“Un servicio público expresa los intereses de ciertos sectores”

Mientras los cortes de luz florecen con el sol de un verano que ya se va, puede que no se recuerden los afiches con que las privatizadoras del servicio eléctrico decoraron la Ciudad de Buenos Aires a lo largo del año pasado. Aquí, el historiador Juan Kornblihtt desarrolla su punto sobre los servicios públicos en la Argentina.

“9 de cada 10 domicilios de Capital y GBA pagan menos de $1,33 de luz por día desde 1992. Creemos que sólo hay que subsidiar a aquellos que lo necesitan. AGEERA-ATEEPA-EDELAP-EDENOR-EDESUR”. Afiche publicitario en las calles de Buenos Aires, noviembre 2010.

-Llama la atención la presión que están ejerciendo las compañías de servicios públicos sobre la población para lograr un aumento de tarifas. ¿Cómo hay que entenderla?

-Primero hay que preguntarse por qué los servicios públicos se privatizan, en función de eso entender qué acuerdos hay entre el gobierno y las empresas prestadoras de servicios públicos que dentro de las ramas de la industria es una rama particular, porque da su servicio a todos, a trabajadores y a empresarios, y recién ahí entender esa presión. Al ser un bien público tiene una intervención del Estado. En otras áreas no se regula: nadie discute cuánto tiene que costar el cine, por ejemplo. En cambio un servicio de bien público sí. Por eso hay disputas políticas.

-De acuerdo. ¿Por qué los servicios públicos se privatizan, entonces?

-Un servicio público no es algo de bien general, abastece a todos por igual pero expresa los intereses de ciertos sectores, en tanto es parte de la sociedad. Cuando los servicios públicos estaban en manos del Estado no es que eran de todos, el Estado expresaba las relaciones sociales, servían para garantizar el funcionamiento del capitalismo bajo ciertas características en Argentina. Por lo general, los servicios públicos regalaban la energía, el teléfono, etc. Pocos consumidores comunes pagaban, con lo cual implicaba abaratar el salario porque esa parte que tendrían que abonar de servicios está cubierta por el Estado, entonces los principales beneficiarios de esa política eran los empresarios. A partir de allí la industria argentina se monta sobre transferencias que les da el Estado en la cual los servicios públicos juegan un rol fundamental. La nafta, por ejemplo: YPF vendía por debajo de los costos internacionales, perdiendo plata a favor de las empresas que consumían para producir. El asfalto se hace con nafta, e YPF asfaltó gran parte del país en beneficio de las empresas constructoras de autos. Igual, el estar en manos del Estado favorece en cierta medida a los trabajadores, porque en la lucha de los trabajadores se pueden conseguir mejores condiciones. De hecho, eso es así: eran mejores las condiciones con las empresas en manos del Estado que cuando se volvieron privadas. Con las tarifas pasa algo parecido. Favorece un montón al capitalista, pero también a los trabajadores porque eran más bajas, uno podía consumir el servicio a menor precio.

-¿Y por qué viene la privatización?

Porque son empresas de una sociedad capitalista. Y en el capitalismo hay ciertas leyes que por más que las empresas sean estatales tienen que cumplirse. El primer elemento por el cual se privatiza es porque el Estado argentino entra en quiebra, por las crisis sucesivas producto de la decadencia del capitalismo en el país, que tiene raíces en los 60’ pero que se profundiza en la crisis del 75, se vuelve a profundizar en el 82 y en el 89 tiene un punto muy importante en el cual la crisis del capitalismo implica la crisis de un Estado que se alimenta de cobrar impuestos. No tiene otra fuente de riquezas: si entra en quiebra el capitalismo, entra en quiebra el Estado. Entonces lo primero es que ya no tiene a quién cobrarle impuestos: se están fundiendo todos. No tiene con qué sostenerse. En el 89, además, es muy difícil endeudarse, como sí se había podido durante la dictadura y en la crisis del 82. Para tomar deuda ahora te piden algo a cambio. El Estado quebrado, dijimos, significa tener la quiebra de las empresas. No había más inversión, por eso había mala calidad del servicio. Además se agrega que la crisis es mundial, y los capitalistas se empiezan a destruir entre ellos, como siempre que hay crisis. Y empiezan a competir. Y tienen que ser cada vez más grandes, y superar las barreras nacionales. Entonces se plantea una alternativa: o salgo a comprar empresas o me compran a mí. El Estado argentino está quebrado. No puede salir a comprar empresas. Los que también están en crisis pero tienen un poco más de capital como para salir de esa situación comprando a otros son las empresas europeas y estadounidenses. Eso es lo que hacen las francesas, italianas y españolas: salen a comprar empresas latinas para salir de la crisis, anexarlas y crecer. Compensar su caída de ganancias por la vía de aumentar su escala. Es un proceso que se da en toda América Latina: con Color de Melo en Brasil, en Perú, en todos lados. El paradigma es Telefónica: uno recorre el continente y en todos lados va a encontrar Telefónica. Porque sale de su crisis en España comprando a todo Latinoamérica. Esa escala le permite seguir funcionando. Las empresas latinoamericanas no pueden adquirir esa escala porque están quebradas, la única forma hubiera sido con unificaciones sobre otras bases sociales que les permitieran aumentar su escala. Pero al estar todos fragmentados y quebrados, pudo avanzar el capital más concentrado. La privatización se consolida a cambio de deuda externa, hay una transacción de valor en malas condiciones por la desesperación de los gobernantes de salvarse y expresar los intereses de esas propias empresas que venían a privatizar. Es innegable que las negociaciones estaban viciadas porque los vendedores y compradores estaban del mismo lado del mostrador. Pero está claro que esa corrupción se puede dar por la quiebra del Estado. No es por la corrupción que se regaló, sino por la quiebra del Estado. Ese endeudamiento también va a garantizarles a los europeos que se les preste plata pero ese dinero lo van a transferir alimentando al mercado interno, y garantizando las tarifas pagas al que prestó el dinero. Yo te presto pero para que le des plata a mis empresas: vos tené un esquema de tarifas dolarizadas. El FMI, compuesto por europeos y estadounidenses, responde a esas empresas. Entonces dan el préstamo si sus propias empresas en Argentina ganan mucha plata. Se acuerda que la rentabilidad esté garantizada al comprar las empresas. Se negocia la posibilidad de sacar esas ganancias sin reinvertirlas, el despido de trabajadores, las condiciones de explotación y tercerización, se garantizan subsidios sino se llega a tener ganancias…

-¿No había otra salida que no sea la privatización, entonces?

