Nosotros los artistas

Por Francisco Alvarello Diez

Hace unas semanas, bajo los primeros soles de primavera, hablaba con Daniel, una persona de las tantas en este mundo ligadas al arte, sobre el término “artista”. Recuerdo haber quedado con una maraña de utopías y deberes ser respecto al arte, el derecho al arte, el hombre pleno, el hombre nuevo y el arte. Muerte para el artista, vida plena para todos los hombres. 

Más tarde esa noche discutí con gente de centro, menos cebada con el tema, y tuve que ajustar un par de ideas.

Más tarde esa semana, tuve que hacer un gran esfuerzo para preparar algunas clases de guitarra que doy, y ajusté algunas ideas más. Evidentemente, lo importante para dejar claro este punto es olvidar cualquier deber ser, cualquier posible mejora, y enfocarse simplemente en el punto. Así que acá va.

La palabra artista en sí misma, pensaba hoy, no es un problema. ¿Quién es el artista? El que se dedica al arte. Aquel cuya vida transita por el arte. Vive por y para el arte.

Pero si hay uno que es artista, que es el productor del arte, los otros son, a lo sumo, consumidores de ese arte. Pueden vivirlo a través de la creación ajena, pero no tienen el rol de la creación. Estamos a un nivel abstracto, intentando desmenuzar un significado, que tiene efectos sobre la materia a la cual designa. No estoy diciendo que en la tierra sólo haya artistas y no artistas. A lo que voy es que a la denominación “artista”, se le opone un “no artista”, no hay una denominación “medio artista”.Esta palabra es el reflejo de la alienación de lo que es una dimensión esencial del hombre.

La palabra no es la que aliena, pero sí es la que en el sentido común abre la puerta a la naturalización de esta alienación. Así, no es extraño que haya algunos que pueden dedicar su tiempo a perfeccionarse en la expresión artística (o en ver qué mercancía anda pidiendo el mercado), y otros que no pueden o sólo disponen de unos minutos al día. Los primeros son los artistas, ese es su rol. El de los otros, sea cual sea, no es ese.

Pero claro, el término lleva la cuestión al terreno que no es. Lo pone en términos de rol, obvia la esencialidad de la expresión artística en el humano. No es que todos debamos ocupar ese rol, pero no creo que exista una sola persona que no pueda conmoverse con una pieza musical, un cuadro, una obra de teatro, una película, un poema, una escultura… En tanto esa expresión lo conmueve forma una dimensión del hombre. En tanto es una dimensión del hombre, debe respetársela en tanto respetemos el derecho que cada uno tiene a vivir plenamente.

En cuanto el arte sea un derecho respetado y ejercido, siguiendo estas ideas, la palabra artista debería perder significado. Tal vez, adelantarnos en este punto, sea un pasito hacia adelante.