Lesionados por ñoquis

El Colón es un símbolo de la superficialidad. Desde que se clausuró, se le dio más importancia a la fachada que a otra cosa. A seis meses de su “épica” reinauguración por  el  Bicentenario, los conflictos estallaron. Los trabajadores se quejan de precariedad laboral, desinterés por lo artístico. A los bailarines los lesionaron con un piso inadecuado. Macri y compañía continúan con su discurso: “Son todos vagos”.

Néstor Grindetti, ministro de hacienda de la Ciudad de Buenos Aires, comentó su búsqueda de quién no trabaja dentro cuerpo que integra el Teatro Colón. Mauricio Macri siguió con esta apuesta adjudicándoles el término de “ñoquis” y extendiéndose para explicar su significado: “Un ñoqui es algo rico para comer. Es un término simpático. Pero un ñoqui como persona que debe ir a trabajar y no lo hace, es un estafador”.

Pedro Pablo García Caffi, Director General del Teatro, designado por Mauricio Macri supo declarar: “Las huelgas son encabezadas por las mismas personas que no querían la reapertura del Teatro” o  “Los que protestan son 40 gremialistas que permanentemente ponen trabas y no quieren trabajar. Son piqueteros y acosadores de la cultura”.

Puertas afuera del Teatro Colón, tres parejas, todavía ilesas, de ballet del Cuerpo Estable bailaron al son de la orquesta de ocasión que, minutos antes de las 14 del viernes 12 de noviembre había abierto el acto entonando el himno.  Gabriela Alberti, que prefirió bailar sobre baldosa que en las resistidas y poco flexible maderas del escenario y la sala de ensayo, declaró: “Tengo el honor de ser una de las figuras de esta compañía. Quiero agradecer mucho a los medios porque… No somos un grupito de bailarines, como dicen las autoridades, somos la gran mayoría del cuerpo estable encabezados por las grandes figuras. No pertenecemos a ningún gremio, pero decidimos salir a hablar y contar lo que está pasando. Por eso mismo fuimos sancionados con el levantamiento de la temporada 2010 y tememos por la de 2011. La gente piensa que el Teatro quedó hermoso y está todo bien. No es así. No tienen en cuenta que existe la compañía de baile que es parte de esta historia. Los pisos del escenario y de la sala de ensayo  están destrozados. Con esta administración, no se respetaron los préstamos. Que se respete la historia de este ballet. No podemos ser manejados como una empresa”. Empiezan a sonar estas palabras.

Pero Pedro Pablo García Caffi, Director General del Teatro, designado por Mauricio Macri, no coincide: “El conflicto del ballet se trata de 47 bailarines que ya no pueden bailar y que taponan la posibilidad de que entre gente joven a la compañía. Si yo necesito 70 bailarines para el ballet, no puedo tenerlos”.

Federico Fernández, del cuerpo estable de ballet, sin canas ni arrugas, le contesta después de bailar en Cerrito y Viamonte: “Nos tienen totalmente alejados de nuestro trabajo. Por salir a pelear por lo que merecemos. Somos, para ellos, nada. Algo que pueden cambiar en cualquier momento, los viejos, pero estamos bailando los más jóvenes, las figuras de siempre y los que vendrán. Somos La Compañía de Ballet. Todos”.

El contrapunto siguió. La Dirección emitió un comunicado en el que explicó su visión de la suspensión de la programación de la Temporada 2010 del Ballet Estable: “Motiva esta suspensión el grave incumplimiento de las labores por parte del Ballet Estable del que una parte, unilateralmente, se negó a realizar los ensayos correspondientes a la preparación coreográfica de la obra”.

Por el mismo camino respondió el Ballet: “Nunca existió ningún grave incumplimiento por parte de miembros del Ballet, sino reiterados incumplimientos por parte de la Dirección del Teatro hacia la Compañía y a las obligaciones a su cargo”. Además, agrega: “Los miembros del Ballet Estable convocados cumplimos estrictamente con nuestro horario de trabajo, sin poder ensayar porque las autoridades no efectuaron las refacciones necesarias en el piso de las salas de ensayo y escenario para poder ejercer sin riesgo y con condiciones artísticas nuestra profesión”. Y denuncia que es falso que la producción se encuentre concluida y montada en el escenario. Al momento del comunicado de la Dirección, todavía estaba montado el programa anterior de ópera.

