¿Y por qué finde largo?

Por la redacción de Nos

Te vas a levantar tempranito porque venís de la vorágine de la semana madrugando y el día anterior, como llegaste muerto del laburo, te desmayaste. Así que sí: apareciste en la cocina en bata con los ojos hinchados, a las 10 de la mañana. Dormiste como un bebé sabiendo que en todo el día no vas a hacer nada. Qué sonrisita se te ve. Y además, finde largo. Gracias presidenta y demases comentarios que nunca son en serio pero que en realidad agradecés. Y sí, la verdad: jueves, viernes, sábado y domingo. ¿Qué vas a hacer? ¿Visitar a la familia en el Interior? ¿Irte los cuatro días a la casa en Pilar? No, no, ya sabés: una escapadita a Punta del Este.

Mientras cargas los bolsos al auto antes de salir para tomarte el barco uno de tus pibes (el que va al primario, quién más) te pregunta: “Che pá, ¿por qué no vamos a clases?”. Y vos, con la mejor cara de me-importa-más-subir-las-valijas le contestás “Es el día de la Memoria, la Verdad y la Justicia”. Él te va a decir, acostumbrado a fiestas de carácter univaloral: “¿Por qué las tres el mismo día?”. Y vas a pensar y te vas a acordar seguro del 24 de marzo, de ése 24 de marzo en el que perdías compañeros, que te los iban chupando y vos con las manos vacías ibas a gritar a oídos arrogantemente sordos. Y lloraste porque veías como un sueño se volvía la peor pesadilla que desbordaba de sangre por cualquier pozo y centro clandestino que se la mirara.

No pudiste dormir pensando en los gritos de tus compañeras mientras se las violaban o por tus compañeros con una picana en los huevos ni por sus hijos que los milicos empalaban para sacar información. Que época jodida viejo y que mal que estábamos. Y ¿te acordás ese primer 24 de marzo en democracia cuando la Memoria era contra el olvido de lo que fue esa pesadilla, la Verdad era para saber dónde estaban los compañeros y la Justicia era para pedir castigo a los culpables? Que distinto que es ahora. Como te cambia tener una familia, un trabajo estable, una democracia cimentada. Ya hace tiempo que se te suavizaron las manos de no cargar una bandera y no te agarran calambres marchando hacía una utopía. Porque son utopías ¿qué más? Cuando uno es joven, viste.

Y mientras seguías socavando en tus recuerdos tu hijo te trae devuelta a tu estado actual, devuelta a tu estado de bienestar, a tu zoncera, y te dice desde dentro del auto: “Papá ya estamos listos”. Y le decís que ahí va, que te faltan dos bolsos. Pero notás el espacio vacío. Ahí es cuando te aparece tu otro hijo, el mayor, y te dice: “Viejo, yo me quedo” y notás fatalmente en sus ojos lo mismo que viste en tus compañeros y sabés que ese Rodolfo, el de la carta, tenía razón, que iban a resurgir nuevamente a pesar que se chuparan a todos, y ésta nueva generación no los dejara pasar devuelta, está generación es la del nunca nunca nunca más, ésta generación también va a dejar la vida por un sueño y, como también dijo otro gran hombre alguna vez, esta generación ha echado a andar y su marcha, de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente.

Y vos, cagón, ¿los pensás dejar solos?

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