Yo No Fui, para la libertad

La asociación civil y cultural, cooperativa y familia a la vez agrupa, contiene, forma, integra e ilumina a mujeres encerradas en penales y a las que salen a través de talleres de fotografía, serigrafía, telar y encuadernación.   

Yo No Fui se autodefine como una asociación civil y cultural que trabaja en proyectos artísticos y productivos en los penales de mujeres de Ezeiza y, afuera, con las mujeres que salen en libertad. Blanca, una de las fundadoras, es más precisa: “Para mí es una familia. Junto con mis hijos, mis compañeras fueron quienes más me ayudaron”. Yo No Fui, diría Joan Manuel Serrat como en Para la Libertad, pondrá dos cuencas de futura mirada donde dos cuencas vacías amanezcan.

Pero también es una cooperativa en la que quien primero aprendió, después enseña. Blanca ahora está en el taller de telar, pero también hay de serigrafía, fotografía, encuadernación, carpintería y de alfombras.

Claudia cuenta su experiencia: “Estuve tres años detenida. De todo ese dolor tenía que tratar de sacar algo bueno. Yo No Fui me ayudó a explotar lo que yo disfruto hacer y que, además, es positivo: crear”. Empezó con poesía, pero no era lo suyo. En cuanto descubrió el tejido, no lo dejó.

María Medrano le dio origen en 2002, a partir de un taller de poesía en la Unidad 31 de Ezeiza. El objetivo era brindar contención en la cárcel, pero cuando quedaban en libertad, tenían ganas de juntarse a leer textos y escribir, así que la contención continuó afuera. Blanca cuenta que continuar creando en libertad la ayudó a evadirse, le dio herramientas para integrarse y para conseguir trabajo. “Me llenó de confianza y seguridad para salir de la cárcel y no encontrarme con tristeza e incertidumbre, con todo destruido”. Lucía, otra fundadora, explica que Yo No Fui también reconstruyó otras cosas que se van dañando en los privados de su libertad como la pérdida de los lazos familiares, y sacia las necesidades económicas y legales”.

“Trabajamos el puente entre el adentro y el afuera. Replicamos todo lo que pasa adentro en el afuera. Además acompañamos a las chicas a rearmar todo el contacto con familiares, amigos, hijos. Cuando salen, se plantean nuevamente la vida que faltaron hace cuatro o cinco años. Y en ese proceso vamos caminando todo el tiempo con las chicas. Somos un grupo interdisciplinario. Repensamos colectivamente, donde cada uno aprende con el otro”, agrega Lucía.

Ramona, del taller de serigrafía, explica: “En la cárcel, estás separada de la familia. Compartís un espacio con otra gente, pero no tenés un proyecto en común. Los talleres son el espacio para salir de esa soledad”. El arte es buscar lo que se tiene adentro y volcarlo en la vida. Ella aprendió serigrafía en el penal y ahora esta enseñando en la Unidad 3 y en el taller de Bonpland 1660.

A partir de esas actividades más proyecciones de películas y recitales, Yo no fui promueve una comunicación libre de discriminación y segregación, para dar oportunidad de un diálogo más fluido y una mayor aceptación de las diferencias y de las distintas circunstancias de cada ser humano.

Este año, Las Pastillas del Abuelo presentaron el disco Tantas escaleras con arte de tapa de Yo No fui, y un videoclip del tema homónimo que muestra el proceso de trabajo del taller. “Nos ayudó muchísimo en la difusión”, cuenta Lucía. “Pitty, el cantante de la banda, nos contactó a través de su manager porque él también da talleres en el penal de Marcos Paz. Tiene mucha preocupación por el encierro y por lo social en general”.

“Retoñarán aladas de savia sin otoño, reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida. Porque soy como el árbol talado, que retoño y aún tengo la vida”, cerró Serrat Para la Libertad como si estuviera pensando en las chicas de Yo No Fui.

Qué raro
porque este desgarro
ese ahogo que acompaña
los pasos
por el largo corredor
las rejas mudas
el silencio en la noche
el sonido del lápiz
sobre el papel
yo escribiendo los versos
un grito, un golpe, un choque
qué raro
escribo un verso largo
cómo pude
si no me gusta
qué raro
debo estar
rozando el candil de la crueldad
qué raro

Betty Pastrana – fanzín 31 nro. 1