No es cierto  que la “producción se encuentra concluida y montada en el escenario”, como había afirmado el Teatro. Recién se comenzaría a montar en estos días, ya que hasta ayer estaba montado el programa anterior de ópera. “Es inconcebible que se hayan gastado 20 millones de dólares en la restauración del teatro y que el Ballet Estable deba reclamar que los pisos de las salas de ensayo y escenario son inapropiados para sus funciones; hasta el día de hoy ya son veinte los bailarines lesionados a causa de los pisos”.

“Respondieron a nuestro reclamo cerrando las salas de ensayo con candado y suspendiendo la temporada. No estamos reclamando algo sin fundamento, queremos bailar, esta es la profesión que elegimos, y amamos hacer esto. Nos quieren dejar como un grupito de agitadores”, se había quejado la primera bailarina Karina Olmedo.

Los más mediáticos también juegan.

Maximiliano Guerra: “Lo que está pasando en el Teatro Colón es un desastre. Un teatro no es lo que se ve, sino la gente que lo trabaja. El escenario tiene una madera que no sirve para bailar. Los talleres no están terminados. Los camarines no están terminados. Las salas de ensayo no están terminadas”.

Iñaki Urlezaga está considerando iniciar un juicio contra el Teatro porque le adeudan una función que el Colón suspendió y no pudo reprogramar. “No hay una deuda, acá hay un incumplimiento contractual que generó el Colón. Encima, sale a decir que Iñaki no baila en el Colón porque tiene una deuda”, denunció la hermana y manager de Iñaki, Marianela, en el programa de Mirtha Legrand. “Lo peor de todo es que me quitaron del historial del Teatro. Eso es una negación de mi trabajo. Para el Colón, no existo”.

Paloma Herrera no pudo reencontrarse con el Teatro que “tanto ama”. “No quería dejar de compartir con todos ustedes mi profunda frustración y tristeza por la suspensión de las funciones de El Corsario”

Los administrativos en el Centro de Exposiciones

Los administrativos, por su parte, están sin hacer nada encerrados entre rejas, sin computadoras ni teléfonos en el Centro de Exposiciones. Algunos ya dejaron de asistir y cuentan los días para que termine la gestión. “Hay gente que está sobrecargada de trabajo y otros que no hacemos nada”, se quejan.

Uno de ellos da su punto de vista sobre los sindicatos ATE (Asociación de Trabajadores del Estado) y SUTECBA (Sindicato Único de Trabajadores de Estado de la Ciudad de Buenos Aires): “Macri les intervino la Obra Social. Los enganchó andá a saber en qué, los intervino y después les devolvió la obra social saneada. El sindicato avaló las 278 personas que el gobierno dejó afuera. Eso hace que los trabajadores del Teatro se vuelquen a ATE, que busca corregir lo que los empleados del Colón buscan. Pero ATE tiene formas de protestas agresivas”. Los 278 trabajadores estables pasaron al Instituto Superior de la Carrera. Antes, 92 contratados de empleo público habían pasado al área de salud.

“No hay un número de personas que, desde arriba, puedan imponer para cada área, sino que desde abajo se dicen cuántas personas se necesitan”, explica resignado. Pero con el apoyo de 370 firmas de trabajadores del Teatro, la  justicia intervino y suspendió los traslados.

Así lo explicó García Caffi a Perfil: “Para la gran transformación tuvimos que solucionar uno de los principales problemas que tenía esta casa: la superpoblación de la dotación del personal”. “No hubo despidos, hubo traslados. Las escuelas, los hospitales, necesitaban ordenanzas, porteros, cuidadores”.

Así, Máximo Parpagnoli, delegado general del Teatro Colón: “se trata de un cambio impulsado por un ‘menemismo con menos neuronas’. Si la intención era reducir el personal de planta estable tanto Macri como García Caffi se basan en un dicho de Roberto Oswald, un prestigioso regisseur y hombre del riñón del teatro. Entre los 60 y los 70 el teatro tenía entre 850 y 900 personas. Pero algo que Oswald no les dijo, o que les dijo y no quisieron escuchar, es que en esa época había 900 estables, pero aproximadamente 150 contratados. En esa época la carga horaria de la gente era entre 8 y 10 horas diarias. Hoy la carga promedio es de 6 horas”.

