El enviado cubano

Sarbelio Fuentes, entrenador cubano de boxeo, volvió luego de casi una década a Argentina para capacitar en el CeNARD a promesas argentinas, pero con el mismo objetivo de siempre: conseguir medallas olímpicas realzando la importancia de la enseñanza, los valores y la salud de sus entrenados. Un hombre que representa el fiel reflejo del modelo deportivo cubano, un país que a partir de la Revolución hace de la inclusión social una práctica para que nadie se quede fuera.

Un intenso calor agobia a la Ciudad, las temperaturas no parar de subir y el sol no deja de brillar tan solo un segundo. Pero ellos siguen allí, en su predio del CeNARD, entrenando, esforzándose sin parar, transpirando hasta más no poder, porque tienen un objetivo: crecer, formarse y aprender para ser grandes deportistas. Rodeado de gente que lo saluda y lo alienta se encuentra él, una de las personas más admiradas y queridas de todo el complejo deportivo, que descansa luego del arduo entrenamiento de la tarde y de un viaje agotador. Él es Sarbelio Fuentes, ex boxeador y entrenador desde hace más de 40 años y parte de un modelo que viene a la Argentina para reproducirse: el modelo deportivo cubano, eje histórico de la inclusión social de la Revolución Cubana.

Desde 1995 y hasta 2001, ejerció como entrenador amateur de la selección argentina. Su forma de trabajo, su forma de enseñar, produjeron un antes y un después en el boxeo de nuestro país. El trabajo día a día, la preocupación por la salud y la educación se convirtieron en las banderas de un hombre que traía los conceptos y las ideas de su país y que eran aparadas por los resultados: después de 24 años Argentina conseguía un campeón olímpico, Pablo Chacón, en 1996.

Fuentes se considera fiel a la revolución de su país. Dejó de ejercer como boxeador en 1962, al abolirse el profesionalismo y pasar al amateurismo, para colaborar a lograr una mayor inclusión social en este deporte. “Quise seguir con mi carrera amateur y en mi país. Lógicamente tuve que empezar un nuevo proceso: el de la enseñanza, porque no es lo mismo competir que enseñar”, se sincera antes las primeras preguntas.

Para lograr eso tuvo que pasar por muchas etapas, tanto educativas como sociales. “Primeramente para estar en la selección nacional de Cuba se tenía que tener un nivel cultural muy alto, había que ser por lo menos licenciado en cultura social. Hoy en día, es más exigente y piden ser Doctor en Ciencia Pedagógica. Si no se cumple con esos requisitos no sirve, porque no sirve para el trabajo global”, agrega Fuentes.

Él encuentra en la educación y en la salud, los dos motores principales, los dos valores esenciales para la formación de un deportista. “Los vamos inclinando hacia el estudio y, principalmente, hacia aquellos en relación al deporte que practican. Aspiramos a que sean profesores o licenciados en educación física y deporte, y que sean boxeadores a la vez, porque no sirve si no hay una unión”, refleja el entrenador, remarcando la importancia de que sus entrenados aspiren siempre a más.

Todos los días, la rutina de entrenamiento que prepara Sarbelio comienza con el pesaje oficial: “Nunca un entrenado mío no pudo pelear por estar excedido o falto de peso. ¿Por qué? Porque hay una educación en eso, en enseñar que no se pueden bajar 10 kilos de la nada y que hay que cuidar el cuerpo”, cuenta el caribeño.

La preparación para ser entrenador amateur necesita de un trabajo especial, según el veterano cubano. Establece que “si no hay un desarrollo físico, táctico y técnico adecuado, no sirve de nada el entrenamiento, porque tiene que ser algo preparado de forma conjunta”.

Fuentes, al igual que otros entrenadores cubanos que residen en el CeNARD- tanto de atletismo como de lucha- considera a la formación del atleta como lo fundamental en el desarrollo de una persona. Razona que cada enseñanza que se trasmite tiene que ser gradual para lograr lo que considera más importante: la formación de buenas personas. “No sirve formar un deportista sólo para que gane dinero y nada más, sino para que enseñe, para que forme, para que sepa lo que es la cultura, para que ayude a sus compañeros”.

