El fusilamiento de Lumumba, el primer nacionalista del Congo

La independencia en el centro de África era un hecho, pero un nacionalista fiel a los intereses de su pueblo no resultó funcional para los planes imperialistas de las potencias reconvertidas en neocolonialistas. El fusil pidió lugar en la historia del Congo para llenar de sangre la esperanza de todo un pueblo

17 de enero de 1961. Elisabethville, provincia de Katanga, República Democrática del Congo. La bala, solo de intenciones nefastas según su naturaleza, ya se encontró con su objetivo.  Habiendo sido lanzada ideológicamente desde Estados Unidos como desde Bélgica, llegó al corazón de África para acabar con una de esas personas que a ellos les molestan siempre, uno de esos que se preguntan cosas y no se conforman con respuestas que no conforman a su nación. Había sido disparada antes, el 30 de junio de 1960, cuando durante los actos de independencia Patrice Lumumba, el elegido primer Primer Ministro del Congo independiente, frente a la realeza belga profirió un discurso que no les gustó para nada, en cambio.

La bala demoró su arribo, tan solo por mera planificación, diseño de excusas y alianzas conspirativas que lograran corromper de tal forma de poder satisfacer los gustos imperialistas. Patrice Lumumba fue fusilado, Patrice Lumumba fue asesinado en estas condiciones.

En medio del proceso de descolonización formal que se desarrolló en África, iniciado en 1949 pero intensificado a partir de 1960, el Congo Belga pasó a conformar la República Democrática del Congo. Desde 1885 Bélgica –hasta 1908 se constituyó exclusivamente como propiedad privada del rey Leopoldo II de Bélgica-  mantuvo el control total de la actual nación, creando bajo su dominio una de las más sanguinarias explotaciones humanas que la historia ha llegado a relatar. Las intensiones de los colonialistas era conformar un neocolonialismo basado en la explotación económica, o sea que el Congo fuese independiente en lo formal, y dependiente en lo económico, las potencias imperialistas no dudaban que las posibilidades eran determinadas por los agentes que dominen la política interna. Y Lumumba no era su candidato ideal.

Durante la ceremonia de independencia, luego de palabras del rey belga que enaltecían un proyecto civilizatorio de Europa sobre África bajo su dominio, fue el turno de las palabras del personaje más representativo del clamor popular.

Hemos observado como la ley no era la misma para los blancos y para los negros, acomodaticias para los primeros y crueles e inhumanas para los otros. Hemos sido testigos de sufrimientos atroces de aquellos condenados por sus opiniones políticas o creencias religiosas; exilados en su propio país, con un destino peor que la propia muerte”.

¿Quién podrá olvidar las masacres en las cuales tantos de nuestros hermanos murieron, las celdas en la cuales ellos fueron encerrados por rehusarse a someterse  al régimen de opresión y de explotación que por fin vencimos?”

El plan Barracuda –nombre en clave que el gobierno belga utilizó para referirse a su propósito de asesinar a Lumumba- se desató apenas se terminó tal discurso que con sus últimas palabras desató el regocijo de la esperanza contenida de miles de almas presentes junto a las de centenares de miles de almas muertas por la explotación. Allí la bala ya había sido disparada.

“¡Viva la independencia y la África unida!”

“¡Viva el Congo independiente y soberano!”

El plan se inició con dos focos de profundo conflicto: provocando desde el exterior una revuelta secesionista en una de las provincias más ricas, Katanga; e incitando la ruptura del Presidente con el Primer Ministro – Kasa-vubu, como Presidente del Congo destituyó a Lumumba de su cargo en septiembre de 1960-. Las alianzas de los rebeldes separatistas con la CIA y con los gobiernos de Bruselas y Londres ya han sido admitidas por los responsables. La desestabilización provocada en el seno de la emergente nación no podía ser inofensiva.

Patrice Lumumba fue capturado por no atenerse a las ordenes impuestas, mientras las actas de las reuniones del 19 de septiembre de 1960 entre Eisenhower, presidente de Estados Unidos, y Macmillan, primer ministro de Gran Bretaña, con sus respectivos ministros de Asuntos Exteriores, indican que “Lord Home –ministro de británico- preguntó por qué no nos deshacemos ahora de Lumumba (…) Insistió en que ahora es el momento de matar a Lumumba”.

Con la colaboración de la CIA y la actitud negligente y permisiva de la ONU, el ahora prisionero fue trasladado a Katanga donde se aglutinaban los comandos internos de la alianza internacional. Quienes no renunciaban a continuar haciéndose con los beneficios injustos creados durante la colonia, basados en la explotación sistemática de hombres de un continente por hombres de otro, comprendieron que Lumumba era una complicación mayor en sus planes neocolonialistas.

Lumumba poseía la potencialidad de la independencia real total. Así, el aniquilamiento resultó funcional a muchos. La bala llegó a destino, el fin de su vida significó la imposición de un gobierno que se convirtió en una tempestad por más de tres décadas. Uno de los impulsores de la secesión de Katanga, Mobutu, presidió despóticamente bajo el ala de protección de las potencias occidentales, lo que se llegó a llamar la cleptocracia del Congo.

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