única condición es que te guste, descubrir lo lindo del deporte y el desafío que presenta. No es un deporte elitista ni mucho menos, no es caro jugarlo. La liga trata de fomentar y allanar caminos. Lo único que impone es que los que quieran jugar superen un nivel preparatorio denominado campamento de novatos. Es una cuestión de seguridad y de darle forma al jugador y que pueda disfrutar verdaderamente el deporte; para que todos estén en igualdad de condiciones. Muchos no se acercan a la actividad por desconocimiento. Tienen una idea basada en un prejuicio: es un deporte caro, estadounidense, peligroso e imperialista. Hay que remarla contra los preconceptos, hay que demostrar que el deporte no es lo que se quiere vender y que no es más peligroso que otro.”

La ovalada, color marrón oscuro, sale a la cancha. Los trabajos físicos terminan y empiezan los lanzadores y pateadores a acariciar a la reina del juego. Como en todo deporte la pelota siempre es el centro de las miradas. El juego comienza. Las yardas imaginarias se pintan con el sudor de los participantes. La pelota abre el juego y todos los deportes se asemejan. Poco importa no saber las reglas cuando la pasión del deportista es tan evidente. El juego se disfruta. Tienta, motiva y estimula. Una incesante curiosidad deja en evidencia las ganas de probar, de participar y de involucrarse en algo que a primera vista resulta ajeno, que con los prejuicios de no estimular a un deporte imperialista, se rechaza mecánicamente. Es un deporte, uno más, que jugado desde la humildad y desde la organización horizontal y amateur puede ser un espacio de resistencia como cualquier otro que pretende difundir un deporte y romper los preconceptos.

El partido termina y se acerca un luchador. Él es Santiago Pesina, de 21 años, y cuenta porque se despertó esa mañana a entrenar: “Yo entreno desde hace dos años. Me enteré por un amigo y cuando llegué me di cuenta que esta buenísimo y es muy entretenido. Definitivamente este es mi deporte  y lo voy a hacer hasta que me den los horarios y el físico. Me entretiene más que cualquier cosa. Al principio cuesta, pero cuando empezás  a jugar ya no te importa no salir un viernes, llega un momento en que el viernes a la noche pensás en el entrenamiento del sábado y no en la salida. Decir que mis amigos me bancan y no me tientan mucho (se ríe). Siempre esta el que te hace una broma porque el deporte no es muy conocido, pero es por ignorancia. Uno no puede quedarse con la mirada que tiene por lo que dicen los medios o lo que dice algún conocido, tiene que venir y probar.  Otros se copan más, preguntan y vienen. La difusión es el boca a boca más que nada. Hay que venir con ganas de aprender y probar. La manera de entender este deporte es sentirlo, es el único camino.”

La jornada terminó. La cancha quedó exhausta, poseada, ardiente. Las yardas ya no se ven, el sudor se fue con los pibes al  vestuario. Sí quedó una idea, un mensaje de minoría. Ideal que juega y que lucha contra miradas desconfiadas que no dejan ver lo atractivo del deporte que se juega con un único argumente que es un sentimiento, una pasión. Basta ver un solo entrenamiento para entender que el Fútbol Americano no sólo es americano.