El gran cambio que considera Sarbelio Fuentes en Cuba fue la explosión de las modificaciones sociales, económicas y políticas que produjo la Revolución en su país. El deporte no quedó al margen de esas transformaciones. Antes de este suceso, la práctica del boxeo o de cualquier otra disciplina quedaba solamente para las personas más adineradas, y no era algo para todo el pueblo. Desde el estallido de 1959 hasta la actualidad, Cuba, uno de los países más pequeños del mundo, se convirtió en uno de los que ha alcanzado un mayor prestigio mundial, por la cantidad de trofeos y medallas obtenidas – 194 en juegos olímpicos, más de tres veces más que Argentina y líder de Latinoamérica-  y por el reconocimiento a una forma de trabajo que no discrimina a nadie.

Fuentes considera a estas razones como fundamentales para entender el modelo cubano deportivo: “Los logros de mi país se deben principalmente a los esfuerzos y prioridades que han dado el Gobierno de Cuba a la práctica sistemática de los deportes, a la erradicación del profesionalismo y la aceptación del amateurismo, porque así se convirtieron en todos deportes verdaderos del pueblo”, agrega el entrenador.

 El mismo Fidel Castro en los primeros discursos de 1959 ya anunciaba a viva voz el cambio necesario para el deporte: “Venimos decididos a impulsar el deporte a toda costa, llevarlo tan lejos como sea posible”. Días después de estas palabras, crea la Dirección Nacional de Deportes (DGD), que impulsará, dos años más tarde, el Instituto Nacional  de Deportes Educación Física y Recreación (INDER), órgano fundamental del movimiento deportivo cubano, que sigue funcionando en nuestros días.  

 Luego de la nueva llegada de Sarbelio Fuentes a la Argentina en 2009, se vivieron cambios muy importantes en el desarrollo del boxeo de nuestro país. Ignacio Perrín, boxeador de 25 años que llegó en 2007 al CeNARD y fue campeón de su categoría ligera durante 2007, 2008 y 2009 expresó que “si vas a los resultados, con él se consiguieron siete participantes para los juegos olímpicos, cuando con otras gestiones solamente uno, se consiguió un campeón olímpico después de 24 años, es notable la diferencia”.

El cambio fundamental en la nueva etapa fue la forma de conducción. Sarbelio Fuentes pasó a ser uno más entre sus entrenados. Se fue a vivir al hotel que se encuentra en el predio del CeNARD- el mismo lugar que sus entrenados-, logró que todos los chicos se dedicaran al estudio casi que obligatoriamente y obtuvo mejores resultados: “Estuve con las dos selecciones, y con él el cambio fue notable porque ahora concentramos permanentemente, vivimos pendiente de lo que nos diga, de los consejos, de la seriedad con la que lleva adelante su vida”, añade Ignacio.

El joven boxeador agrega un dato importante para entender la relación entre el entrenador y sus alumnos: el trato paternal que tiene con ellos. “Yo lo veo como un formador de personas por la forma en que nos manda a estudiar, a instruirnos y a cuidarnos, no le importa sólo el resultado, le importa que te formes como persona”, expresa Ignacio.

Una vez a la semana, Fuentes organiza una ronda y allí da una clase teórica, en donde reafirma conceptos culturales y sociales para llevarles un mensaje. “Nos dijo que fortalezcamos la preparación cultural y deportiva para que cuando ellos no podamos seguir adelante con este modelo y que esto sirve para los que más lo entiendan, y no para los que más ganen”, explica Ignacio, sobre lo vivido en la última charla.

El objetivo de Fuentes son los juegos olímpicos y tiene la misión clara de lograr un nuevo hito en nuestro deporte: “Estamos ahí, a la espera de conseguir otra medalla. Tengo la seguridad de que lo vamos a conseguir, estamos trabajando con ese fin, para obtenerla, porque necesito darle esa satisfacción al deporte argentino, a la familia del boxeo, y a todos los deportistas con los que trato. Es nuestro objetivo fundamental, afirma el caribeño”.

