No podrán detener La Primavera

La Colonia Qom de Formosa vive con una dignidad sólo construida por sus propias manos. Patrias sojeras, terratenientes imponentes y un Estado que históricamente se ha dedicado a pasarlos por arriba, son los protagonistas de un grupo de manifestantes que lleva tiempo acampando en avenida de Mayo y 9 de Julio pidiendo justicia.

El último día que despertó, Roberto Gómez estaba mal dormido, con los ojos hinchados de sueño. Quizá de bronca o nervios, ni su mujer supo qué pensaba. Se lavó la cara con agua que encontró en un balde cerca de su cama, se puso la remera que venía usando hace unos días y se aplastó el pelo con las manos. Le alcanzaron una taza caliente de una infusión, él la bebió de un sorbo rápido pero revitalizante. Qué iba a saber que ésta iba a ser su última comida.

Salió de su rancho recibido por una densa lluvia tropical que, de un chaparrón, hizo agua sus ropas y le endosó a su piel morena y áspera una película brillosa que decantaba en gotas por su quijada. Al lado de la puerta estaba la bandera qom que usó siempre como estandarte en defensa de su tierra. Fiel compañera, junto a él cayó baleada sobre el asfalto de la ruta nacional 86.

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La Colonia Qom “La Primavera” está situada al Este de Formosa, a 45 kilómetros de la ciudad de Clorinda y a 174 de la capital provincial; en ella viven 800 familias con un número aproximado de 4mil habitantes. Desde 1985, según la escritura 468, tienen título de propiedad sobre 5187 hectáreas reconocidas; hectáreas que, sin decir mucho más, son violados sus límites por terratenientes sojeros, policías funcionales a la oligarquía rural y por gobiernos oportunistas que ven en la miseria una chance de conseguir votos a la fuerza.

No solo es pasado por arriba su derecho de propiedad sino que, además, son castigados con una exclusión violenta, fiel reflejo de un genocidio pasivo versión siglo XXI. El Estado provincial que prometió -y tiene la obligación de- otorgar beneficios mínimos para una vida digna, los abandona, dejándoles solo dos caminos posibles: la miseria absoluta o la criollización humillante.

En tanto a la salud, dentro de la comunidad cuentan con una sala sin insumos necesarios, además, no poseen servicios de ambulancias, factor que provocó la muerte de un niño años atrás. Ante la falta de lugar físico, la escuela Nro. 308 funciona como sala alternativa para tratar de atender a una población flagelada por enfermedades como la tuberculosis, dengue y el mal de Chagas.

Las viviendas qom no tienen agua, gas, electricidad ni cloacas; son de adobe, palma y paja. Hubo si, en 2007, un plan de viviendas que favoreció a muy pocas familias pero fue paralizado por el gobierno de Gildo Insfran aduciendo falta de fondos.

Como forma de subsistencia, la comunidad, fiel a sus tradiciones ancestrales, consigue sus alimentos de la caza, pesca y la recolección, pero debido a que su terreno es cada vez más reducido por las usurpaciones y que los ríos son contaminados por agrotóxicos provenientes de los cultivos de soja, su actividad principal y vital se ve drásticamente perjudicada. Sumado a esto, el gobierno prometió, en un acuerdo conjunto con el Instituto de Comunidades Aborígenes de Formosa (ICA), otorgar insumos (semillas, herramientas, etc.) que permitieran el desarrollo de una agricultura de subsistencia que, como es costumbre, llegaron una vez y nunca más. Como escapatoria al hambre, se ven obligados a arrendar sus fértiles tierras a terratenientes sojeros a precios viles de 200 pesos la hectárea por año.

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Olaire, miembro de La Primavera, es un nadie. Sus documentos fueron quemados en la sangrienta represión ordenada por el gobernador Insfran el 23 de noviembre de 2010, junto con los documentos de sus compañeros.

Olaire, de 67 años, es un ninguno. Mientras en la ruta acribillaban a sus hermanos qom, en La Primavera eran prendidas fuego sus casas de madera y paja. Viajó a Capital Federal, desde Formosa, junto a otros en la misma condición, a reclamar justicia y a pedir la recuperación de sus documentos. Vinieron porque en su provincia no les quisieron tramitar el DNI, el mismo que, en etapa proselitista, les retienen para extorsionarlos con el voto. Casualmente, a partir de que los qom llegaron a Capital y acamparon desde diciembre en 9 de Julio y Avenida de Mayo, el ministro del Interior Florencio Randazzo habilitó en Formosa, a puro elogio y apretón de manos con Insfran, el Centro de Documentación Rápida.

