Alternativa a la opresión

Hacía la transformación social desde lo individual. Esa es la consigna. Trafo hace teatro para del oprimido, basado en el teatro comunitario, con herramientas del teatro foro. “Teatro es todo” dice apasionadamente Carolina, una de sus integrantes. Incluso así lo representa. Sus manos bailan dibujando, definiendo conceptos: a veces parsimoniosas, con alegría; otras, con los puños apretados contra el pecho de dolor o golpeando la mesa cuando dice que “aún queda mucho por hacer”. Trafo levanta el telón de barrios e incluso el de las cárceles, convencidos de que la realidad no es aquello que pasa fuera de escena, sino que es allí mísmo, en el barro y desde abajo, donde afirman que surgen las mejores obras. ¿Por que no?

¿Cómo y cuándo nació Trafo?

Trafo nació cuando conocí, a través del Teatro Comunitario, al Teatro del Oprimido (TO) en Londres. Me interesó, empecé a estudiarlo y decidí viajar a Brasil, a la fuente, donde terminé de confirmar que TO es la herramienta para trabajar en pos de la transformación social. Con todo esto en mi cabeza, volví a Argentina porque  es el lugar donde hay que explorar y usar esta herramienta. Acá me encontré con Paula, compañera mía del conservatorio, que también empezaba a darse cuenta que actuar englobaba algo de egocentrismo que le quedaba chico, que necesitaba brindar un poco más. Si tuviese que señalar un momento concreto del nacimiento, diría que fue a partir de entrar en cárceles, en su momento con dos talleres: uno en Devoto y otro en el penal número 31  de mujeres. A partir de ahí surge la necesidad de crear una identidad como grupo.

¿Que es Teatro Comunitario?

Surge de la comunidad, ellos son dueños de ese proceso creativo y, obviamente, de la representación teatral. Sin embargo, a mi entender, tiene una zona gris ya que opta el grupo en lo que tiene que ver con cuán político es o no, cuán didáctico es o no, y qué calidad artística se le provee a esa pieza teatral.

¿Decís que existe la posibilidad de escapar a ciertas bases?

Exactamente. Para mi Teatro del Oprimido te reúne todo eso y más. Porque tiene desde la parte ideológica y política un sustento de un por qué y para qué. No es solamente un mero divertimento o una actividad para que los miembros de la comunidad hagan catarsis, sino que plantea todo un espacio de reflexión crítica desde el vamos. Desde ese punto de vista el TO es fundamental. Como herramienta de lucha y como herramienta de desarrollo. Por otro lado, también te propone laburar y profundizar la parte estética, y no porque sea algo que surge en un barrio tiene que ser una obrita linda, chiquitita y nada más, sino que te provee las herramientas como para profundizar, explorar y crear algo que tenga una cierta calidad.

¿Y a qué te referías cuando cuestionabas la parte didáctica del Teatro Comunitario?

Entiendo el teatro didáctico y lo respeto, pero tiene que ver más con el contexto de escuelas. Me parece mucho más interesante y mas desafiante un teatro que no te baja línea de lo que hay que hacer sino que te genera preguntas. Eso es TO, un permanente diálogo nuevo. Con una técnica que es el teatro “foro” que engloba todo esto del debate, generar preguntas y un diálogo, un espacio totalmente democrático pero siempre a partir de la acción dramática y no desde un lugar cómodo, desde el colgarse de la palabra que siempre es más fácil hablar que hacer.

¿Cómo se lleva a cabo el Teatro del Oprimido?