“Yo creo que los boxeadores se parecen siempre a los entrenadores. Siempre, uno educa a veces más con el ejemplo que con la palabra”, dice Ignacio, reflexionando sobre lo que significó y significa Sarbelio Fuentes en su vida, mientras agarra sus cosas para volver al hotel a descansar luego de la jornada de entrenamiento.

 Tal vez, la propagación de la cultura deportiva cubana por parte de Sarbelio influya en el desarrollo de grandes deportistas importantes para el país, pero tal vez, lo más importante, sea la preparación de personas forjadas en una cultura popular de personas que principalmente sean educadores y no meramente unos simples deportistas. 

Viajar para aprender

En los ojos del veterano entrenador se denotaba un cansancio extremo, una fatiga importante que no se reflejaba en la cantidad de palabras y conceptos que repetía ante cada pregunta. Un viaje a Brasil de una semana- organizado por la Federación Argentina de Box-, un entrenamiento diferente y una nueva forma de aprender fueron las razones de ese agotamiento.

“En Brasil los chicos pelearon cinco veces en ocho días cada uno. Si eso no lo mechás con una buena preparación física, técnica y táctica no sirve de nada, porque se pueden lesionar al primer enfrentamiento”, se explaya Sarbelio Fuentes, quien realiza a la par clínicas de boxeo a lo largo de todo el mundo, aprovechando los viajes realizados.   

“Es fundamental llevar este deporte olímpico a todas partes para poder purificar los conceptos, para solventar los elementos técnicos que lleva el boxeo amateur”, explica Fuentes. El veterano aspira a que sus entrenados conozcan cada lugar que se les proponen y que no sea una mera excursión deportiva para conocer gimnasios y pistas de atletismo, busca que se involucren en lo que es cada país. Chile, Brasil Cuba, el interior de país fueron los destinos elegidos.

“Fui con él para una concentración para los juegos Odesur a Cuba, estuvimos 25 días y me sirvió para ver lo que el país, recorrí museos, monumentos, y me sirvió principalmente para empezar a valorar también mi país, porque ellos hacen cosas increíbles, pero trabajan 60 personas por gimnasio, 50 por cada pista, cuando acá tenemos mucha más preparación y menos resultados. Es una cuestión de voluntad para empezar a copiar esas cosas creo”, analiza Ignacio Perrín, campeón durante tres años de la categoría pluma, que se encuentra lesionado, pero entrenando para la clasificación de los juegos Panamericanos.

A fin de año, nuevamente, su entrenador viajará a Cuba para estar con su familia y preparar el nuevo viaje para Enero con su grupo de trabajo. Lejos de hacer un relajamiento, los días en que no esté su entrenador, sus pupilos ya tienen una rutina muy extrita para seguir, en donde se les indica ejercicios físicos y una dieta para no perder la forma competitiva.

“Esperemos que el viaje sirva para que podamos seguir adelante con este grupo, que es de los mejores que tuve, porque son personas que se preocupan por lo que les sucede a su alrededor, no solamente piensan en guantear”, afirma Fuentes.  

Ejemplo a Seguir

Era 1999 y los Juegos de Winnipeg, Canadá, eran la atracción principal y el objetivo primordial de todos los boxeadores. Argentina y Cuba eran los países latinoamericanos que más representantes tenían para las instancias definitivas.

Con pocos días de diferencia, Argentina logra sus dos únicas medallas doradas en boxeo en esa competición al salir vencedores Omar Narváez y Víctor Hugo Castro a dos competidores cubanos.

Sarbelio Fuentes, era entrenador de la delegación Argentina en ese momento y sufría por enfrentarse a su país, pero lo hacía con total convicción: “yo siento que represento al país al que estoy, a mi país lo tengo en la sangre y lo voy a respetar toda mi vida, pero aquí estoy trabajando”.

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