“A la Iglesia le costó comprender a las experiencias subalternas”

El insorteable rol de la religión en cualquier sociedad, en el caso de nuestro país se refiere en gran medida a la influencia de la Iglesia. Las formas de involucrarse política y socialmente en una realidad donde busca defender sus propios intereses.

Capital Federal hierve, un mediodía insoportable, pero sin embargo, presta está la Doctora Laura Santillán –docente de antropología en la UBA, investigadora de esta universidad como también del CONICET- sentada en un bar a metros de la estación de subte Agüero para responder a nuestras preguntas. El eje propuesto: la familia. Esta palabra que tanto se usa para describir a aquel grupo de crianza, pero a la vez funciona como una institución que los credos religiosos siempre defienden con el cuchillo entre los dientes. Por alguna razón, también, se la ve como algo que siempre fue así, que en todos lados se revela bajo las mismas formas y que cualquier cambio podría originar el derrumbe moral y de la mismísima civilización occidental. Esto sale a la luz al analizar los discursos de la cúpula de la Iglesia Católica durante la sanción de la Ley de Divorcio, allá por 1987, como también con la nueva Ley de Matrimonio. A su vez, arma de la Dictadura y lugar de resistencia. ¿Cómo analizar a la familia, cómo verla, qué intereses subyacen bajo esta figura? Laura echará luz sobre este espinoso tema.

-¿Dónde nace la negativa de la Iglesia Católica hacia la nueva Ley de Matrimonio?

Históricamente la cúpula de la Iglesia se mantuvo férrea a dejar congelado el modelo de familia nuclear. Para pensar la Iglesia Católica hay que pensar que hay muchos movimientos internos que no necesariamente adhieren, pero la jerarquía, y en los momentos actuales de manera exacerbada, mantiene intacto el modelo de familia nuclear. Creo que en el debate del matrimonio igualitario Bergoglio representó este discurso en sus modos más anacrónicos y conservadores en un momento de menor popularidad de la Iglesia. Desde varias décadas a esta parte un conjunto de credos se están disputando el espacio del catolicismo, por ejemplo el evangelismo en los barrios populares, en un período de crisis por el develamiento por los casos de abuso y de atropellos de la jerarquía hacia la sexualidad con poca autoridad moral para hablar del tema. Por eso me da la sensación que ese discurso que históricamente fue conservador, en el contexto de la nueva ley de matrimonio quedó exacerbado por las figuras de muchos sacerdotes y sectores del laicado católico.

-En los barrios populares donde que vos soles frecuentar, ¿este discurso cómo fue interpretado? ¿Esta ley afectó la vida cotidiana de estas poblaciones?

Estoy trabajando en asentamientos y barrios ubicados en la Zona Norte del Gran Buenos Aires, que particularmente han recibido la influencia de la Iglesia Católica. Pero esto a través de las facetas más heterogéneas que se puedan imaginar: de las más conservadoras hasta formas más tercermundistas, más contestatarias hacia las cúpulas. En el contexto de la ley de matrimonio con los pobladores pude hablar por haber sido un tema debatido y en el cual se tomó posición. Hay que empezar sabiendo que sí compete a los barrios populares, donde también se vive la homosexualidad. Sobre la ley hubo un posicionamiento político relacionado también con la influencia de estos diversos grupos eclesiásticos. En cuanto a los sacerdotes de base hubo una fuerte crítica sobre cómo se manejó la cúpula y en la opinión también. Esto no quita que en las experiencias tercermundistas no se cuelen imágenes tradicionales y conservadoras sobre la vida en familia, ya sea cómo se debe alimentar a los niños, cómo educarlos, criarlos…

-¿Bajo qué argumentos se rechazaba el matrimonio entre personas del mismo género?

En general con las personas que charlé ninguna estaba en oposición. Capaz, levantándolo a otros contextos en los que trabajo se vuelve al argumento de la naturalidad de la familia nuclear. Se invoca a la visión tradicional de la crianza que tiene que estar a cargo los progenitores, que en el caso de que no sea estos los biológicos, tienen que estar ligados al parentesco y en última instancia, a un tutor a cargo. Esto se mantiene con mucha fuerza, aún cuando el debate por la sanción permitió la reflexión de este sentido común tan cristalizado.

