Las vueltas de la Vuelta de Obligado

Entre las contradicciones del relato tradicional y el revisionista, nos tomamos el día de la Soberanía Nacional para hacernos la pregunta: ¿qué significó realmente la batalla de la Vuelta de Obligado? El doctor en Historia y profesor Jorge Gelman, autor de un libro sobre Juan Manuel de Rosas, responde al interrogante en una larga charla.

“¿Por qué en la escuela siempre nos han enseñado con muchísimo detalle cada una de las batallas, cada una de las campañas en las que nos permitieron liberarnos del yugo español y, sin embargo, se ocultó deliberadamente durante dos siglos todas las luchas que se dieron contra otros colonialismos que aún subsisten como, por ejemplo, en nuestras Islas Malvinas?”. Cristina Fernández de Kirchner

¿Te sorprendió la valoración inédita de la batalla de Obligado a 165 años de que haya sucedido?

La verdad que me sorprendió. Pero, al mismo tiempo, me parece coherente con una orientación de la política del gobierno. Porque se ha proclamado como un festejo nacional, antiimperialista. Este proceso de Cristina Fernández intenta retomar lo que fueron algunas banderas del peronismo histórico, que es esta idea de la Nación contra sus enemigos, que son externos, pero que también tienen aliados internos. Eso es lo que proponen los movimientos de tipos nacionalistas, y que comparten con el discurso rosista, que planteaba la idea, que retoma Perón, no necesariamente inspirado en el rosismo, de pensar la sociedad como una comunidad coherente con intereses comunes, como una Nación con enemigos que son básicamente externos pero que tienen también aliados internos, pero que están fuera de la comunidad porque son agentes de intereses que no son los propios.

¿Entonces fue un gobierno antiimperialista el de Rosas?

No. Yo no dije eso. Dije que parte de su discurso lo era… Rosas era un gobernante pragmático, no era antiimperialista de ninguna manera. Lo que quería era restablecer el orden político y social. Para poder hacer eso él se dio cuenta que después del fracaso de todos los regímenes previos, que se fueron cayendo uno tras del otro después de la Revolución de Mayo, era necesario negociar con los factores de poder, con la realidad. Y esos factores eran muchos: los populares, que los toma en cuenta para domesticarlos, no para convertirlos en los dueños del poder, y también las potencias internacionales, como Francia e Inglaterra, sobre todo Inglaterra. Rosas se llevó perfectamente bien con los ingleses, con los franceses no tanto.

Con ese pragmatismo se explica que haya estado tantos años en el poder…

Él negoció con casi todos. Con las grandes potencias, sobre todo con Inglaterra, tuvo acuerdos muy firmes. Negoció también con los principales líderes que habían causado la caída de Buenos Aires en 1820, cuando Rosas empezó a participar en política. Su obsesión era el orden. “Hay que imponer el orden cueste lo que cueste, lealtad”, eran las proclamas de Rosas. De hecho él sostiene a lo que va a ser el grupo rivadaviano, lo cual es bastante curioso porque la idea que da el revisionismo histórico es que Rosas y el federalismo eran lo contrario del rivadavianismo. Rosas primero fue un gran apoyo de ese gobierno, y después de cuatro o cinco años se peleó. También negoció con López, con Quiroga, con quienes construyó una alianza para poder llegar al poder. Y negoció con los jefes indígenas de la frontera. También hizo la Campaña del Desierto, la primera, la del 33, que es muy conocida. Pero antes y después de eso hizo un esfuerzo muy grande por negociar con los grupos indígenas, que van a terminar siendo los grupos amigos, los aliados. Ahí se nota ese carácter de Rosas, que le permitía ser capaz de reconocer los factores de poder con los cuales había que negociar. Los indios de la frontera le van a dar un apoyo fuerte, van a ser el tapón para tapar a los indios de guerra, que eran los enemigos.

La campaña del desierto quizá se contradice con la imagen que se quiere dar de Rosas ahora…

La historia no es sólo qué pasó sino lo que la gente hace uso de ese pasado para legitimar en una trayectoria histórica posiciones que se adoptan en el presente. Y siempre es arbitraria esa fundamentación en el pasado, porque uno ve el pasado en función de cierta forma de pensar la sociedad. El presente condiciona la forma de ver el pasado.

Obviamente, la mirada que el gobierno tiene sobre el rosismo es una mirada muy estilizada, parcial, como cualquier mirada. El historiador tiene que tratar de ser imparcial, pero también está condicionado, es casi imposible eludir las experiencias y las ideas personales de cada uno. Y eso para un político se exacerba al máximo. Tiene que defender una causa política y busca algunas cosas del pasado, que le permitan establecer un linaje histórico de alguien que le parece bueno. Termina entregando una imagen distorsionada de lo que fue la política de Rosas frente a las grandes potencias internacionales. No se puede entender el gobierno de Rosas sin un acuerdo básico y muy estable con Inglaterra.

De hecho cuando el cae, va a Inglaterra…

No es ninguna casualidad. Lo invitan a que vaya porque tenían muy buena relación con él. La Vuelta de Obligado fue un caso puntual, con efectos coyunturales que tienen que ver con varias cosas de las que no se habla mucho para explicar esa batalla. Eso que no se dice en el discurso revisionista, de Pacho O’donnel, que tiene esa idea de que fue la Nación Argentina frente al imperialismo. Eso es equívoco. Primero porque hasta 1862 no hubo Nación Argentina. Había tres estados provinciales autónomos. Buenos Aires tenía mucho poder, pero era autónomo. Rosas era el gobernador de Buenos Aires exclusivamente, pero a los efectos de la guerra había pactos entre las provincias que le daban la representación de las provincias frente al exterior. A parte de eso, cada estado era autónomo.

