Un lugar para vivir en la vejez

La muerte, la soledad, la salud, la enfermedad, la felicidad, la pasividad o actividad en la vejez. Todo esto forma parte del proyecto “Un lugar para vivir cuando seamos viejos” que encabeza la artista argentina Ana Gallardo junto a su hermano Ramiro y  Mario Gómez Casas.

Ana Gallardo, a partir de este proyecto, avanza en la búsqueda de pensamientos acerca de las condiciones de vida en la vejez que superen las concepciones negativas predominantes. “La sociedad occidental ha creado una imagen desfavorable del envejecimiento que se asocia solamente con enfermedad, carencias económicas, decadencia física o psíquica”, sentencia. 

El proyecto tiene como objetivo crear una institución que constituya un espacio ideal para el desarrollo de las personas mayores. Además, incluye una instancia exhibible y un trasfondo de investigación que se está desarrollando y que se difunde a través del blog http://unlugarparavivircuandoseamosviejos.blogspot.com. El proyecto ha desencadenado un evento artístico que fue llevado a cabo en la 29° Bienal de San Pablo.

Ana Gallardo residió durante muchos años en México y allí tomó contacto con la cultura del danzón, el cual consiste en un baile popular que practican las personas mayores una vez por semana en plazas públicas. Ya en Buenos Aires, junto a su hermano y su compañero en el proyecto Gómez Casas, Gallardo comienza a plantearse estas cuestiones relativas a la vejez, y concluye en que el lugar de los ancianos está en el baile. Por ello, con el afán de concretar parte de su proyecto, se dirige a una danzonera en la ciudad de México en busca de personas que quieran participar en la Bienal de San Pablo. Así conoce a Lucio y Conchita, quienes bailan juntos hace nueve años, y María Ascensión, una maestra de danzón.

La propuesta para la Bienal consistió en ejecutar una reproducción del espacio de la danzonera en las instalaciones del evento cultural. Así, se proyectó un video con imágenes de las danzoneras mexicanas mientras los tres bailarines enseñaban el danzón e invitaban a bailar a toda persona que se acercara.

El interés de la artista radica en curiosear en aquello que se produce en el contacto entre el danzón y las personas. Y, además generar ese espacio que anhela para su vejez. En esta performance hay una exaltación  y reivindicación de la ancianidad mientras que se encuentra en esta tradición popular mexicana algunas respuestas para la problemática de la vejez.

A través de esta perfomance, Gallardo  nos demuestra que hay otras formas de vivir la vejez. En una época donde cada vez surgen más  cantidad de productos cosmetológicos que esconden los rastros de la vejez, y donde lo único  positivo está asociado a la juventud, esta expresión artística viene a desmitificar la ancianidad como esa etapa triste, final y antiestética que nos tratan de imponer en el imaginario colectivo.