Olaire, compañero de los asesinados Roberto López y Sixto Gómez, es un ninguneado. Hace tres meses que acampa en la calle y nadie lo ve. Hace tres meses que gritan justicia y nadie lo escucha. Hace tres meses que murieron sus compañeros y nadie lo siente. “Si no fuera por los vecinos no tendriamos qué comer”, dice susurrando. Todo lo susurra, con ojos cansados y vidriosos que, al hablar, siempre miran un lugar fijo. Para bañarse armaron una carpa improvisada; de los baños, alguien se encargó de acercar uno químico, para las más de veinte personas. “Del gobierno no vino nadie”, dice, mientras dos chiquitos acampantes corretean arrastrando un viejo teléfono de disco. A unos metros, un grupo hace una melodía folckorica acompañada con charango y bombos. Sobre el centro del campamento, unos jóvenes preparan el almuezo: sopa de fideos.

Olaire está plantado y de allí no se va a mover hasta tener lo que quiere: “Son nuestras tierras, para nosotros no tienen valor, eso es lo que gobierno no entiende. No las vamos a vender ni ceder a las usurpaciones. Están enterrados allí nuestros ancestros, los restos de mi padre descansan allí en su tierra”.

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El derecho de los pueblos indígenas, artículo 18 y 19, de la Organización de las Naciones Unidas establece que tienen el poder de desarrollar sus propias instituciones, por esto, y por no sentirse representados por el presidente del ICA Esteban Ramírez (nombrado a dedo por Insfran, por lo tanto, funcionario a sus intereses, que son los de los terratenientes sojeros) citaron en La Primavera, para el 18 de junio de 2008, una asamblea para elegir un lider legítimo de la comunidad. A la convocatoria fueron invitados y no se presentaron las autoridades de ICA, el agente normalizador y la policía. De los 360 votantes, el 85,71 por ciento (345) elegió a Félix Diaz como presidente de la Asociación Civil La Primavera y líder legítimo.  Pero el 26 de junio de ese mismo año, ICA, sin informar a la comunidad, convoca otra asamble “legítima” y se elije a un presidente que responde al gobernador. Sobre fines de 2008, los qom convocan una nueva asamblea en la que vuelven a revindicar su elección votando y ganando por mayoría absoluta nuevamente Félix Diaz.

Félix es la cara más visible. Hoy se lo puede ver circulando por 9 de Julio con una remera con la inscripción “Orgullo Qom”. El 23 de febrero, encabezando la marcha que pasó por la Casa de Formosa y llegó hasta la Casa Rosada, comentaba: “Estamos acá para pedir justicia por nuestros hermanos, por la quema de nuestras viviendas y por nuestras tierras”, detrás, flameaban una decena de wiphalas. “Roberto murió luchando defendiendo su tierra”, resume.

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Como esqueletos calcinados, algunas maderas, ya color carbón, recuerdan que allí hubo viviendas. Las cenizas se las fue llevando el viento. La familia López marcha y espera. Al mismo tiempo que en Capital Federal, el 23 de febrero fueron a reclamar a las puertas de la casa de gobierno formoseño. Roberto Lopez tenía una mujer, tres hijos, cuatro nietos y una deuda impagable. A él se lo llevaron las balas; la familia quedó con la deuda que el gobierno presiona para cobrarle. “Los pueden dar vuelta y no les van a sacar nada, y lo saben, es para extorcionarlos”, comenta un compañero suyo que acampa en 9 de Julio.

Por los dos frentes la lucha va a continuar, a medida que pasan los dias son más las organizaciones que los respaldan y las figuras que dan su apoyo. Poco a poco, una gran cantidad de contradicciones van quedando al descubierto, como el inexplicable apoyo del gobierno nacional de los derechos humanos a Insfran, gobernador de Formosa desde 1995 y de quien partió la orden de represión. Tampoco se explica la desantención hacía el campamento en la calla por parte de los gobiernos, tanto de Formosa, como de Capital Federal y de la Nación. Uno de los acampantes ofrece su explicación: “Lo que pasa es que estamos reclamando algo que va en contra de la Constitución argentina que es el reconocimiento de los pueblos originarios no solo como personas cívicas sino como comunidades con culturas e instituciones diferentes. Esto significa una medida revolucionario que sería que el país no sea ya un Estado Nacional sino un Estado Plurinacional”.

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