Identificamos una opresión a partir de los juegos y de lo que nosotros llamamos juegos/ejercicio. Tratamos de desmecanizar el cuerpo, de poder empezar a ver la realidad desde otro lugar, empezar a abrirse y a sacarse un poco las telarañas o la alineación que uno puede tener encima. Siempre desde un lugar sensible. Una vez que empezamos a tener un lenguaje en común como grupo, el grupo identifica opresiones e injusticias concretas. A partir de esa injusticia creamos una obra de teatro, que deja de ser una historia personal para ser una historia colectiva. Mantenemos el eje de la injusticia pero todo lo demás lo armamos de acuerdo a una estructura dramática que enriquece el relato de la obra. Presentamos la obra usando la técnica del teatro “foro”: los participantes actúan la obra, te presentan la historia, se expone la injusticia y el protagonista trata de romper su opresión y fracasa. Termina la obra, el protagonista luchó, pero fracasó. El director, el comodín, el facilitador de la obra o como quieras llamarle invita a los espectadores a que se conviertan en espectactores. Entonces preguntamos quién puede reemplazar al protagonista para ver con qué alternativas puede romper con esa opresión. De ahí se desprende el teatro “legislativo”.

¿De qué se trata?

Supongamos que la actividad se hizo (como se hace en la actualidad) en una escuela del barrio el Jagüel, en Ezeiza, y que surgen muchas intervenciones y alternativas para romper con esa opresión. Tenemos un equipo que va documentando todas esas alternativas presentadas. De ahí, de la escuela, nos vamos a la plaza, y de ahí nos vamos al centro comunitario, y de ahí a otra escuela, y supongamos que durante tres meses vamos por todo el partido de Ezeiza recolectando alternativas. Una vez que se recolectan un número importante se le da ese material a un equipo de abogados. Estos abogados lo que hacen es estudiarla de acuerdo a la ley de jóvenes niños de varios centros que existen en la Argentina y evalúan esta injusticia a ver si esto podría proveer una solución o una alternativa o un proyecto de ley a complementar o enriquecer la ley o lo que fuera. Se arma y se lo vuelve a llevar a teatro foro para que la comunidad opine si ese proyecto de ley funcionaría o no, hay que arreglarlo o no hay que arreglarlo. Una vez que la comunidad dice “ok”, se hace el procedimiento legal. La idea es llevar a cabo el concepto de democracia directa.

Ponías el ejemplo concreto de una escuela en el barrio el Jagüel, ¿en qué otros lugares se podría practicar TO.?

En todo lugar donde haya una opresión. Partamos de la base que todo ser humano ejerce roles de oprimido y opresor. Entonces en todos los ámbitos se podría trabajar esto. Pero tiene que haber un deseo de romper con esa opresión. Si el protagonista no pide ayuda, no lucha y simplemente está deprimido entonces es víctima de la situación pero no está oprimido. Nuestro trabajo es buscar alternativas para romper con eso.

¿Cómo llega Trafo?

Nosotros no vamos a una comunidad a decir “acá hay una opresión, loco, hay que laburar”. Siempre se llega a través de un contacto de una organización que trabaja en el barrio o un local del lugar que tenga ganas de hacer TO. Es difícil entrar a una comunidad o lo que fuera si nadie te invita y te legitimiza de alguna manera. La idea es que los participantes se apropien. Nosotros trabajamos en parejas didácticas. Creo que eso está bueno en todo lo que tiene que ver con procesos de exploración. Porque como realmente hay un grado de subjetividad importante en todo proceso creativo esta bueno que estos grados enriquezcan y no sea uno solo.

Habías mencionado que trabajaban dentro de las cárceles también, ¿qué particularidades tiene a diferencia del trabajo barrial?

