Albores de un nuevo país: Sudán del Sur

La Internacional

Noticia que no fue noticia: resultó positivo el referendum por la creación de un nuevo país donde desde hace mucho hay una nación conformada. En el corazón de África durante el 2011 nacerá el 194º Estado con reconocimiento internacional.

Los ecos que resuenan desde África poco suelen retumbar por estas latitudes. En nuestro ideario se lo ve como a un continente plagado de conflictos, a la vez que amenazado constantemente por pandemias, hambrunas y extrema violencia; hogar de extraños grupos animistas, de rituales bárbaros y de animales majestuosos. No más que esto.

Sin embargo, desde 1955 se estuvo gestando en el interior de Sudán -país de mayor superficie, análogo al tamaño de Argentina-, un movimiento que culminó de manera victoriosa con la independencia de la región austral, conformándose Sudán del Sur.

Plebiscito y augurios

El referéndum tenía que darse “en el 2011”, según lo acordado entre Sudán y el Movimiento de Liberación del Pueblo Sudanés (SPLM, por sus siglas en inglés) quien desde hacía poco menos de veinte años, se había convertido en una notoria fuerza beligerante por la autonomía del Sur. Y sin ninguna espera, el año amaneció bajo las urnas: entre el 9 y el 15 de enero la población debió tomar la tan ansiada decisión: unidad o secesión. La segunda opción ganó con un abrumador resultado: 98, 83% de los sur-sudaneses habían optado por conformar unas nuevas fronteras. Raramente para un continente en general convulsionado a la hora del sufragio, las votaciones se hicieron con relativa calma y, según veedores internacionales como la ONU y el Centro Carter entre otros, el nivel de corrupción e irregularidades fue ínfimo. “El referéndum fue correcto, exacto y transparente y no hemos tenido objeción acerca del resultado” afirmaría luego el Presidente para el referéndum, Mohamed Ibrahim Khalil.

En el exterior, los sudaneses emigrados, optaron por la misma resolución que sus compatriotas: en Inglaterra, Egipto y Canadá un 97% apoyó la separación. Entonces, de una vez y para siempre, el Sudán del Sur puede ansiar un territorio libre y soberano para su porvenir, hecho que se oficializará el 9 de julio próximo.

Pese a estas alentadoras noticias, el joven Estado está y estará cercado por un sinfín de problemas de toda índole. Por un lado, solo el 80% de las fronteras han sido delimitadas entre los dos gobiernos, hecho que podría extremarse, dada la presencia de pozos petroleros en lo que hasta hoy son las fronteras aceptadas. A su vez, la provincia rica en reservas petrolíferas, Abyei, se supone que tendrá un referéndum para elegir a qué territorio pertenecer. Se trata de asuntos con una potencialidad nada desdeñable de provocar conflictos, ya sabemos que ha habido enfrentamientos armados entre los nómadas Misseriya –que desean ser “norteños”- y los Dinka-Ngok -aspirantes a ser miembros del sur- con un saldo de diez muertos en una semana.

Por otra parte estará la cuestión del gran gasto del erario público que consumirá el solo hecho de crear ex-nihilo todo el aparato administrativo y burocrático necesario para poner en marcha la maquinaria estatal. De modo que será Sudán del Sur bien permeable a recibir la llamada ayuda extranjera –léase, préstamos-, aumentando la ya gran deuda que heredará –diecisiete mil millones de dólares- de la partición en partes iguales de los adeudado por el la vieja Sudán unificada.

Por último, clave será ver cómo se solucionan las relaciones con su vecino del Norte, no ya en el ámbito político ya que ambos Estados parecen acercarse a una senda de respeto por las soberanías ajenas; sino en el trato hacia los nuevos extranjeros, aquellos sudaneses que hayan optado por ser del Sur aunque permaneciendo en el Norte o viceversa. De qué modo controlar y evitar la segregación automática de ese ciudadano, de la misma forma que la xenofobia y demás actos de violencia y alienación.

