Tras el trasplante, la pasión

En el Cenard se hicieron los Juegos Latinoamericanos para trasplantados. Atletismo. Juegos de Pelotas. Concentración plena. Una búsqueda desde el deporte para seguir integrando.

La pista está caliente. Las zapatillas técnicas y, por lo tanto, veloces pisan fuerte en cada andarivel y, así, en una mañana despejada y en familia se desarrollan los Juegos Latinoamericanos para Trasplantados en el CENARD (Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo). Son una familia y no bastan más de 15 minutos para darse cuenta, para ver esos abrazos latinoamericanos tan espontáneos como afectivos. Se conocen hace poco, quizás 2 o 3 días, pero se quieren, se quieren tanto. Hay unión y compañerismo visible. Es agradable y la pista, de goma roja, sigue calentándose al rito de las marchas, carreras y con la inobjetable, permanente y cálida mirada del sol mañanero.

Se desarrollan todo tipo de deportes, menos los de contacto, para evitar golpes en las cicatrices y fragilidades que deja un trasplante de órgano. De todas las edades, de todos los países, todos trasplantados de algún órgano, todos contra todos, compiten y se ríen, disfrutan. Como quien espera largamente una fecha, y luego de dos años, llega y lo siente a pleno, sin muecas, ni peros, ni lamentos. Se encuentra cualquier cantidad de personas, de deportistas, que inevitablemente e incondicionalmente te miran y sonríen. Hablan con fraternidad y se muestran dispuestos a contar su experiencia para que sirva de algo, para que pueda reciclarse, una y otra vez, y dejarle algo a alguien cada vez que la cuentan. Es así como nos encontramos con Pipo. A simple vista, un tipazo. Atiende con amabilidad impensada y responde cada pregunta, detalla y reflexiona. Pipo tiene una característica distintiva del resto. Es competidor y entrenador simultáneamente. Empleado por ADETRA (Asociación Deportistas Trasplantados Republica Argentina) y Ministerio de Deportes para entrenar a chicos que alguna vez sufrieron lo mismo que él, un trasplante. A su vez, compite desde los 18 años, cuando debieron trasplantarle un corazón de urgencia. Pipo dice: “A mi me trasplantan hace 15 años. Era un pibe de 17 que hacía mucho deporte, y en eso, me tuvieron que operar de urgencia. Pregunté si podía seguir haciendo deporte y me dijeron que sí. La traba más grande fue empezar a hacer deporte, porque no hay información de cómo hacerlo. Después lo que cuesta, es la rehabilitación. Fue 1 año entero de recuperación en donde llegue a pesar 50 kilos, cuando antes de la operación pesaba 68. Figurate que 5 meses antes yo subí el volcán Lanín, y después, caminaba dos cuadras y tenía que volver en taxi ¡por dos cuadras! A los 18 años, eso es lo más duro. Depende fundamentalmente de cómo te lo tomes, si te amargas y te encerrás, te vas enfermando mucho. La otra es despegar y bancarte la que te toca para conseguir los objetivos de la vida, en mi caso, yo quería volver a ser el de antes, no perderme el deporte. No somos ejemplos de nada, me siento uno más y ahí está el triunfo, la clave. Sentirte y no auto discriminarse, con los recaudos necesarios que tiene ser trasplantado, como tomar las medicaciones, las 24 pastillas diarias. Sin duda es un antes y un después, te cambia la vida, la manera de verla, aprendes a disfrutar cada día plenamente. Pero sigue, la esencia sigue, las ganas que les pones a las cosas, el estilo de vida que elegí de chico, el de entrenador, sigue en pie.” Pipo habla con fuerza, con amor, sus 16 años de trasplante los vivió plenamente, es maravilloso, contagia. Pipo es parte, participa y, por supuesto, entrena a sus queridos deportistas: “Entrenarlos es muy especial, debe ser más individualizado de lo normal. Todos son distintos y el entrenamiento debe estar adaptado a cada uno. Son personas que le ponen mucha energía a su vida. Vienen y compiten a pesar de que, quizás, no estén en nivel para hacerlo, pero lo hacen igual, porque tienen ganas de vivir. En el proyecto nacional de deporte y salud, se logran estas cosas. Tenemos un lugar e incentivamos a hacer deportes para romper con el tabú de que el trasplantado no puede hacerlo. Trabajando constantemente con los médicos que apoyan este proyecto. Se puede mejorar, por supuesto, no haría mal mas apoyo económico para ir a competir afuera, y que este proyecto se haga a nivel país. Y por sobre todo, que los médicos no tengan miedo de decir que se puede hacer deporte.” Cagones, ignorantes, o acaso, negligentes, algunos médicos privan a muchos con consejos falsos. Ellos lo hacen, ellos siguen. Se puede.