Creo que en lo que tiene que ver con la dinámica puntual del TO no hay diferencias entre lo que es dentro y fuera de la cárcel. Lo primero que uno necesita transgredir un poco, o aunque sea cuestionarse, tiene que ver con las opresiones personales que todos vivenciamos, desde los chicos hasta los grandes, adentro o afuera de la cárcel. Nosotros llamamos a esto “policías en la cabeza” que es aquello que te condiciona; ya sea un mandato familiar, una cuestión social o lo que sea. En todos, me incluyo. A lo que apuntamos tiene que ver con abrirnos. Empezar a ver que acá no estamos respondiendo a las necesidades intrínsecas sino que estamos respondiendo a un paradigma social o una cuestión de sistema. Sí hay diferencias en cuanto a la logística. En la cárcel intervienen muchísimas cosas que hacen a poder llevar el taller adelante. Para entrar a la cárcel, primero, alguien te tiene que autorizar. Nosotros ingresamos por la Dirección Nacional del Sistema Penitenciario y dentro de las cárceles nos manejamos con el área de Educación. A partir del ingreso, que estén los participantes del teatro en el espacio no depende de vos, cosa que en el barrio es diferente: si después de esperar un rato no viene ningún pibe voy casa por casa a buscarlos; pero en la cárcel no sucede. Dependemos de si el área de Educación es pasional y se comprometió con el espacio e hizo la convocatoria y siguió el tramiterío (porque allá es importante todo el tema burocrático. Primero hay que anunciarse, después esperas en el gimnasio o en la clase, o en el auditorio que den como espacio; después tenés que esperar que la parte de requisa termine de almorzar, tomar mate, lo que sea. En Devoto, por ejemplo, el penitenciario se para en la puerta del pabellón y grita “¡Educación!” o los nombres de los participantes. Los chicos tienen que estar atentos al grito porque ese es el día que hay teatro, tienen cinco minutos para estar listos. No hay peros.

¿Y cómo es trabajar con chicos que viven una realidad tan particular?

En un contexto de encierro existen muchísimos estados de ánimo: un día puede estar totalmente deprimido,  totalmente anestesiado o totalmente drogado. Entonces existe un margen donde entendemos que los participantes no siempre van a estar  veinte minutos antes engominados esperando para salir y que no siempre van a estar metidos al cien por ciento en la actividad. Tal vez un día están esperando el llamado de su abogado, o tal vez un día, en medio de la actividad, lo trasladan y no lo volvés a ver nunca más. Por eso, si bien uno tiene un eje que te atraviesa todo el año como puede ser una obra por ejemplo, cada encuentro tiene que tener un principio, un medio y un fin en sí mismo.

¿Cuál creen que es el fin del TO dentro de la cárcel y en los barrios?

En el penal se trabajan cuestiones que tienen que ver con lo que por lo general hicieron el antes o el después de la cárcel. Somos concientes de que ningún pibe nace chorro y que no es casualidad que el 80% de la población carcelaria sea de un sector vulnerable, marginal o de bajos recursos y que es una responsabilidad social de absolutamente todos. Está claro que la cárcel es totalmente funcional al sistema capitalista. Lo que queremos generar en el trabajo intramuros ,y es el desafió en realidad, es poder explorar y debatir cuestiones sociales a través del teatro. Pero paralelo a eso dentro de la cárcel lo primordial es buscar una transformación social. Empezar a abrir la cabeza, ver críticamente la sociedad, empezar a entender que no tenemos que estar vestidos todos con los equipos de gimnasia de la última moda. Que importa más el ser que el tener. Que la identidad no te lo da la música que escuchas ni un par de zapatillas. Empezar a generar el debate de decir, a ver, bueno, quién quiere que todos ustedes estén vestidos con el equipo de gimnasia y la gorrita. Y por qué. Y por qué esto responde a la imagen de pibe chorro. Generar el debate dentro de la cárcel. Y creo que esto no es ajeno a los barrios.

¿Quiénes son Trafo?

Somos seis: Paula Cohen, Paula Rutschi, Carola Beratta, Matité Ovejero, Ramón Lara, y yo. La dinámica de trabajo es totalmente horizontal y, aunque no está prohibido el voto, tratamos siempre de consensuar. Nos juntamos una vez por semana.  Charlamos todo lo que sea logística o  lo que se hizo y planificamos lo que vamos a hacer.

¿Cuáles son los objetivos a futuro?

El fin primordial es la concientización individual para empezar a leer la realidad desde otro lugar. Después de ahí vamos a lo social. De la transformación individual a la transformación social, siempre a través del teatro. Esto es la base y el motor que mueve a Trafo: es el objetivo 2011. Hay que ir a la acción social, hay que ir al barrio, hay que ir a la base.

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