-Esas salidas hay que evaluarlas dentro de las relaciones capitalistas. Lo que ocurrió con Argentina es general, pasó en todo el mundo, incluso en la propia Europa. La escala que requiere una empresa de servicios ya no alcanza con ser nacional. No se puede plantear  un capitalismo nacional como alternativa. Siguiente opción: hagamos una América Latina capitalista. Pero las bases de Latinoamérica indican que esas empresas entran en contradicción con quienes le tienen que prestar plata. Y todas tienen que apelar al endeudamiento porque están quebradas. Si vos apelas al endeudamiento tenés que entregar algo a cambio. Ese es el límite de la alianza de estados débiles: hay que dar privilegios al que le pido prestado. Además nada indica que si Color de Melo y Menem hubieran hecho una empresa común eso hubiera sido más progresivo, no hubiera sido muy diferente. La única alternativa que había para una superación de la escala es que no sea bajo las bases capitalistas sino de los trabajadores, donde no rige la propiedad privada sino la social. La empresa no es para alimentar a un capitalista sino en función de un desarrollo social. Eso implica poner en cuestión las relaciones sociales y cuestionar la viabilidad del capital, que se cuestiona sola porque muestra sus límites.

-¿Entonces no hay manera de que una empresa estatal sea rentable dentro de los marcos de la sociedad capitalista?

-La empresa estatal quiebra por dos razones: la primera, porque cumplía esta función de transferencia de recursos del Estado, es decir que no buscaba tener una rentabilidad, no tenía la dinámica de una empresa capitalista normal. Se plantea que la función es ser operativa, no dar pérdida, pero lo fundamental es abastecer un bien social. Un bien social de la sociedad capitalista. Y en segundo lugar porque la escala que se requiere producir, para ser rentable, tenía que renovar su tecnología y aumentar su escala a un nivel que un Estado en quiebra no podía hacer. Eso, además, hacía que haya un muy mal servicio, que esto también abonó para esa quiebra de la empresa y la privatización.

-Volvamos a la pregunta inicial: ¿Cómo hay que entender la presión que estamos viendo de las empresas para aumentar las tarifas?

-Ahí llega la respuesta. Una de las garantías fundamentales que entregaba el Estado quebrado era la flexibilización laboral, pero la más importante era la convertibilidad. Porque eso significaba ganar lo mismo en dólares, y al sacar la plata del país era lo mismo ganarla en Argentina que en Estados Unidos. La flexibilidad laboral persiste y así se garantiza la rentabilidad, que sí se ve afectada por la devaluación y el congelamiento de tarifas. Eso no quiere decir que las empresas hayan reducido su rentabilidad: lo que se quitó por devaluación se les da por subsidios. Y ahí empieza una puja: “descongelame las tarifas”, piden las empresas. “No, te subo el subsidio”, contesta el Estado. ¿Por qué? Porque el subsidio no salta de inmediato. Entonces el gobierno te quita recursos de otros lados que no son tan visibles para subsidiar. Y esas empresas mantienen su rentabilidad pero de una forma diferente, no mediante las tarifas sino con los subsidios. No cambió la relación que había antes, cambió la forma. El cambio fundamental pasa por el hecho de que con la convertibilidad la disputa era más tranquila, porque con la tarifa en dólares la rentabilidad estaba asegurada. Ahora requiere intervención. Entonces, las empresas también juegan en el terreno público. Te tiro presión pública para subir las tarifas, vos negocias un aumento de tarifas acotado y me aumentás subsidios. Hoy el gobierno está teniendo un déficit fiscal importante, y aumentar los subsidios se le hace difícil. No puede dar tantos como antes, pero tampoco puede liberar las tarifas porque sino hay más inflación y más impacto social, justo en un año electoral. Y empieza a haber una tensión mayor entre la menor capacidad del gobierno de subsidiar y la dificultad para liberar las tarifas. Entonces las empresas privatizadas intentan intervenir para ver cómo logran ese aumento de tarifas. Y lo hacen con la presión pública, con esos afiches que vemos.

-¿Y en los casos que volvieron a ser del Estado las empresas, como Aguas, Aerolíneas, las jubilaciones o el Correo?

– Las jubilaciones, en principio, son un mecanismo por el cual se garantiza el Estado tener un flujo muy grande de riquezas. Se le quita el negocio a una serie de grupos económicos para que la tenga el Estado. En el caso de Aguas, de Aerolíneas y el del Correo es por la quiebra de las empresas privadas. Se compran empresas quebradas.

-¿Y el resto de las empresas no se estatizan porque siguen siendo rentables gracias a los subsidios? ¿Qué pasaría si se estatizan ahora que son rentables?

-Puede ser que si se produce una crisis esas empresas se estaticen. Pero cuando se estatiza la pregunta es: ¿eso es sostenible? Estatizar siempre es más progresivo, porque da margen a la lucha, no porque el Estado sea mejor ni cambie las relaciones sociales.