Apuntes sobre el desentendimiento

La ausencia es un lugar que llena de incertidumbres. Sea el tema que sea. Pero más cuando se trata del silencio de una organización como la AFA frente a una ocasión repleta de espanto, como lo es la muerte de un hincha en una cancha. César Torres, doctor en filosofía e historia del deporte, docente en la Universidad del Estado de Nueva York, se sienta a reflexionar con NosDigital sobre las razones de ese vacío de palabras. “El discurso contradictorio es innegable”, asegura.

¿Cómo se explica la ausencia de las instituciones ante episodios de violencia oficial?

El silencio de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) sobre la muerte del hincha de San Lorenzo Ramón Aramayo el pasado 20 de marzo manifiesta su posición respecto de las víctimas de la violencia en el fútbol: el desentendimiento.  La AFA pareciera no percibirse como un actor relevante a la hora de afrontar la violencia en el fútbol ya que sostiene frecuentemente que la seguridad en los estadios y sus inmediaciones es responsabilidad del Estado.  Esta posición reduce su responsabilidad en los certámenes organizados bajo su jurisdicción a una función primariamente administrativa.  A su vez, contraría su propio Estatuto.  Por ejemplo, según el mismo, el Comité Ejecutivo de la AFA tiene la prerrogativa de cambiar la sede de un partido “cuando así lo aconsejen razones de seguridad”.  Por otro lado, también contraría su accionar, ya que la AFA toma a menudo decisiones relacionadas con la seguridad de los partidos de los certámenes que se organizan bajo su jurisdicción.  El discurso contradictorio es innegable.

¿Cuáles son las responsabilidades, las obligaciones y los procedimientos que debería seguir una institución ante un episodio semejante?

El decoro reclama que la AFA haga público su pesar por las muertes relacionadas con la violencia en el fútbol.  Más importante aún, dichas muertes requieren no sólo la condena de los hechos de violencia relacionados con el fútbol sino iniciativas sinceras, comprensivas  y concertadas para erradicarlos, que incluyan a todos los actores relacionados con el fútbol.  En tanto institución cuya función primordial es fomentar el fútbol a nivel nacional, la AFA debería tener un rol preponderante en ese proceso.  Y para ello es necesario que la AFA reflexione profundamente tanto sobre su modus operandi como sobre los intereses que la animan y promueve.  Asimismo, los efectos deseados e inesperados de su accionar en la cultura futbolística deberían ser parte de esta profunda reflexión.  Considerando la problemática trayectoria de la AFA, esto no parecería probable.

¿Cuál es el rol que debería tomar la AFA?

Es importante resaltar que cuando la AFA interviene en cuestiones relacionadas con la violencia en el fútbol activa mecanismos interpretativos estigmatizadores, esquemáticos y reduccionistas.  Así, los violentos son presentados como inadaptados sociales que deben ser excluidos del fútbol.  Como sostiene el sociólogo Pablo Alabarces, esta lógica, al no remitir a contextos argumentativos y explicativos más amplios, se cierra sobre sí misma impidiendo formulaciones críticas, novedosas e incluyentes.  En la práctica, los mecanismos interpretativos estigmatizadores, esquemáticos y reduccionistas han desembocado en estrategias puramente coercitivas para lidiar con la violencia en el fútbol.  De esta manera, el espacio futbolístico se ha organizado en función del control permanente de los hinchas tanto por efectivos policiales como por dispositivos electrónicos.  Además, entre otras medidas, se cachea a los hinchas, se prohíben las banderas y en algunos partidos o divisionales no se permite la presencia de hinchas visitantes.  También se recordará que la AFA alentó fallidamente el empadronamiento de hinchas a través de una tarjeta personal que permitiría la entrada a los estadios.

¿De qué manera la AFA analiza cada uno de estos casos de violencia?

Está claro que las estrategias coercitivas no han sido eficaces para lidiar con la violencia en el fútbol.  Sus supuestos son funcionales a su fracaso.  Basadas en la vigilancia y el control social por medio del uso de la fuerza, dichas estrategias no tienen en cuenta la complejidad del fenómeno de la violencia en el fútbol ni pretenden generar cambios actitudinales o culturales.  Ante esta situación, es necesario un cambio de paradigma en los mecanismos interpretativos predominantes relacionados con la violencia en el fútbol.  La mera estigmatización de los violentos y la reducción de la solución a estrategias coercitivas de control deben ser reemplazadas por aproximaciones que al tener en cuenta la complejidad del fenómeno activen políticas de intervención multifacéticas.  Esto no implica claudicar ante la violencia sino reconocer la pluralidad de su causa y manifestaciones.  Los contextos argumentativos y explicativos más amplios impulsan políticas de intervención más acabadas, que reparan en el entramado cultural en el que emerge la violencia futbolística.  Todo ello requiere de voluntad y consenso político.  La AFA, así como las autoridades públicas, tiene un rol inequívoco en la promoción de las condiciones que viabilicen un cambio estructural y duradero de la cultura futbolística.

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