En 2009, para poder llevar a cabo la temporada, el Director General del Ente Autárquico del Teatro, no tuvo más remedio que “convocar informalmente” al personal trasladado.

Posteriormente, en enero de 2010, a través de la Resolución 758, la gestión de Caffi puso en disponibilidad en el RAD (Registro de Agentes en Disponibilidad) a138 trabajadores del Colón, acto administrativo que precede al despido sin causa.

La Justicia impidió que se completara ese atropello y hasta el día de hoy, todos los trabajadores que optaron por volver a sus puestos en el Colón pudieron hacerlo.

Hacia mediados del 2010 comenzaron a llegar las intimaciones a la jubilación compulsiva a los trabajadores del Colón que tuvieran régimen de insalubridad y hubieran cumplido 55 años de edad. El conflicto estuvo a punto de estallar y las autoridades “suspendieron” las intimaciones

Un comunicado de ATE explica las pésimas condiciones de seguridad, salubridad e higiene y los manejos de la Obra social que nos contaba Jorge Pérez.

“También alarmaron a los jueces las condiciones de seguridad, salubridad e higiene de las locaciones extramuros del Teatro, en las que los trabajadores nos desempeñábamos. Ordenaron a las autoridades del EATC solucionar dicha situación. Hasta la fecha, las autoridades del Ente, sólo han cumplido el 20% de lo dispuesto por la justicia. El perjuicio ocasionado por las deplorables condiciones de trabajo ha llegado en algunos casos a provocar enfermedades respiratorias graves en compañeros del sector técnico, cuyo corolario perverso es que la OBSBA (obra social de la que los trabajadores de la Ciudad somos cautivos, administrada por el GCBA y el SUTECBA) se niega a dar el tratamiento correspondiente. En los talleres de la Nube se hacinan casi 200 trabajadores del sector escenotécnico, en una superficie cinco veces inferior a la que tenían en el Colón. Materiales como tinner, goma eva, viruta de telgopor, de acrílico y de madera y pintura al solvente, se mezclan permanentemente en el aire que se respira. En el Centro de Exposiciones la Superintendencia de la Policía Federal señaló en un informe elevado al juez, las graves y numerosas infracciones a las normas más elementales de seguridad laboral y prevención de incendios”.

Por eso, Parpagnoli asegura que, como pretende hacer García Caffi, intentar reducir el conflicto del Colón a un reclamo salarial es de una torpeza inusitada. Pero los siguientes números explican las quejas por salario: Un músico solista de la Orquesta Sinfónica Nacional, con 25 años de antigüedad cobra $11500; uno de la Orquesta Filarmónica o Estable del Colón, también solista y de la misma antigüedad, $5800. “La excusa para no aumentar parece ser que si no pueden despedir gente, los mantienen bajos”, denuncia el mismo jefe de cuerpo.

“Los compañero del Colón no necesitamos premios porque el jardín de infantes lo dejamos hace mucho tiempo”. Hasta febrero van a mantener en stand by las negociaciones salariales para sentar sus pautas y, exigir, sí o sí, que no innoven las jubilaciones y los traslados.

“Casi todos estamos llegando a edad jubilatoria. Entonces, van a producir un vaciamiento para ahorrar porque la jubilación la paga la ANSES, no el Gobierno de la Ciudad. Si a mí me jubilan, por ahora no hay nadie para reemplazarme”, cuenta un jefe de cuerpo.

Así es que, entre todo lo dicho, surgen algunas preguntas:

¿Será un ñoqui un artista ocupado repartiendo formularios en un hospital?

¿O será un ñoqui un diputado que supo faltar a 277 de 321 votaciones legislativas?

¿Será un ñoqui un bailarín lesionado por las malas condiciones del suelo del teatro?

¿O será un ñoqui quien promete gestión en vez de política y, encima, desmembra un teatro?