Cine en Nuestra Plaza

Miles de personas se acercaron el sábado 18 a Plaza de Mayo para compartir la proyección al aire libre del telefilm Belgrano. Ni la lluvia pronosticada ni el frío comprobado fueron suficientes para ahuyentar a un público que quiso estar y quiere saber.

“Si yo te digo ‘Voy a la plaza’, vos ya sabés dónde estoy”, asume Alicia. A su lado Antonia asiente y le da la razón. Las dos, de 64 años, se acercaron a esa plaza para ver la película Belgrano, telefilm dirigido por Sebastián Pivotto, coproducido por La TV Pública, Canal Encuentro y la Unidad Bicentenario y auspiciado por el INCAA. Es el  primer evento de este tipo que se hace ahí. ‘La Plaza’ es, claro, Plaza de Mayo. La de las Madres, la de la Revolución de Mayo, la bombardeada, la de tantos reclamos, muertes, festejos y cuánto más.

 Todo el día la lluvia estuvo por caerse. Sin embargo, una hora antes de la hora estipulada y con las nubes todavía cubriendo el cielo, las butacas de las primeras filas ya estaban ocupadas. Con reposeras, banquitos -a 25 pesos, la mitad de lo que sale en un negocio, dice el vendedor ambulante-, mantas o directamente sobre el pasto, el público se fue acomodando frente a la pantalla principal. Por detrás, la Pirámide. Por delante, medio círculo de pañuelos se abre esperando por la historia de un revolucionario que, obra y gracia de distintos actores, quedó relegado a “Creador de la Bandera”. Ahí nomás está también el Belgrano de bronce, sobre su caballo de bronce, esperándose.

 “Tengo 56 años y me siento como a los 17, con tanta gente acá. El pueblo estuvo mucho tiempo guardado y estar en este lugar me emociona”, dice Oscar. “No somos tan politizados, pero sí somos éticos”, agrega Luján, su esposa.

 También existen los casos de una llegada de casual, como un grupo de cuatro chicos de La Pampa que esperan por el recital de Ciro y Los Persas en el Luna Park y están haciendo la previa. Una previa extraña, pero previa al fin.

 En la pantalla, mientras tanto, se mezclan fragmentos de programas del Canal Encuentro, algunos videos musicales –Juan Carlos Baglietto, Kevin Johansen y Paz Martínez, como para ejemplificar un listado heterogéneo. También discursos o entrevistas de distintos presidentes latinoamericanos, Evo Morales y Hugo Chávez son de los más aplaudidos, junto con el ex presidente Néstor Kirchner, cuyo multitudinario funeral fue aquí, en La Plaza. “Hay un resurgir del latinoamericanismo socavado durante los noventa”, reflexiona Adrián. Las Whipalas que flamean respaldan sus palabras. “Las políticas neoliberales del menemismo acabaron con eso, con la cultura, y hoy hay un vuelco del pueblo a las calles que demuestra que el espíritu es otro”, sentencia.

 Ángela y Carlos llegaron a La Plaza junto con sus dos nietos, Dante y Sofía. Él tiene siete años y le pidió a Papá Noel que le trajera de regalo “La historieta de Rosas”. Le gusta la Historia, e intenta aprenderla tanto en la escuela como de forma autodidacta. No es el único de su generación, Quimei tiene ocho, e hizo venir a sus padres y hermanas desde González Catán para ver “Belgrano”. Iban a ir a Rosario, donde la película se presentó con una proyección en el Monumento a la Bandera, pero la escapada de fin de semana no prosperó y vinieron a La Plaza.

 Sentados en el pasto dos pibes estampan un “stencil” en un cartón: “Crispasión” es el término que se burla de la ortografía y de una de las palabras más de moda entre el colectivo conocido como “la oposición”. El que guste puede acercar su remera lisa y llevársela con uno de los leitmotiv “Nac & Pop”. Uno milita en La Cámpora, el otro se presenta como autoconvocado. La Plaza guardó y guarda para los dos muchos momentos de la historia reciente.

 Lo mismo siente Gabriela, quien junto con su marido y su hija Lucía, de dos años, busca un buen lugar para ver la película. “Estuvimos en el funeral, en el festival por los Derechos Humanos, en la marcha por el aniversario de la Noche de los Lápices. Venimos el 24 de marzo todos los años. Sentimos que La Plaza, al ser nuestra y de todos, es algo que nos une, que nos aúna y nos obliga, de algún modo, a abrazarnos con los que estamos y los que ya no están. Este lugar nos vuelve parte de la Historia, acá están el pasado, el presente y el futuro”.

Alicia está convencida de que algo está pasando, y vuelve a jugar con las palabras para dar otra definición, distinta pero complementaria a la que transformó un sustantivo en nombre propio. “Este espacio es un símbolo de lo que ocurre en el país, es de reunión, de festejo, de defensa, de lucha y de construcción. Las historias de los pueblos están siempre íntimamente relacionadas con una plaza, esta es Nuestra Plaza”.