Supremacía del Norte. Colonialismo. Historia del conflicto sudanés

Sin embargo, ¿cuáles fueron las motivaciones de la población austral, a rebelarse contra el poder central y, durante seis décadas, enarbolar las banderas de la autodeterminación?

El conflicto Nor-Sur se establece en gran parte como consecuencia de la colonización: primero fueron los egipcios quienes llegaron a la región con ánimos colonialistas, instaurando en la capital actual de Jartum, el centro de operaciones y dominio. De modo que hubo una profundización de la misión islamizadora por sobre la población local, donde un amplio sector mantenía sus tradiciones religiosas propias. A la vez, la riqueza comenzaría a apropiársela un pequeño grupo mahometano, ligado a El Cairo, asentado en el Norte, mientras el Sur fue dejado de lado. Esta política de exclusión y segregación sería continuada por los ingleses, que a fines del siglo XIX se hicieron con el control de hecho del territorio. Aquí, en su política de “divide y vencerás” gobernó al Sudán como dos compartimentos diferentes, uno el Norte –beneficiaria de la mayor cantidad de los beneficios económicos y sociales- y otro el Sur. Es más, hasta 1947 la ley de closed districts prohibía el paso de una zona a la otra. Entonces, vamos viendo cómo las diferencias no solo se constituyeron por divergencias religiosas, sino también como una continuada historia de pauperización sureña.

En 1955, como anticipamos, dio a luz el primer movimiento armado contra el poder sudanés, con reivindicaciones propiamente de liberación, en manos del movimiento Anyanya, conformado por ex-miembros del ejército en un principio y luego expandiéndose por todos los puntos cardinales. El Acuerdo de Adis Adeba, entre este grupo insurgente y el poder central parecía ser el camino hacia un entendimiento entre ambas partes, donde Sudán del Sur lograba amplios beneficios de autodeterminación, llegando a establecer un propio Poder Ejecutivo y un Parlamento. Sin embargo, y fruto del descubrimiento de grandes riquezas minerales en hidrocarburos, el Sudán avasalló este acuerdo a partir de 1977, desechando aquellos progresos y estabilidad concensuados.

Finalmente, para 1983 se crearía el SPLM, que durante veintidós años lucharía tomando las armas, por esa libertad tantas veces mancillada.

En 2005, se firmaría el último acuerdo de paz, el Acuerdo Global de Paz, que tendría como resultado el referéndum de principios de 2011…

Secesión en Sudán: ¿antesala para el desmembramiento de las fronteras africanas?

De las consecuencias más nefastas del dominio europeo sobre suelo africano fue lo que podríamos llamar, la etnización del continente; es decir, dejaron al territorio conformada por un sinfín de étnias, creadas por el mismo colonizador como un medio de control de los grupos sociales que encontraron durante su llegada. De modo que las fronteras de los actuales países africanos suelen contener en su interior reivindicaciones por la autodeterminación de tal o cual grupo por el territorio que habita. Por ejemplo, países como Nigeria, Etiopía –que ya sufrió la secesión de Eritrea-, Sudán –con Darfur- y Somalía actualmente se encuentran empapados bajo enfrentamientos entre grupos armados, que bogan por la liberación de tal o cual provincia o región del poder central.

Entonces, ¿puede Sudán del Sur animar a un aumento de las expectativas separatistas a lo largo y ancho de los cuatro puntos cardinales?

Alfred Sebit Lokuji, presidente del comité que cubre el estado de Ecuatoria Central,  dijo a NosDigital: “Si bien es tentador creer que Sudán del Sur establece un ejemplo con Somalía, no hay paralelismos allí. Sudán del Sur viene de una larga historia de opresión. Mientras que la opresión que no puede ser negada para ciertos elementos del pueblo somalí, el deseo de estar unidos no es el mismo de ser libres, sin embargo, ambas dos no son siempre excluyentes”.

De modo que, tal vez sea la antesala de una nueva ola de esperanzas de autodeterminación, aunque eso no implique independencia necesariamente. Será solo el tiempo quién determine qué le deparará al mapa africano.