Revoluciones del 2011

Por la redacción de Nos

El ocaso de gobernantes que soñaban con la posibilidad de mantenerse por la eternidad como jefes supremos de Estado se suceden uno tras del otro. Con diferencias de grado, el Norte de África y parte de la Península Arábiga se abren a nuevas épocas. Se trata de Revoluciones, no hay lugar a dudas. Lo que sorprende es cómo las potencias occidentales se las arreglan para acomodarse a las cambiantes circunstancias. Disimulando, complotando, engañando.

Y esto no es de ahora. Como la primera década del tercer milenio parece haber estado repleta de vicios en las relaciones Potencias Occidentales- Cercano Oriente y Norte de África, durante los años `70 fueron furor las asociaciones corruptas de estas mismas potencias con el África Subsahariana.

En el Congo, Mobutu Sese Seko con la gran bendición de la CIA y la agencia de inteligencia belga encargó el asesinato del primer Primer Ministro luego de declarada la independencia. Su presidencia duró algo más de 22 años. El afán explotador y corrupto fue de tal magnitud que se nombró a su gobierno como una cleptocracia, Según la agencia de monitoreo de corrupción Transparencia Internacional, Mobutu habría robado al menos cinco mil millones de dólares al Congo.

Jean-Bédel Bokassa gobernó la República Centroafricana desde 1966 hasta 1979 –de 1976 a 1979 denominó al país como Imperio Centroafricano-, primero como de dictador militar luego proclamado Emperador. Nada de eso limitó una gran relación con el presidente francés Valéry Giscard d’Estaing, quien realizaba con frecuencia aportes económicos y militares a la nación aliada. Como compensación, Francia recibía uranio, clave para el desarrollo de su programa de armas nucleares. Los vínculos entre los mandatarios eran tan fluidos que le permitió a Bokassa acceder a comprar lujosas propiedades en Francia. En el último enero fue vendido en una subasta por casi un millón doscientos mil dólares una residencia de 550 m2 en las afueras de París que supo ser suya.

Con los ejemplos se puede continuar un poco más aún: Idi Amin en Uganda, llegando al poder –y mantenido- por presiones y dadivas de Londres. O en el actual Zimbabue, Robert Gabriel Mugabe a partir del `87. Los vínculos en lo que podríamos denominar como los mayores exponentes de un neocolonialismo en extremo inescrupuloso, y  finalmente, siempre falto de memoria.

Continua