¡Hay desembarco!

Por Juan José Soler

Sí, sí, señores. Es noticia: ¡hay desembarco! El Granma está llegando nuevamente, como lo hizo por primera vez aquel 2 de diciembre de 1956. 82 guerrilleros parten del puerto de Tuxpan, en México, y arriban una semana después a Los Cayuelos, en el sudoeste de Cuba. Flamea la bandera de la isla y se escuchan los ecos del himno, cantado entre tormentas y olas. Pierden el equilibrio el yate y muchos combatientes. La imagen de una patria lastimada y ultrajada por dictaduras serviles se mezcla con los vómitos y los mareos que ocasiona la travesía. Las ilusiones se mantienen intactas: retumban los gritos del Moncada y los sueños de José Martí se pasean repartiendo conciencia. El fango de la costa y la emboscada del ejército no logran frenar al Comandante de ayer y de hoy. Fidel, siempre estratega, nunca fundamentalista, avisa: “Ahora sí ganamos la guerra”.

Sí, sí, señores. Es noticia: ¡hay desembarco! No lo recordarán los medios masivos de comunicación, para los que silenciar el incansable trabajo de las Brigadas Médicas Cubanas contra el cólera en Haití parece ser una obligación moral. No lo anunciarán en sus canales de televisión las grandes empresas monopólicas, para las que la erradicación del hambre y del analfabetismo en Cuba es un atentado contra las leyes del mercado. No lo pondrán como título central de sus diarios los organismos internacionales de crédito, para los que el atroz bloqueo económico, comercial y financiero que ejerce Estados Unidos contra la isla desde 1960 es una gesta histórica. No lo conmemorará el imperio norteamericano, para el que la derrota militar y política sufrida en 1961 tras el desembarco criminal en Bahía de Cochinos sigue siendo una espina que todavía duele. No lo inmortalizará el dictador Fulgencio Batista, para el que vivir sin ser un mercenario del poder no tiene sentido. No le dará importancia la OEA, para la que la solidaridad entre los pueblos es pecado mortal.

Sí, sí, señores. Es noticia: ¡hay desembarco! Ya no sale necesariamente desde México, porque arranca desde cualquier lugar del mundo donde se pelee todos los días por oportunidades para todos. Ya no tiene como único destino Cuba, porque navega en busca de nuevas tierras en las que regar justicias sociales. Ya no encalla en playas pantanosas, porque se inunda de barro por luchar sin quebrar nunca jamás los principios. Ya no se marea con huracanes y ciclones, porque tiene muy en claro quiénes son y quiénes no son los que traicionan.

Sí, sí, señores. Es noticia: ¡hay desembarco! 54 años después, el Granma sigue llegando. Viene con el dolor de los oprimidos y mantiene la esperanza de construir hombres nuevos. Le queman las tripas las muertes evitables y lo sostiene la coherencia de haberse indignado siempre con lo injusto. No olvida a los que ya no están y sonríe por los que continuarán el camino: sabe que la revolución es un sueño eterno.