Los medios reciben al 17 de octubre de 1945

La construcción historica, esa que hacen todos los días cada uno de los diarios, arrancó con toda su virulencia a interpretar los hechos del día anterior. Ese 17 de octubre, ahora parte de un mito que se reproduce año a año, contado por los diarios de la época

¿O será que el día gris y pesado o una urgente convocatoria, les ha impedido a estos trabajadores tomarse el tiempo de salir a la calle bien entrazados o bien peinados, como es su costumbre ¿ O habrán surgido de ámbitos cuya existencia yo desconozco?”

María Oliver

El 18 de octubre de 1945 amaneció bajo un único rumor que atravesaban las paredes argentinas: el día anterior cientos de miles de personas se congregaron en Plaza de Mayo para pedir la libertad del apresado Juan Domingo Perón, quien durante ese mismo gobierno supiese tener los cargos de Ministro de Trabajo, Vicepresidente y Ministro de Guerra. Ciertamente durante sus cargos supo ganarse la simpatía de sectores de la clase obrera gracias a leyes proteccionistas y progresivas al sector trabajador. De modo que cuando fue apresado ese 9 de octubre, grandes voces de descontento se alzaron contra la presidencia.

Pero, más allá de lo que pudo significar este acto para la política y la historia argentina, ¿qué opinaron los medios de comunicación sobre este hecho? Analizar sus discursos, vítores o repudios nos indica también hasta qué punto estaba disgregado el discurso de los diversos grupos de poder hacia quién se convertiría poco tiempo después en el Presidente de la República.

En estas circunstancias interesará remarcar la virulencia de los periódicos, no tanto hacia la movilización, sino hacia la procedencia geográfica y de clase de quienes la conformaron. El 17 de octubre, por primera vez, miles de personas de los barrios y partidos de la Provincia de Buenos Aires se aventuraron y lograron observar aquel edificio rosado donde sus “representantes” se dedicaban a tomar las riendas de la Madre Patria. Y ahí es cuando también otro grupo tomó conciencia de lo que era el país: las clases medias y altas porteños pudieron frente a los pobres y trabajadores del conurbano.  Y  sus ropas les eran extrañas, sus modales no lograban acaparar frases latinas ni francesas. Esto fue visto y remarcado por los diarios que tenían que describir cómo un sector de la clase subalterna resignificaba el paisaje urbano. María Oliver –irónicamente, miembro del Partido Comunista- resumiría este malestar: “Me pregunto de qué suburbio alejado provienen esos hombres y mujeres casi harapientos, muchos de ellos con vinchas que, como a los indios de los malones, les ciñen la frente y casi todos desgreñados”.

“La mayoría del público que descendió (…) lo hacía en mangas de camisa. Viose hombres vestidos de gauchos y a mujeres de paisanas llegando de diversos barrios de la ciudad, muchachos que transformaron la avenida en pista de patinaje y hombres y mujeres vestidos estrafalariamente llevando retratos de Perón (…). Hombres a caballo y jóvenes en bicicleta ostentando vestimentas chillonas, cantaban estribillos y prorrumpían en gritos. Las peculiares manifestaciones de estos grupos de personas llegados de los barrios y de poblaciones de extramuros, eran en otras, éstas.” (El Litoral, Viernes 19 de Octubre de 1945).

“Mientras varios miles de personas que por su vestimenta, su comportamiento y sus letreros, evidenciaban pertenecer a la clase obrera” (El Orden, Jueves 18 de Octubre de 1945)

Descripción clara y concisa de lo que la turba generaba en los oprimidos pechos porteños. Quedará en el recuerdo la foto de los manifestantes lavándose los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo, imagen que habrá despertado más de un sentimiento de asco y rechazo hacia lo que eran las buenas costumbres. Los diarios, representantes de sectores de la clase dominante, lo hacían saber a sus lectores.

“Grupos armados con palos y piedras cometieron depredaciones en esta ciudad el 17 y 18 actual” (Diario el Argentino)

“Grupos aislados que no representan al auténtico proletariado argentino tratan de intimidar a la población” (Crítica, 18 de octubre)

“La gente de ideas democráticas se quedó en sus casas para no provocar las iras de los que tomar Bs. As por su cuenta” (La capital, 18 de octubre).

El panorama se abre. Eran bárbaros, violentos, feos, sucios, inmorales, sin conocimiento de los más básicos modales, y por sobre todo, se atrevían a prorrumpir en la política nacional.

Así que no intentamos catalogar al Día de la Lealtad como masivo o no, representativo de las mayorías o simplemente fruto de la movilización punteril del sector del gobierno aliado a Perón. Tampoco mostrarlo como un hecho heroico, ni villano; simplemente al leer estas líneas, al ver las fotos y trasladarlas a su contexto original, se clarifica la visión sobre las clases subalternas, sobre lo que originaron en los periodistas y sectores de las clases medias y altas de la capital del país cuando vieron sus espacios invadidos por actores que nunca se habían presentado en escena. Grupos que no se asemejaban a las típicos obreros porteños, formas de manifestarse y actuar ajena a las marchas proletarias que desde hacía cincuenta años las calles de la capital argentina. Así, desesperados, mostraron sus miedos las clases propietarias y ese temor se quedó marcado a fuego en la Historia, gracias a sus voces, voces que desplegaron en sus periódicos.

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