-En 1987, la Iglesia salió en “defensa de la familia” con la sanción de la Ley de Divorcio. ¿Cómo fue el discurso para los sectores subalternos? ¿Los agentes de base realmente se opusieron a esto?

Para ese momento no estaba en contacto con estos barrios, pero en estudios y lecturas posteriores pude reconstruir lo que pasaba por aquel entonces, momento coincidente con la entrada de la Iglesia con proyectos vinculadas con la interpelación al laicado en estos asentamientos. Coincidente con el momento de hiperinflación, el retorno a la democracia, muchas veces con una línea en continuidad con lo que había pasado en la dictadura. Esto fue clarísimo en Quilmes por ejemplo. En cuanto a la ley, mientras la cúpula salió con declaraciones a través de los medios y marchas oponiéndose al respecto con una construcción apocalíptica, con el fin de la familia; paralelamente se discutía esto, en los barrios de la zona norte se estaban llevando a cabo programas entrando en contradicción con este discurso, ya que, por ejemplo, una de estas iniciativas de la Iglesia era la reunión de matrimonios. Lo que pasaba era que en las parejas de los barrios populares no estaba consumado el matrimonio de manera legal, por registro civil, sino, la unión de hecho. Por eso, muchos pobladores me contaban las vicisitudes de no poder formar parte de esta experiencia laica, que a la Iglesia le costó comprender la particularidad de las experiencias subalternas. A modo personal, de hipótesis, me parece que las iglesias evangelistas captan mucho más rápidamente porque no tienen iniciativas marcadas por las directrices de la forma de vida y de las clases medias y altas. Igualmente, más tarde, se fueron aggiornando las actividades de las organizaciones católicas, borrándose de las iniciativas la diferencia entre matrimonio legal y la que no lo era.

-¿Por qué la persistencia del discurso de la familia nuclear?

Es increíble la fuerza que tuvo la imagen de la familia nuclear, que sigue teniendo como vector de naturalidad, normalidad y que lo demostraron los debates de hace 20 años y los actuales. Acá es imposible soslayar la historia. La pregunta es cuándo es que surge esta fortaleza de la familia nuclear. La respuesta es: temprano. Para pensar nuestro país, y no irnos a ejemplos muy foráneos, sobre todo se dio con la Modernidad y la consolidación del Estado, que la instituye como elección de familia legítima. Y ahí si intervinieron actores sociales específicos muy eficaces en la forma de proceder, muy ligados a las elites, como por ejemplo las Damas de Beneficencia y la creación de sociedades de beneficencia; como también los credos, en el país, la Iglesia Católica. Hay momentos específicos en nuestra historia que pactaron con tanta fuerza, uno es durante la dictadura, por ejemplo. Hay que pensar que ésta que llega hasta el 83 con propagandas que interpelaban a las familias, propagandas específicas: “¿sabe dónde está su hijo ahora?”, donde se pone a la familia como responsable contra la batalla contra la llamada “subversión”. Las publicaciones de la revista Gente son un buen ejemplo, en el año 76 hubo una carta abierta a los padres con una interpelación directa en el rol de la madre y el padre en la obligación de educar a los hijos contra los males que afectaban al cuerpo social. También encuentros y entrevistas, recuerdo una llevada a cabo por Neustad, reuniendo a padres y a jóvenes acerca de qué hacer para que sus hijos no sean guerrilleros.

-¿Se podría afirmar que los planes relativos al rol familiar llevados a cabo desde el 76 hasta el 83, significó un retroceso que hoy en día se intenta aún superar?

Sin duda es insoslayable el poder que tuvieron en esos 7 años de dictadura para atravesar la vida cotidiana y por ende. Yendo al ámbito micro, para muchas familias, terminada la dictadura y el período inmediatamente posterior, persistieron  que muchos adultos mantuvieran prácticas de miedo, temor a la participación de sus hijos en los espacios de militancia de las universidades, trabajo y secundarios. También hubo una generación de padres que una vez retornada la democracia mantuvieron prácticas ligadas al miedo, la sospecha, la prohibición, la represión.

Los jóvenes que vivieron ese período, adultos actuales, asumen marcas que dejaron la clausura de espacios de participación, aunque, obviamente, vividas de manera muy heterogéneas.