Fusión de amor, una historia del BAFICI

El músico Genesis P-Orridge y su pareja Lady Jaye llevan a cabo una metamorfosis con el fin de plasmar su amor en una extravagante obra de arte. Una balada de amor en la que sus protagonistas se corresponden el uno al otro… se corresponden demasiado.

“Cuando uno se enamora de otro le dan ganas de engullirlo, de tragarlo, para dejar de ser dos individuos distintos”, dice Genesis P. Orridge al comienzo del film. Un film que no hablará sobre su trayectoria como progenitor del rock industrial y fundador de bandas legendarias como COUM Transmissions (1969-1976), Throbbing Gristle (1975-1981), and Psychic TV (1981 al presente).

The ballad of Genesis and Lady Jaye, producida y dirigida por la francesa Marie Losier, narra desde adentro un proyecto más que ambicioso y transgresor, en el que músico y su pareja Lady Jaye (Jacqueline Breyer) deciden fusionarse para acrecentar su parecido físico.

El color rubio y el largo de sus melenas se parecen; las ropas que usan se parecen. Pero el parecido no termina aquí. Labios hinchados con botox, mejillas tensas. El cuerpo de Lady Jaye cambia gracias a los cortes de los bisturíes, y el de Orridge cambia aún más: dos implantes mamarios inflan su pecho. Así se concreta la “pandroginia”, una simbiosis corpórea hecha a base de amor, la cual el mismo Orridge compara con la fusión que se da al procrear. “Con Lady Jaye, mi otra parte y mi compañera, empezamos a pensar qué pasaría si en lugar de tener hijos (lo cual es una forma en la que las personas se combinan para formar una nueva) hiciéramos nosotros una nueva persona. Entonces decimos que estamos creando una tercera identidad, un tercer ser humano. ”

Esta provocadora forma de amar es plasmada por Losier en un film documental de 72 minutos cuyas escenas fueron recopiladas durante siete años. Giras de la banda, escenas caseras, cirugías estéticas, son situaciones que rayan con el ridículo pero que lejos están de carecer de sentido, sino que logran componer un relato desde las entrañas de la vida de los protagonistas.

The ballad of Genesis and Lady Jaye llegó a las pantallas argentinas de la mano del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI), espectáculo que ya consiguió un lugar indiscutido en la agenda cultural de la ciudad. Fue luego de  la segunda proyección cuando Losier, una mujer menudita de unos treinta y pico, flequillo corto y rulos alborotados, tomó tímidamente el micrófono para acercarle al auditorio la anécdota sobre su primer encuentro en persona con Genesis. “Yo estaba en una galería y le pisé el pie a alguien. Cuando me di vuelta para disculparme vi que esa persona era Genesis. Nos pusimos a hablar, me invitó a su casa y apareció Lady Jaye. Luego me invitó a irme de gira con la banda.”

Aunque Lady Jaye murió en 2007 a causa de un cáncer de estómago, el proyecto no se detuvo. “Cuando Lady Jaye murió pensé que era el final de la película. Fue un momento muy difícil para mí, para la película, para la banda, pero Genesis me pidió que siguiera. Y pasaron dos años más de trabajo”, relata Losier.

Reducir este osado proyecto a una caprichosa transgresión sexual sería injusto. Ellos mismos la concibieron como  una creación sublime. Una humana obra de arte guiada por un sentimiento profundo de amor, digna de ser admirada.