El Oportunista de siempre

Por Fidel Hernández, desde Mozambique

Como un gran goleador frente al arco rival, el Oportunista nunca deja escapar las chances que tiene. Cualquier error del rival o cualquier balón perdido es una tentación para mandar la pelota a la red; cualquier circunstancia o cualquier equivocación es una buena ocasión para ser funcional a las necesidades de pantallas y portadas. No hay excusas ni morales que sirvan para frenar el instinto del goleador. Con gran olfato, poco importa si es conciente o no de para quién juega: siempre al servicio de los discursos del éxito, siempre tirando paredes con los que se venden como vencedores. 

Al Oportunista le molesta Angel Cappa. Lo incomoda que critique el silencio del mundo del fútbol frente al hambre como crimen organizado. Lo perturba que siga insistiendo en que ganar no vuelve humana a la condición humana. Le desestabiliza su universo que afirme que jugar bien es tan útil como ser feliz. Lo fastidia que visite la ESMA y los barrios castigados por la exclusión. Lo harta que pretenda cuidar a la pelota como un padre lo hace con su hijo. Lo irrita que no se desnude frente al poder. Lo enloquece que, a diferencia de él, no considere que las ideas tengan que plasmarse sí o sí en el resultado. Lo pudre que no se modernice al doble cinco hegemónico. Lo enoja que crea en las ideologías. Lo saca de quicio que diga que el fútbol es alegría o no es nada.

El Oportunista levanta la cabeza y mira hacia dónde va la ola. Ya no es negocio tirarle flores al Huracán de Bolatti y de Pastore. Ya no es negocio porque escuchó a sus maestros repetir, una y mil veces, que el pasado nada vale y que las emociones son para los estúpidos. Ahora es tiempo de treparse a la moda y echarse a correr para no dejar escapar la posibilidad de gol. El Oportunista pica al show vacío, mancha de mierda la noticia y lanza un disparo en forma de exabruptos de Cappa a un árbitro. Poco conoce de enojos así porque nunca se la jugó por nada más que él mismo. Poco critica a los entrenadores obedientes porque el también vive acatando órdenes sin saberlo. El Oportunista visualiza otro hueco en el área y arranca a toda velocidad. Se cree capaz de opinar sobre todos los temas, incluso sobre los que desconoce. Ve venir la pelota y se relame. Juzga cuántos días se entrena y cuántos se descansa, sacando conclusiones sin que nadie se lo pida. Hace un enganche y se acomoda para el tiro. Inventa afeitadas de bigotes para no tener que cuestionar la lógica. La bola le queda mansita en el punto del penal.

El Oportunista tira y acierta. Es gol. Celebran los mezquinos y se abrazan los egoístas. Llueven papelitos en forma de titulares y de twitters. Cappa los mira fijo, se embronca con razones y sigue construyendo ilusiones de dignidades que no se entregan.

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