A media mañana, la pista arde. Las botellas de agua se vacían, las remeras se empapan de sudor. “¡Dale Negro, dale!”, “Vamos hermosa, fuerza”, “Falta poco, aguanta, dale que se puede”. Es maravillosamente permanente el aliento de unos a otros. Es asi, si no compiten, se alientan. Unos a otros. Una vez más, en esta clase eventos, no se observa ni un rostro derrotado. Ella está llegando, última, bastante lejos de los demás. La hinchada la alienta como si estuviese por ganar la medalla dorada. Es impresionante, llega a la meta, tarde, pero llega, y rompe en llanto alegre. No hay perdedores, las metas se cumplen, la gente está feliz, y ahí está la victoria.

Elida, argentina, mujer de 74 años, trasplantada de hígado desde los 64, es ella; él es Gastón, uruguayo noma, loco por Peñarol, completamente loco, trasplantado de riñón desde los 14 años, va por los 30 y compite en todas las olimpiadas desde el 99. Son visiblemente diferentes, son notablemente iguales, y no por el trasplante, por la actitud, por la sonrisa. Ella cuenta: “Para mi el deporte es la vida, la vida entera. Mi vida antes del transplante era horrible, tenía una picazón tremenda, no paraba de rascarme, la bilirrubina me daba por las nubes y no podía hacer nada. Me mandaban a dermatólogos, me daban corticoides, cuando esa, claramente, no era la solución. Fue horrible, la pasaba muy mal, quería dormir para siempre, con eso te digo todo. Después llego el trasplante y me cambió la vida. Yo empecé a hacer deporte después de la operación y eso mi vida. En definitiva, hay que donar órganos, es fundamental para la vivir, es lo más importante.” Donar órganos da vida, literalmente. Elida “volvió a nacer”. Es impactante, rozaría sensacionalista, pero en esa pista, en esos ardientes andariveles, la emoción rompe, te rompe. Él, futbolero por definición, alegre por el deporte, juega el picado felizmente con los amigos de siempre, y compite en lanzamiento de bola. El uruguayo dice: “Te cambia todo. Después de todos los pensamientos típicos que se resumen en el “¿porque a mi?”, viene las ganas de seguir. El momento más duro es la diálisis, estuve 25 meses en ese proceso, es la etapa previa al trasplante. Es así como el trasplante se transforma en una liberación. Por suerte en Uruguay funciona muy bien todo, estamos muy conformes. Estamos muy contenidos, ya sea en el instituto de donación de órganos, o en la ONG que nos contiene como deportistas trasplantados. Años atrás, este espacio era un agujero negro. La figura del trasplantado no estaba contemplada. No éramos ni chicha, ni limonada. Recién ahora, se esta trabajando para darnos una figura legal y representativa en la sociedad. Tenemos un Estado que yo lo siento contemplativo y es por eso que seguimos en el deporte. Es maravilloso el deporte, cuando entro al CENARD se respira ese airecito, te sentís muy bien. La clave está en ir rompiendo mitos, en ir fomentando y darle figura a nuestra condición. En eso los médicos son fundamentales. Allá, al principio, muchos doctores eran reacios a la práctica del deporte, en las primeras olimpiadas había muchos que no te firmaban el apto medico, no se animaban. Por suerte, pasan estos eventos y eso se va rompiendo, y se van dando cuenta que se puede, y no solo eso, ayuda para tener una vida más sana. Se está avanzando mucho, estamos tomando otro lugar. Hace un tiempo, hasta costaba conseguir trabajo para el trasplantado. Estamos cambiando, nos sentimos parte de todo esto. Somos uno más.” Darío termina de hablar y se dirige a lanzar la bola. Se prepara, con su camiseta aurígera, avanza y tira. Las manos se rompen, los aplausos truenan y su hijo grita “¡Bien pa!”

Las medallas se van entregando, la pista suplicante va adquiriendo algo más de pasividad. Ha sido testigo de tanta pasión, alegría, compañerismo. Está exhausta. Ellos, se van yendo, dejándole las últimas pisadas calientes, caminan abrazados, contando chistes, cargando, cantando. Trasplantados son, pero no es lo que los une. Tras eso hay una fuerza, unos huevos y una alegría que son in disimulables.

Contagia. De eso se trata.

* Si querés registrarte como donante, comunicate con el INCUCAI (Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante) llamando al 0800 555 4628 o visitando su sitio Web:  http://www.incucai.gov.ar/home.do .

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