Y había otro problema fundamental, el tema aduanero. Buenos Aires controlaba la aduana por la cual se realizaba todo el comercio exterior de todo el territorio rioplatense. Todo lo que entraba por Buenos Aires dejaba impuestos muy importantes al gobierno de esa provincia, cuyos ingresos fiscales eran mayores que la suma de todos los ingresos de las restantes. Eso le daba un enorme poder. Las provincias no podían tratar directamente con las potencias europeas, porque Rosas centralizaba todo el comercio. Esto ayuda a entender que cuando uno piensa la llegada de los navíos franceses e ingleses que querían subir por el río Paraná en Obligado, no haya habido un interés común de la Nación Argentina de frenar a esos buques. Buenos Aires es el que quiso evitar que ese comercio lo hagan las provincias. Ni hablar de Paraguay, que recibió con los brazos abiertos a esos buques tras la pequeña batalla. Fue heroica, porque era muy difícil pensar que se podía vencer a esas potencias bélicas, pero fue pequeña.

¿Por qué Día de la Soberanía Nacional? ¿No hay contradicciones?

Uno no sólo tiene que observar los hechos históricos, sino cómo esos hechos fueron usados para construir imaginarios históricos para grupos políticos. Está la conformación de un ideario muy fuerte que se construye en el siglo XX, que es el llamado revisionismo histórico, que se constituye a sí mismo como opuesto a una tradición histórica liberal. Pero es una construcción muy forzada, y no sólo porque fuerza los hechos para mostrar una idea de Nación contra los antipatria en la que Rosas empieza a ser un actor importante. Aunque, más allá de que es forzada, es un imaginario que surge en un contexto argentino le era útil. Con la crisis del 30 el modelo agroexportador empieza a mostrar sus debilidades y se pone de manifiesto su crisis, además del golpe de Estado que termina con el régimen liberal que estaba vigente. Así empieza a sostenerse esta idea, que es bastante previa al peronismo, de que hay intereses esenciales de la Nación que es necesario defender por encima del respeto de la legalidad democrática. Mientas que antes, si fuera real o no esa defensa, estaba la idea de que lo central era la Constitución, las leyes, el respeto de la propiedad. El revisionismo dice que ese régimen ha fracasado, las élites han vendido la nación al imperialismo, de acuerdo con la entrega del país a los intereses británicos. Eso entra en crisis. Hay un grupo de intelectuales que empieza a elaborar un discurso que critica a ese régimen agroexportador, que dice que ese desarrollo era inviable. Esta gente empieza a buscar en el pasado ejemplos históricos que puedan encontrar similitudes con esos modelos que ellos están proponiendo para ese momento de los años 30. Y en Rosas van a encontrar el ejemplo.

¿Usted dice que el revisionismo forzó un poco los hechos históricos, pero el relato mitrista no está también forzado?

Todo relato histórico está muy condicionado por las circunstancias en que se vive. Uno diría si lee a los revisionistas que la tradición liberal negó cualquier valor a los caudillos, a los líderes provinciales y sólo defendió a los ilustrados de Buenos Aires. Pero si uno lee a Mitre, que fue el fundador del primer gran relato histórico nacional, con su historia de Belgrano y San Martín, que son los relatos más importantes de esa primera Historia Argentina también encuentra cosas que tienen que ver con el contexto histórico(ok). Mitre escribió en el 50, cuando empezaba a caer Rosas, lo que se llamó la galería de las celebridades argentinas, con la idea de construir un panteón de héroes nacionales distintos a los que tenía el rosismo para que los pueblos tengan en quién inspirarse. De ahí viene su insistencia en Belgrano, San Martín, Moreno, Rivadavia, que son los principales líderes que van a aparecer en esta galería de celebridades. Si uno lee la introducción de Mitre, la visión sobre los caudillos del interior del país es una visión homogéneamente negativa, dice que los únicos que han realmente ayudado a la organización del país son los líderes unitarios. Y Guemes, Artigas, López son una peste. Eso era en un contexto entre el 52 y el 62, cuando cae Rosas y se constituye la Confederación Argentina, liderada por Urquiza, donde no entra Buenos Aires. Mitre escribió con Buenos Aires enfrentada a la Confederación, por lo tanto esta imagen de los caudillos del interior bárbaros, que es también la visión de Sarmiento en el “Facundo”, fue funcional a lo que estaba pasando en ese momento. Si uno lee los escritos de Mitre después del 62, como presidente de esa nación unificada, reivindica a un montón de esos caudillos del interior, como a Guemes a Estanislao López, a quienes incluye en el panteón de la nación. Tampoco hay una historia liberal homogénea como ha plantado el revisionismo. La historiografía es mucho más matizada de lo que se plantea, pero eso no sirve para un combate político: en política se dice acá están los buenos, acá están los malos.

Jorge Gelman es doctor en Historia por la Universidad de Paris, investigador principal del CONICET en el Instituto Ravignani y profesor titular de Argentina I en  la Universidad de Buenos Aires. Fue presidente de la Asociación Argentina de Historia Económica. Publicó numerosos libros, entre ellos “Rosas bajo fuego”.

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